Opinión

Diarios de viaje (2): No sé…

María Jimena Padilla Berrío

24/06/2015 - 06:10

 

El tan famoso “no sé Ernesto, no sé”, se quedó en pañales al lado del "no sé" colectivo de los panameños, que parecía más una enfermedad que un despiste, y que terminó por convertirse en nuestra peor pesadilla, la peor de todas las bromas jamás antes vistas.

Todavía no sabemos si en realidad no sabían, porque nos parece inverosímil que nadie sepa nada, pero bueno, el caso es que fuimos víctimas en reiteradas ocasiones del susodicho “no sé”. El primer aterrizaje de emergencia nos tocó hacerlo el mismo día de la llegada cuando, en medio del hambre nocturna y las ganas de comernos el mundo, todos se empeñaron en responder “no sé” cuando preguntábamos por un lugar donde comer.

El celador de un pequeño mall cercano al hotel fue el único que, en medio de su espíritu de guía turístico, nos dio algunas indicaciones, aunque precarias. Al final, por la falta de lugares abiertos para mal alimentarnos, decidimos optar por una de las opciones que nos dio nuestro guía improvisado, y nos fuimos para Albrook, donde encontramos una alta oferta de lugares para, efectivamente, mal alimentarnos. Escogimos, entre todos los lugares, el del pollo pío, o algo así. A decir verdad, lo mejor de la comida era el jugo, y eso que sabía a frutiño de baja calidad. Al final logramos nuestro cometido: mal alimentarnos.

La señora que nos atendió no nos hizo buena cara, incluso nos terminó regañando porque no entendimos un léxico muy sencillo cuando nos decía insistentemente “pakí”. Nosotras, que no lográbamos entender qué quería decir, nos miramos con cara de desconsuelo al no saber cuál era el tema de la conversación. Después de mirarnos feo, y de pegarnos un grito, comprendimos que nos estaba preguntando si era para llevar o “pa’ aquí”.

Resignadas ya al primer regaño de una cadena de desencuentros, empezamos entonces a deambular por el famoso Albrook mall. Como buen centro comercial, la única diferencia con los de siempre es que era algo más grande, y la promesa de mayor variedad a mejores precios. Aunque a decir verdad, en mi afán por encontrar algo nuevo que me descrestara, terminé resignada a repasar y repasar las mismas cosas de siempre…

Y ni hablar de la excelencia de los “puntos de información”, estoy segura que debían ser muy buenos, lo malo fue que no pudimos encontrar uno solo, ni siquiera en la súper terminal “Nacional” de transportes. Pero seguramente, de existir, no dudo un solo segundo de la buena calidad de la información. Eso sin contar con las facilidades que le ofrecen a los turistas, ¿para qué necesitamos que alguien nos dé información precisa cuando ofrecen servicio de wifi por doquier?, el problema es que tampoco supimos buscar, porque por ninguna parte, ni en Albrook mall, ni en la Terminal, ni en nada encontramos wifi que sirviera. A duras penas en el hotel.

Y sin embargo, pese a las dificultades, supimos sortear lo que la intuición, acompañada de un mapa incompleto que compramos, y uno que otro dato que recordábamos de nuestras búsquedas previas en lugares con wifi, nos decía. Volvimos a enfrentarnos al “no sé” cuando en la terminal de transportes nadie nos daba razón de rutas para ir de paseo, o peor aún, cuando ni siquiera, en la terminal de transportes de la  “Dubai de Suramérica”, había un mapa disponible para el turista.

Llegamos a ese punto en el que uno termina por resignarse y no preguntar más, para pasar a ese estado en el que nos reíamos con cada desgracia, y de las desgracias ajenas también, ¡por supuesto!

Nuestra primera víctima fue un pobre que no hablaba español, que en el momento justo en el que nosotras nos acercamos a un cubículo de mala muerte donde supuestamente “guiaban” al turista, llegó y les habló en portugués, como no le entendieron les habló en inglés, para finalmente terminar derrotado e irse sin siquiera haber sido entendido. Nosotras, que llevábamos horas tratando de que nos dieran información, sentimos lástima del pobre porque, aunque quizás él no lo comprendía del todo, sabíamos que estaba fulminantemente perdido en aquel lugar. Si nosotras, que habíamos fracasado en el intento de que nos dieran información, aun hablando el mismo idioma, no pudimos lograr una guía; no queríamos imaginarnos qué le deparaba el destino a aquél pobre.

En adelante, fuimos víctimas de nuestros propios inventos una y otra vez, al punto que ya ni siquiera sabíamos a dónde iríamos a parar en medio de la aventura improvisada que llevábamos a cuestas. Pero bueno, “de todo se ve en la casa del señor”, dicen por ahí, y efectivamente, de todo nos pasó…

 

María Jimena Padilla Berrio

@MaJiPabe 

La Primera parte: Puede consultar la primera parte de este relato de viajes de María Jimena Padilla en este enlace.

Sobre el autor

María Jimena Padilla Berrío

María Jimena Padilla Berrío

Palabras Rodantes

Economista de la Universidad Nacional de Colombia, cuasiabogada de la Universidad de Antioquia. Soñadora incorregible, aventurera innata, errante. Guajira de cuna, crianza y corazón, ama su cultura como al coctel de camarón. Investigadora, melómana, cinéfila y bibliófila. Su mayor placer es deslizar un lápiz sobre un papel.

@MaJiPaBe

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