Opinión

El centro del miedo

Carlos Cesar Silva

15/07/2015 - 06:55

 

Centro histórico de Valledupar / Foto: Carlos Cesar Silva Después de muchas discusiones literarias y adversidades financieras, el viernes 28 de febrero de 2014 abrimos las puertas de Tlön, un bar cultural ubicado en la calle 15 N° 6-54, a cinco casas de la legendaria Plaza Alfonso López.

A mi hermano Guillermo Luis Silva, a Fredy Calderón (un amigo entrañable que fue determinante en la creación de nuestro mundo) y a mí nos condujeron a emprender este proyecto dos cosas: el amor empedernido por el arte y el interés de apostarle a la recuperación y promoción del Centro Histórico de Valledupar. Sin excluir, obviamente, el ánimo de lucro que nos guiaba como microempresarios.

No obstante, teníamos miedo. Sí, aunque poníamos cara de satisfacción y seguridad ante los demás, teníamos miedo. Varias preguntas carcomían nuestros sesos: ¿Tendrá aceptación este espacio alternativo que combina cultura y rumba? ¿Lograremos posesionarlo como una marca sin importar que se encuentre situado en una zona olvidada? ¿Será que aguantamos el primer año de trabajo?

La valentía es la confrontación de los temores existentes. Con tenacidad y capacidad autocritica, conseguimos hacer de Tlön, en menos de seis meses, un mundo camaleónico, único. Artistas, periodistas, extranjeros, universitarios y todo tipo de personas se apoderaron de este espacio. Rápidamente fueron cautivados por una agenda que incluye presentaciones musicales en vivo, exposiciones de pintura, conversatorios sobre arte, recitales poéticos, lanzamientos de libros, entre otras cosas.

Hoy, más de un año después de la inauguración, contamos con el apoyo de muchas personas que visitan y promocionan a Tlön. Claro, Tlön es un mundo real, mejor dicho, es un mundo imperfecto. A veces tenemos algunos inconvenientes de administración, de logística, de ventas, de asistencia a los eventos, nada extraño en un proyecto que está en constante evolución.

La perfección está en la imperfección. Sabemos (ahora solamente hablo de mi hermano y de mí, Fredy abandonó el barco antes del año) que hay obstáculos inherentes a nuestro trabajo que toca sortear. Sin embargo, aún hay algo que nos ocasiona miedo, mucho miedo. Estamos consolidando un concepto, un destino, un ambiente para la cultura y la rumba, pero el entorno de Tlön amenaza con impedir cualquier crecimiento empresarial de este tipo.

El sábado 20 de septiembre de 2014, siendo más o menos las nueve de la noche, uno de nuestros clientes se estaba fumando un cigarrillo a pocos metros de la entrada del bar. No había más nadie en la calle y la falta de iluminación pública generaba un contexto lúgubre. De repente apareció un muchacho en una bicicleta, apuntó al cliente con un revolver viejo y le sacó el celular del bolsillo. A comienzos de 2015, un primo y una muchacha que laboran con nosotros estaban en la Plaza Alfonso López comprando comida. No eran todavía las ocho de la noche, pero el sector empezaba a quedar sólo. Cuando nuestros compañeros regresaban al bar, dos hombres en una moto los abordaron en la esquina oscura de la carrera 6 con calle 15. El parrillero se bajó con un puñal en la mano, los miró con violencia y les arrebató los celulares y las pizzas de la cena.

Hace apenas dos semanas, durante la madrugada del martes 30 de junio, aprovechando que Tlön estaba cerrado y sin guardián, desconocidos transitaron por los patios de las casas vecinas (cuyas divisiones fueron derrumbadas por los golpes del olvido), llegaron hasta el patio Orbis Tertius del bar, tumbaron la puerta trasera y se llevaron dos televisores LCD, una consola de sonido, dos micrófonos, una licuadora y casi dos millones de pesos en licores.

Nunca nuestros clientes y artistas han dejado de apoyarnos, pero tenemos miedo que el abandono y la inseguridad finalmente triunfen. El miedo a habitar, a caminar, a invertir se apodera del Centro Histórico. Al Café Plaza Mayor, que está ubicado en frente de la Plaza, en diciembre de 2014, también se metieron a robar derribando la puerta del patio: las pérdidas fueron de unos diez millones de pesos. A Palenke Bar, que queda en la carrera 5 N° 13C-52, trataron de meterse a robar de la misma forma, pero no pudieron tumbar la puerta. Tres instructores de inglés del Sena, provenientes de Canadá, Australia y República Checa, a eso de las tres y media de la mañana de un domingo, luego de salir de un bar de la zona, fueron atracados a pocos pasos de Provincia Hostal (Calle 16ª N° 5-25), donde estaban hospedados.

