Opinión

Música de acordeón e identidad musical

Monumento a la caja, guacharaca y acordeón en Arjona / Foto: El Universal

Hablar en Colombia, hoy en día,  de “músicas de acordeón”, parece que tuviera una sola connotación: El Vallenato. Con este término general, se viene englobando todo aquello que ha surgido en la región caribe colombiana, interpretado con este instrumento de origen europeo, desconociendo la multiplicidad musical que de muchos años atrás, se ha construido en los diversos departamentos del litoral atlántico, y que sus gestores han diferenciado desde sus inicios.

¿A qué podemos atribuir este fenómeno?

Colombia es una suma de regiones y subculturas que nadie puede desconocer olímpicamente. Los colombianos estamos en una misma cama, pero cobijados de manera diferente. Empecemos por hablar de las regiones en que estamos divididos: 1. Región Caribe; 2. Región Andina; 3. Región del Pacífico; 4. Región de la Orinoquía; 5. Región de la Amazonía, y 6. Región Insular.

Entre todas existen lazos comunes, pero al interior de las mismas, también hay diversidad de un departamento a otro, o de una sub-región. Para entender mejor esta premisa, vayamos a un ejemplo con la música. El Bambuco, aire muy típico de la región andina, no es propiedad sin embargo, de alguno de los departamentos que la integran. Los antioqueños no podrán aducir que es de ellos, ni los tolimenses o santandereanos, caucanos, nariñenses o vallecaucanos. Cada lugar tiene su propia forma de interpretar, componer y cantarlo, y nunca han pensado en apodarlo a su manera y apoderarse del mismo.  El bambuco, el torbellino, la guabina, los valses, los pasillos, son patrimonio de toda una región y no de parte de ella.

Caso contrario es lo que los colombianos estamos viendo, con la masificación de la llamada “música vallenata”, ejecutada en acordeón y otras veces con guitarras. A la “Cacica”, doña Consuelo Araújo Noguera, le dio la ventolera de pontificar sobre las llamadas músicas de acordeón, que se ejecutan desde tiempos ancestrales en la región caribe, y en un libro que publicó a comienzos de la década del 70, titulado “Vallenatología”, hizo una clasificación arbitraria, y a su manera, de todo aquel legado que viejos juglares y músicoshabían compuesto durante años, sin ponerle apelativo alguno. Durante años de historia, en todos los departamentos del caribe colombiano, nacieron cumbias, porros, paseos, merengues, sones, puyas, chandés, pajaritos, tamboras, bullerengues, paseaitos, charangas y cantidad de aires paridos en las entrañas populares; fue todo un acopio de ritmos, que eran ejecutados con acordeones de botones, con gaitas, flautas de millo, guitarras, etc.

Apoyada en su núcleo de poder político, social y artístico, se dio a la tarea de “sentar cátedra”, acerca de lo que era y no era parte del folclor de su región, es decir, del entorno geográfico donde se asentaba el Valle del Cacique Upar (Magdalena, Cesar y Guajira), y, según ella, todo lo que se tocaba en acordeón sería llamado Vallenato, y serían solo cuatro aires: Son, Paseo, Puya y Merengue. Lo que hacía en otras regiones, como en la Sabana (Sucre, Córdoba, Bolívar y Atlántico), sería considerado como un apéndice de lo que se producía en su región. Entonces, inventó los términos “Vallenato sabanero” y “Vallenato bajero”. Los demás ritmos existentes, fueron desconocidos de tajo, y todo el que quisiese interpretar los aires por ella enunciados, deberían someterse a su mirada inquisidora. Fue bajo estos parámetros, como surgió el denominado Festival de la Leyenda Vallenata, que se lleva a cabo en Valledupar a finales del mes de abril cada año.

Cuan interesante resulta recordar, que si por Riohacha ingresaron acordeones a Colombia, que luego fueron ejecutados por hombres que se entusiasmaron con las notas sacadas del fuelle de estos instrumentos, esto no solo fue privilegio de los nacidos en esta región de Colombia, pues la historia describe que por Cartagena llegaban productos importados desde el puerto de Bremen (Alemania), entre ellos telas y acordeones que eran permutados por tabaco producido en la población de Ovejas (Sucre).

