Opinión

El juego de ajedrez de la Paz y la Guerra

Eber Patiño Ruiz

07/07/2015 - 07:00

 

Colombia es, sin duda, una gran tabla de ajedrez, donde se juega desde hace más de una centuria una partida en la que las fichas blancas representan la paz y, las negras, la guerra.

Esta lucha por el poder, es un vicio heredado de los primeros días de la república romana, que hasta nuestros días tiene el mismo impacto mediático y será al fin de cuentas, la misma razón por la que el gran imperio cayó en desgracia y en el que nuestros gobernantes no miran en retrospectiva, sino que sueñan con enmendar sus errores con paños de agua tibia, mientras que la guerra bulle en cada rincón de esta patria dolida y a punto de expirar.

En este juego de estrategia donde el reino de los blancos quiere ganarle al reino de las fichas negras, cada avanzada trae consigo muerte, dolor, desarraigo, odios e inquinas mutadas en varias generaciones, que hoy vivimos las mismas opresiones, persecuciones y castigos de comienzos del siglo XIX con la gran guerra civil, por restaurar un poder del que nadie tenía media  idea de cómo manejar, sólo guiado por los errores del viejo mundo europeo que exportó sus guerras ideológicas a nuestro territorio.

Un juego de ajedrez donde los peones siempre han sido la clase obrera explotada y vilipendiada, y la que ha sufrido en carne propia esta confrontación de poder de la que es ajena y en la que nada tiene que ver, solo tratar de sobrevivir en sus pequeñas parcelas labrando la tierra para vivir de sus frutos.

Pero los alfiles del juego, representados por los políticos que se mueven al vaivén de sus intereses, tienen la capacidad de estar sentados con Dios y con el diablo en la misma mesa, de ser los defensores de la Constitución y la ley, a ser los opresores y verdugos de la justicia. Cada movimiento de estos alfiles está meticulosamente estudiado, no dan un paso al frente sin saber dónde será la siguiente movida. Tienen poder en el juego, y como no, si el Senado y en las mal llamadas altas cortes, estudian meticulosamente la estrategia de ataque para no ser eliminados del juego sin antes llevarse por delante al que se interponga en su camino como bien está regido por el reglamento el alfil.

Y si de fichas claves se habla, los caballos en el juego son muy importantes porque nada como un buen jinete llevando las riendas de un buen semental, que en esta partida del juego tiene nombre propio: las fuerzas militares, amparadas por la Constitución para salvaguardar las fronteras y mantener el orden civil, pero esta ficha siempre ha sido mal utilizada porque no se explica que Colombia tenga más de 400 mil uniformados (policía, armada, fuerza aérea, ejército, carabineros etc.) y en el terreno de juego no se vea su fuerza contra unos cuantos miles guerrilleros que está apertrechados en las montañas, y apoderados de vastas regiones que no se dan por enterados de que existen en sus propias narices.

Un ataque subversivo es visibilizado solo cuando atacan los peones de las FARC o el ELN, mientras las tropas pasan inadvertidas y nadie sabe a ciencia cierta cuánto es el presupuesto de guerra destinado disque a combatir al enemigo, cuando en otros tiempos, los paramilitares y la fuerza pública eran uña y mugre con el discurso de que había que acabar con la guerrilla, y una política de gobierno llamada Seguridad Democrática que lo único que hizo fue tratar de tapar con un dedo el sol y resultó ser más terrible el remedio que la enfermedad, que hizo metástasis en todas las ramas del poder público, que ninguna quedó por fuera de este cáncer putrefacto que corroyó a Raimundo y todo el mundo.

Un juego de ajedrez que pareciera no tener fin, una estrategia equivocada de las dos partes por creer que cada uno ganará la partida.

Pero la realidad de esta estrategia es que las fichas blancas (gobierno) le apostaron a salir al paso con una jugada maestra llamada paz, para no continuar con el juego aburrido de medio siglo de avatares. Las fichas negras (guerrilla) sin abandonar su filosofía, de que las armas los llevarán al poder y sentados en el poder las mismas armas los seguirán defendiendo para no perder ese poder, decidieron hacer una tregua y quedar en tablas, como se conoce en el argot del juego (ninguno pierde ni gana) pero la realidad estaba bajo el color negro que tira la piedra y esconde la mano.

Como las condiciones del juego estaban en la mesa, para no seguir atacándose, los árbitros presentes vieron con buenos ojos el gesto del cese unilateral del fuego, y ese fue el erro, en una confrontación siempre debe haber quien gane y otro quien pierda, y ese lado no entendido de perdón y olvido, de justicia y reparación, beligerancia y reconocimiento igualitario de poder político, es la tormenta que se observa desde el faro de la torre, y el que ilumina a los peones para que no pierdan el rumbo y desde la tribuna alta, propia del ágora romana, alfiles incendiarios y caballos briosos jugaron a la defensa del reino avanzando en solitario, convirtiéndose a los ojos de los negociadores en los enemigos del acuerdo.

Nada más alejado de la realidad que confiar en el enemigo, dormir con el León y creer que a la mañana siguiente no será devorado por su instinto de mantenerse con vida.

Hoy las fichas negras tienen en jaque a las blancas, no es sino hacer la lista de las jugadas macabras que ha realizado en solo un mes: varios atentados a la infraestructura petrolera, energética, vial. Como resultado una mancha negra en los ríos, sin fluido eléctrico varios departamentos, de igual manera incomunicados por carretera; ataques terroristas en la capital, emboscadas a la policía y el ejército, por nombrar solo unas cuantas que tienen de espaldas al gobierno nacional y presionado a seguir jugando al bueno del paseo.

Esta es la prueba reina de que no hay voluntad de las fichas negras de cambiarse de color, ni cambiar de juego, solo fue una pausa para organizar el tablero y dejar claro que en el juego sólo hay lugar para un ganador y no un empate técnico, y el perdedor debe aceptar su responsabilidad.

En definitiva Colombia y todos los peones que la conformamos estamos peor ahora que cuando empezó el juego y falta un largo y doloroso camino que nadie sabe a ciencia cierta a que jugamos si al ajedrez o al domino; al parqués o al naipe; al billar pool o tres bandas, al traga monedas o esperar que la tortuga le gane a la liebre y la guerrilla mientras tanto nos haga conejo.

 

Eber Patiño Ruiz  

@Eber01 

Sobre el autor

Eber Patiño Ruiz

Eber Patiño Ruiz

Hablemos de…

Eber Alonso Patiño Ruiz es comunicador social, periodista de la Universidad Católica del Norte Sede Medellin, Antioquia. Su gran pasión es la radio y la escritura. Tiene dos novelas terminadas y una en camino, un libro de cuentos y otro de historias fantásticas; tres libros de poesía: Huellas, Tiempos y Expresión del alma.

@Eber01

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