Opinión

Cultura y Educación: un cambio para armonizar la convivencia

Marianne Sagbini

17/06/2015 - 07:10

 

La región del Cesar se ha caracterizado por su inmensa riqueza en recursos naturales, como también por el valor de su gente, que en su corazón arraigan la nobleza del campesino, que ama la tierra, que armoniza con su patrimonio de fusión con su entorno.

Su crecimiento demográfico justifica la aparición de nuevas estructuras sociales, es así como aparece la necesidad de crear nuevas fuentes o esquemas de supervivencia; ahí aparece la academia aportando posibilidades de insertarse al campo laboral, humano, social, administrativo, investigativo, creativo, estructural para crear una vida más competitiva e insertarse a la globalización.

La creación de estamentos que dignifiquen el potencial humano, deben venir acompañados de procesos integrales, fortalecedores de la estructura científica, mental, emocional con valores, principios morales, éticos, acompañados de humanización, sensibilización, bajo la comprensión humana.

Colombia está afectada por un desmoronamiento moral, donde la indolencia, la indiferencia, la amoral, la falta de conciencia, (todos valores y principios éticos han colapsado), la descomposición social, viene acompañada de una  en una violencia sin límites o violencia estructural, debido a que ha erosionado todas las esferas de la comunidad en todos sus comportamientos.

Tenemos un Gobierno encaminado a buscar soluciones materiales, de primer orden,  donde el juzgamiento, la crítica, la censura, la competitividad apuntan a resultados que no funcionan; sencillamente porque no se enfocan en la acción hacia el recurso humano como ser, como transformador de realidades. Porque, cuando hacemos un diagnóstico, vemos que es una población emocionalmente resentida, dolida, angustiada, frustrada, sistemas que no funcionan, cadena de valores en desacomodo. ¿Cómo voy a recibir una vivienda que me ofrece el Gobierno, cuando tengo unos servicios inconsecuentes con las realidades (falta de equidad), cuando el trabajo es mal valorado (falta de valores), cuando los procesos para los accesos son lentos y difíciles (falta de políticas de confianza)?

Además de las necesidades materiales, físicas, de salud, debemos alimentar nuestro espíritu, nuestros valores éticos y morales (no soy atea, ni hablo de religión), quiero decir la confianza, la verdad, la justicia, la hermandad, la tranquilidad, la dignidad, el respeto, el compromiso, la palabra, la coherencia y tantos más. El pueblo está  en la más triste opresión humana y sin poder hablar, sin poder expresarse, porque hace un tiempo atrás nos dejaron un legado: las empresas provenientes de la delincuencia (víctimas y victimarios). Hoy continuamos alimentando el mismo esquema, los que han sido víctima y lo siguen siendo, y los que se victimizan porque no encuentran soluciones reales, tienen que acudir a la falta de valores para sobrevivir.

Nada justifica los medios, ¿pero qué país estamos construyendo? ¿En qué país estamos viviendo? Cuando los pueblos colapsan, somos capaces de reinventarnos, porque las soluciones que teníamos ya no funcionan, es cuando el Ser humano engrandece su espíritu para fortalecer su conciencia y actuar a mejorar lo que antes creía que era lo único que le pertenecía.

Hoy hacemos un llamado a todos los seres humanos que habitan en nuestros sentires, para que un corazón nuevo lata en nuestro cuerpo, con el coraje de aportar nuevamente esa sensibilidad humana que nos permite la coexistencia y la convivencia a la que todos dignamente merecemos llevar, sin afectar a los demás, edificando una supervivencia y una calidad de vida sana.

 

Marianne Sagbini

 

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