De igual modo, existen evidencias que en Cartagena hubo instructores europeos que enseñaban cómo tocar con acordeón, polkas, valses, mazukas y aires propios de ese continente. Estos primeros alumnos, con posterioridad, introdujeron en su pentagrama musical, los aires propios de la sabana, que ya existían, y se ejecutaban con gaitas y flautas de millo. Ellos, los sabaneros, han tenido su propio folclor, y no se les puede colocar por debajo de nadie. Que ha habido influencia de parte y parte, nadie discute eso. En la Sabana los conjuntos de acordeón que se conformaron en sus inicios, además de este instrumento principal, lo acompañaban con bombo y redoblante, a diferencia del Valle de Upar, donde con el correr del tiempo, le agregaron caja y guacharaca. Luego de una visita de Abel Antonio Villa a Sincelejo, con ese formato típico, los sabaneros eligieron esos otros instrumentos como acompañantes en la percusión.

Fueron músicos sabaneros, como Aníbal Velásquez, Carlos Román, Lisandro Meza, Alfredo Gutiérrez, Calixto Ochoa (aunque nacido en Valencia de Jesús), le introdujeron elementos a sus grupos, que los hicieron saltar de la parranda común y corriente, a otros escenarios, dándole más sabor con timbales, bajo eléctrico, bombardino, coros, lo cual vino a incidir para que los Vallenatos los acogieran. Ése es el fenómeno de actualidad. Los conjuntos provenientes del Valle de Upar entendieron que esos cambios eran indispensables, para lograr mejores resultados, tanto en lo artístico como en lo económico. Así fue como irrumpieron el Binomio de Oro, Los Hermanos López, Los Hermanos Zuleta, etc.

Partiendo del hecho real que Valledupar se apropió y le puso nombre genérico a varios ritmos que se tocan en acordeón, debemos entender que no por esa razón, no se debe respetar los de otra región, pues en emisoras y canales de televisión pasan con frecuencia grupos musicales que tocan de todo, vallenatos y no vallenatos, por ignorancia o por comercio, se les tilda por igual. El músico sabanero, además de ejecutar con maestría los cuatro aires del Vallenato, con su estilo y sello particular, son más prolíficos en sus grabaciones y producciones. Los sabaneros han obtenido títulos como Reyes en Valledupar (Alfredo Gutiérrez, Julio De la Ossa, Eliécer Ochoa, Freddy Sierra, etc), lo cual no ha ocurrido con los Vallenatos que no van a Sahagún o Sincelejo a participar allí.

Alfredo Gutiérrez se coronó Rey Vallenato en 3 ocasiones, y le inventaron una cláusula para que no fuese Rey de Reyes. Él toca al estilo sabanero y al estilo vallenato, cuando le da la gana, porque es un músico completo. En Valledupar para ganar, hay que acomodarse al estilo local. Por ejemplo, al maestro Felipe Paternina, nunca lo dejaron triunfar, a pesar de su enorme calidad. Yo les invito a que entren a Youtube y busquen así: Felipe Paternina y Mañe Bustillo – La Margentina. Y luego el mismo tema interpretado por Los Hermanos López y Jorge Oñate. Ambos excelentes. ¿Cuál es la diferencia? Que el sabanero tiene una nota sentada, o sea que sus dedos permanecen oprimiendo los botones del acordeón un mayor tiempo que los vallenatos; en cambio éstos acuden mucho a la nota picada, es decir pican rápido sobre los botones del instrumento musical. (Escúchenlos y se darán cuenta).

Hay músicos que sostienen que “la diferencia entre aires sabaneros y vallenatos, estriba básicamente en que los sabaneros respetan la cuadratura musical, en cambio la mayoría de los vallenatos hacen compases impares de 5 y 7 nones, algo que no encaja perfectamente en los cánones musicales”.

