Opinión

40 años de la muerte de la Vieja Sara

José Atuesta Mindiola

18/06/2015 - 06:20

 

Sara María Salas Baquero

Todavía en la memoria del paisaje vallenato permanece el sombrero de Simón colgado  en una rama de peralejo y en la noche el viento sonoro repite el eco de dos voces que llaman a la vieja Sara. 

Estas  referencias poéticas de Rafael Escalona identifican al idílico pueblo de El Plan, un rincón vegetal de La Guajira, donde vivió la mayor parte de su vida la matrona de las dinastías  Zuleta y Salas, Sara María Salas Baquero.

Sara María, nace en la Jagua del Pilar el 9 de agosto de 1892, sus padres Francisco Baquero y Santa Salas. No tuvo oportunidad de ir a la escuela y desde la infancia desarrolla habilidades para los oficios campestres. Antes de cumplir 20 años tuvo un romance con Cristóbal Zuleta y  nace Emiliano Zuleta (1912).

El amor conyugal fue pasajero,  y se  va con su hijo buscando la protección de sus padres, que ya vivían en El Plan; en ese lugar apacible espera con paciencia sanar las heridas del corazón y encuentra el hombre de su vida, Rafael Araujo, con quien tuvo a Rafaela del Rosario, Santa, Andrés, Encarnación, Toño, Matilde, María, Carlos y Mario.

De estos nueve hijos, el único que se firmó Araujo fue Encarnación. Los demás se firmaron Salas. Pero caso curioso, fue el de Emiliano,  que  se firmaba  Zuleta Baquero. Un día le pregunté por esto,  y me respondió: “para un auténtico verseador como yo, es más sonoro, Zuleta Baquero que Zuleta Salas”. 

La casa de la vieja Sara María y su prole, y en especial la presencia de sus dos músicos, Emiliano Zuleta y Toño Salas, se convierte en posada generosa para las parrandas; Rafael Escalona, Poncho Cotes y Andrés Becerra fueron algunos, de los tantos visitantes puntuales, considerados miembros de la cofradía. 

La imagen de la vieja Sara para sus parientes, amigos y paisanos que tuvieron la fortuna de conocerla es la de una mujer dadivosa, festiva, amigable y de carácter firme y claridosa en las palabras. Pero, también muchos recuerdan su vocación  y su perseverancia en la fe para liderar las festividades de la Virgen del Carmen y de Corpus Christi, y su profano talente para improvisar versos en las parrandas de sus hijos, como aquel que improvisó antes la sorpresa por la llegada de Escalona a El  Plan, cuando se había corrido la noticia de su muerte en Valledupar: “Ya llegó el ausente al puerto/ y tierra firme pisó / ya veo que resucitó/ el que nombraban por muerto”.

Otro verso famoso-que guarda en sus archivos la profesora Marielsy Zequeira- fue el que cantó en 1974, con motivo de la visita del gobernador de La Guajira: “Estoy vieja y quiero cantar/ les canto de corazón/ le pido al gobernador/ una planta para El Plan”.  Infortunadamente no alcanzó a ver cumplida su petición, porque la muerte la sorprendió el 17 de junio de 1975, día en que se preparaba para la celebración de Corpus Cristi.  El Padre Armando Becerra ofició en El  Plan la misa del funeral. Su hija María,  que también verseaba, juró en homenaje a su madre no volver a cantar.   

 

José Atuesta Mindiola

Sobre el autor

José Atuesta Mindiola

José Atuesta Mindiola

El tinajero

José Atuesta Mindiola (Mariangola, Cesar). Poeta y profesor de biología. Ganó en el año 2003 el Premio Nacional Casa de Poesía Silva y es autor de libros como “Dulce arena del musengue” (1991), “Estación de los cuerpos” (1996), “Décimas Vallenatas” (2006), “La décima es como el río” (2008) y “Sonetos Vallenatos” (2011).

Su columna “El Tinajero” aborda los capítulos más variados de la actualidad y la cultura del Cesar.

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