Opinión

En Colombia, el voto de los muertos es válido

Eber Patiño Ruiz

20/07/2015 - 06:20

 

No es extraño que esta práctica macabra, en todo el sentido de la palabra, tenga en nuestro país un puesto reservado cada vez que los jefes de partidos quieran emular –en las elecciones para elegir nuestros caudillos, caciques, patrones, o supuestos líderes, sus falsas– intenciones de servir al pueblo.

Yo no entiendo aún:

Por mucho que reflexione sobre el motivo de vender el voto, para que el que compra conciencias viva como un Dios después de ganar las elecciones, y el que vendió su poder de voto siga viviendo igual o peor, porque muerto el marrano, frito el chicharrón, ya no hay nada que hacer y ni dar la cara para exigir, porque el que vende su alma al diablo en el infierno se queda por siempre.

Ahora:

Muchos nos preguntamos ¿por qué los muertos siguen votando en nuestro país? Ni el Registrador Nacional tiene la respuesta correcta a este interrogante, que en muchos departamentos puede pasar de agache y sin importancia, pero que en otros lugares es una práctica común y frecuente en fechas de elecciones. Ahí es precisamente donde está el nudo Borgiano, el misterio del triángulo de las Bermudas, aplicado a nuestra realidad. Un misterio porque son tres los que participan: el muerto que votó, el politiquero que hace el trabajo y el Estado que no tiene control sobre los registros de defunción. Tratar de entender esta triada, tomará muchos años más de elecciones, corrupción y politiquería.

Este hoyo negro:

Este limbo, donde la ley no aplica, donde los entes de control del Estado son tan lentos e ineficaces que bien se les puede comparar con la fábula de Esopo (la liebre y la tortuga) donde la tortuga es la justicia y la liebre el politiquero, acuñada con un discurso de tontos que al final el pueblo se lo creó, donde reza que: la justicia cojea pero siempre llega, o que la justicia divina siempre opera, es puro cuento de un pueblo sumiso que es culpable por los gobernantes que tiene y después sale a la calle a pedir justicia.

La justicia es injusta para el ignorante y benévola para el gobernante (Eber Patiño).

Sin embargo:

Hay que reconocer que hay avances en materia de control por parte de las registradurías en todo el país, pero por detrás siempre está la mano negra, está la sombra de los que arriba hablamos: los caciques y líderes políticos que se resisten a creer que es posible llegar al poder de forma transparente y honesta para ayudar y representar a sus votantes.

Volverá a pasar:

Dentro de cuatro meses pasará lo mismo que ha venido pasando desde los tiempos de Gaitán, es como decir que la trashumancia (trasteo de votos) no se pueda hacer hoy con la tecnología que se tiene, si para votar o inscribir la cédula en cualquier lugar del territorio es una práctica habitual por cambio de residencia, porque queda muy difícil y no tiene sentido que una persona que haya nacido en la Guajira y ahora viva en Leticia deba atravesar todo el país para sufragar en su lugar de nacimiento y votar por los candidatos de su región.

Otro mal que, según el registrador está erradicado por completo, es la doble cedulación y la suplantación. Es una noticia halagadora, y suena bonito en los medios de comunicación, pero la realidad está en los remotos municipios de nuestra geografía, donde la tecnología apenas está abriendo camino por entre la maraña de la selva, o viajando por los ríos de la Orinoquía y Amazonía.

Esa es la otra historia no documentada, donde el control electoral lo dan los fusiles y el silencio, donde ni siquiera la policía tiene voz y voto, o simplemente no hay.

Habrá que esperar cuántos muertos salieron de la tumba, votaron y volvieron al descanso eterno, mientras llegan las otras elecciones presidenciales dentro de dos años. Habrá que esperar cuantos ciudadanos de a pie tienen dos, tres o cuatro cedulas y cobra por cada una el favor político, porque lo único que le importa la politiquero es que la cédula esté vigente y vote.

Por ahora:

Las alarmas están apagadas, porque los candidatos todavía tienen tiempo hasta el 24 de julio para inscribir sus campañas, para después mostrar lo visceral e inhumanos que son algunos candidatos que salen como caballos desbocados llevándose por delante al que se les atraviese en el camino, y están dispuesto a lo que sea, con tal de llegar al poder, con tan buena suerte que lo logran, y esos son nuestros gobernantes y no los de ahora, sino los de siempre, y los que vendrán después; es un cuento diabólico de nunca acabar, una pesadilla sin fin que hasta los muertos un día de estos por ley del Karma, se van a revelar y, entonces, podrán votar sólo los vivos.

En Colombia el voto de los muertos es tan válido y vigente que el dinero pagado por el favor, siempre alcanza para festejar el triunfo del que será su verdugo y al que después de la campaña no le puede pedir ni un vaso de agua, ni una vacuna para su hijo enfermo, porque el que votó fue el muerto y los muertos no reclaman nada.

 

Eber Patiño Ruiz 

Sobre el autor

Eber Patiño Ruiz

Eber Patiño Ruiz

Hablemos de…

Eber Alonso Patiño Ruiz es comunicador social, periodista de la Universidad Católica del Norte Sede Medellin, Antioquia. Su gran pasión es la radio y la escritura. Tiene dos novelas terminadas y una en camino, un libro de cuentos y otro de historias fantásticas; tres libros de poesía: Huellas, Tiempos y Expresión del alma.

@Eber01

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