De todos modos, la ignorancia,  acompañada de la manipulación de las casas discográficas, han venido haciendo mella y causando estragos en los gustos musicales de los oyentes colombianos, y del exterior ni se diga. Todo ello corresponde a unos lineamientos políticos y económicos, trazados desde altas esferas, que el común de la gente no alcanza a percibir, que se enmarcan dentro de la denominada “globalización”, la cual abarca todos los aspectos concernientes al ser humano.

Los aires o ritmos típicos tradicionales, o los denominados folclores nacionales, poco a poco se han ido extinguiendo, para permitir ritmos, o más bien fusiones, donde no se sabe qué es lo que interpretan las agrupaciones. Por ejemplo: la música del Caribe (Cuba, Puerto Rico, República Dominicana, etc), tan extensa y tan variada, con aires como el Son cubano, la Bomba, la Plena, la Guajira, el Mambo, el Merengue, el Cha Cha Cha, el Boogalú, la Pachanga, la Charanga, el Danzón, etc, ya no se les llama por su respectivo nombre, sino que la industria discográfica, obedeciendo a unas disposiciones en marcha, se inventaron un solo nombre que agrupe todos esos ritmos y los fusione: Ahora se les llama ¡SALSA! Ni más, ni menos.

Algo similar está ocurriendo en Colombia. Cada día se extinguen los aires ricos y variados de nuestro extenso folclor colombiano, y, ante todo, aquellos géneros bailables que no pasan de moda, como son los del trópico colombiano. Primero desconocieron los aires sabaneros (que son muchos), y se inventaron un solo género para agruparlos a todos: VALLENATO. Lo que en un principio era un bello folclor, lo han venido descuartizando. Vino una oleada de despecho y lloronato, que puso a media Colombia, a seguir tras de sus huellas. Proliferaron los llamados Conjuntos de Lloronato, con la complicidad de las casas discográficas, que solo permitían este tipo de canciones despechadas, para vender sus productos en todo el interior del país y parte del exterior. A ello debemos agregar la llamada “Payola”, pagada por mafiosos o negociantes en diversas emisoras, para que se escuchasen sus cantos y saludos. No voy a ignorar, que surgieron voces y canciones bonitas, dentro de ese estilo de baladas (y guascas también), tocadas en acordeón, que fueron muy bien promocionadas, hasta hacer creer que ese era el folclor vallenato y sabanero. En algunas regiones como en el Valle y Antioquia, se les comenzó a llamar con acierto: Valle-Jartos.

Ahora hemos entrado en otra época diferente, donde las plañideras están siendo dejadas de lado, para dar paso a la llamada Nueva Ola. Aquí cada cual coja por su lado, pues comienzan a toda máquina, y no hay quien los detenga, y ni siquiera saben cuál aire o ritmo es lo que tocan, sino lo importante es que la gente brinque y se divierta, aunque nunca esas canciones trasciendan. Esta es la triste realidad de lo que está aconteciendo en Colombia y en el mundo entero. El dinero es el que manda la parada, y lo que hagamos por revivir nuestro bello folclor, no pasa de ser una quijotada.

 

Alejandro Gutiérrez De Piñeres y Grimaldi

Ocaña, mayo 30 del 2015 

Sobre el autor

Alejandro Gutiérrez De Piñeres y Grimaldi

Alejandro Gutiérrez De Piñeres y Grimaldi

Reflector

Gestor cultural y comunicador, Alejandro Gutierrez De Piñeres y Grimaldi expone en su columna “Reflector” anécdotas y sentimientos valiosos acerca de la Cultura Vallenata y el mundo de hoy. Un espacio idóneo para la reflexión y la memoria.

3 Comentarios


Ricardo A.Dominguez Guerrero 29-10-2016 11:52 AM

Excelente y veraz análisis..! Felicitaciones..

Ricardo A.Dominguez Guerrero 29-10-2016 11:52 AM

Excelente y veraz análisis..! Felicitaciones..

Ricardo A.Dominguez Guerrero 29-10-2016 11:53 AM

Excelente y veraz análisis..! Felicitaciones..

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