En los últimos dos años se han efectuado muchos robos a establecimientos y a personas en el Centro Histórico. Varios en el día, pero la mayoría en la noche. Nosotros consideramos que esto se debe a una pluralidad de factores: insuficiente presencia de la policía, poca iluminación, casas abandonadas e indigentes que se apoderan de las calles.

En el 2012, mediante un estudio que hizo parte del llamado Plan Integral de Seguridad para Valledupar, cuyo propósito es garantizar la tranquilidad ciudadana con el aumento de pie de fuerza y programas sociales y educativos, el gobierno municipal diagnosticó que el Centro es uno de los diez barrios más peligrosos de la ciudad. Resulta imposible negar que la policía, a través de rondas de vigilancia y un CAI móvil que estaciona en la Plaza con un sólo agente, intenta ofrecernos seguridad, pero los hechos demuestran que se debe hacer un esfuerzo mayor: el Centro Histórico requiere de la presencia estratégica de más uniformados.

Además es fundamental mejorar el entorno. Necesitamos que llegue la luz y ojalá que sea LED. La oscuridad es cómplice de los delincuentes. Por ejemplo, la falta de iluminación ha convertido al Parque de las Madres en el espacio perfecto para la venta de estupefacientes. De igual forma se debe buscar una solución para las casas abandonadas, las cuales, además de estar desplomándose, se prestan para que los maleantes anden por sus patios husmeando lo ajeno. Por otra parte, hay que generar una política pública para asistir a los indigentes, quienes son una muestra de la deshumanización de la ciudad: consumen drogas en las calles, se roban las lámparas y convierten las aceras y las puertas de las casas en inodoros.

Sí, urge una solución amplia. El crimen se debe prevenir con inversiones en educación, salud, empleo, infraestructura, tecnología policiva, no con discursos, porque los meros discursos, aunque suenen bonito, no sirven. Nosotros también debemos buscar la forma de autoprotegernos dentro del marco legal. De hecho en Tlön ya lo estamos haciendo. Sin embargo, este tipo de iniciativas de nada valen si no se complementan con lo advertido antes. Por ejemplo, en el diario El Pilón y en el parqueadero que está en frente de nuestro mundo, instalaron unas cámaras de seguridad externas y se las robaron.  

Dicen que el Plan Especial de Manejo y Protección del Centro Histórico de Valledupar, que fue aprobado por el Ministerio de Cultura en noviembre de 2014, es la salvación. Si esto es cierto, entonces hay que acelerar su implementación. Por nuestra experiencia en Tlön, insistimos en expresar que la gente no es apática a tomarse esta zona, pero faltan garantías para promover más turismo e inversión.   Soñamos con que no cause miedo sentarse en la Plaza Alfonso López después de las nueve de la noche. Soñamos con más bares, cafés, heladerías, restaurantes, hoteles. Soñamos con teatros, bibliotecas, museos, eventos culturales y sociales. Definitivamente en el Centro Histórico no sólo está el pasado de Valledupar, sino también el futuro.

 

Carlos César Silva

Sobre el autor

Carlos Cesar Silva

Carlos Cesar Silva

La curva

Carlos César Silva. Valledupar (Cesar) 22 de noviembre de 1986. Abogado de la Universidad Popular del Cesar, especialista y magister en Derecho Público de la Universidad del Norte. En el 2013 publicó en la web el libro de artículos Cine sin crispetas. Cuentos suyos han sido publicados en las revistas Puesto de Combate y Panorama Cultural. Miembro fundador del grupo artístico Jauría. Cocreador del bar cultural Tlön.

@ccsilva86

1 Comentarios


aurora elena montes 01-08-2015 07:40 PM

Carlos, todavía ni la administración municipal ni la mayoría de la población de esta entrañable ciudad no han entendido que el alma de esta ciudad está en su centro histórico, es a partir de allí que puede generarse un plan de turismo hacia la ciudad, además de salvaguardar su historia. Desde esas viejas calles y callejones es donde susurran las historias y los cantos que le han dado nombre a esta región.

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