Opinión

La tierra del olvido… ¡Nunca más!

María Jimena Padilla Berrío

19/08/2015 - 07:10

 

La Guajira (Riohacha arriba a la izquierda)

Mis amigos siempre insisten en que tengo un acento manifiestamente paisa, algo contra lo que ya no peleo, no por considerarlo cierto, sino porque me tiene sin cuidado a estas alturas del partido ese tema, entre otras cosas porque ya no me interesa entablar una discusión bizantina en torno a mis raíces, ¡soy guajira y punto final! Pero no sólo soy Riohachera, sino que cada que alguien en el interior me pregunta de dónde soy, porque efectivamente “tienes un acento como costeño”, saco pecho y digo, antes de nombrar lugares en concreto, que soy de la tierra más linda de Colombia.

Lo normal, después de que alguien se toma el trabajo de preguntar por mis raíces, es que siga una breve conversación sobre los guajiros, la cual, últimamente, y después del escándalo mediático de nuestra realidad de siempre (que los niños indígenas se mueren de inanición, que en pleno siglo XXI no tienen agua…), gira en torno a las precarias condiciones en las que viven miles de personas en el departamento.

“De Riohacha”, contesto cuando me preguntan de qué parte de La Guajira soy, y alguien llegó a preguntarme que si me adapté fácil al tipo de vivienda en Medellín, porque como “allá son chozas”. Es más, hay unos más osados que me han llegado a preguntar si en Riohacha hay internet. Al principio me molestaba. Alguna vez, con el sarcasmo a flor de piel, contesté que no, que de hecho a Riohacha todavía no ha llegado la televisión en blanco y negro, y que la luz proviene de una vela, no sabemos lo que es un bombillo. La persona me miró con cara de desconcierto, no sé si apenada por la pregunta o molesta por la respuesta.

Y sin embargo, pese a que los días que me agarran de mal genio todavía contesto bobadas, aplicando mi lema de vida: a preguntas de reina, respuestas de reina…, he ido aprendiendo a hacer pedagogía a través de este tipo de preguntas, es más, me he ido dando cuenta que la culpa del todo no es de ellos, que nosotros también tenemos mucha culpa en ese imaginario colectivo, precisamente porque ésa es la imagen que muchas veces mostramos, o dejamos que otros muestren de nosotros. O peor aún, estamos tan despreocupados de todo lo que acontece a nuestro alrededor que ni siquiera somos capaces de advertir que muchos nos toman como un simple punto en el mapa, no más.

Pero todo empezó, justamente, a partir de esas conversaciones sobre “la tierrita”. Muchas personas me han dicho, las que no me preguntan por el internet ni las chozas, que La Guajira debe ser “muy linda”, y obviamente yo termino de echarle flores, seguida de la pregunta de rigor: ¿Has ido a La Guajira? La gran mayoría me contesta que no, pero que le gustaría, que lo más cerca que han estado es en Santa Marta, por lo que he llegado a la conclusión de que Colombia llega hasta la Samaria, lo cual explica muchas cosas, entre ellas el inmenso desconocimiento que existe de nuestro Departamento.

En medio de ello, para acabar de ajustar, cualquier día un amigo alemán me preguntó que le señalara en el mapa dónde quedaba mi tierra, el pobre no había podido ubicarlo en su revista sobre “kolumbien”, sencillamente porque estaba el mapa de los destinos turísticos, pero La Guajira no estaba especificada. Abrí los ojos con desconcierto, no entendía un carajo porque todo estaba en alemán, lo único que estaba claro es que no estaba, ¡mi Departamento no estaba!… Pero ya era tarde, el alemán ya había organizado su paseo, a la hora que quise señalarle otro paraíso más al norte ya él tenía el itinerario listo: La Heroica y la Samaria.

Traigo a colación todas estas anécdotas porque, a pesar de los problemas internos que tenemos, creo que el olvido, representado en el abandono de sus mismos gobernantes, y la apatía de sus mismos hijos, es lo que más daño nos ha hecho, nos ha condenado, a lo largo de los años, al olvido más absoluto de todos. ¡Qué Samaria ni qué Samaria!, la tierra del olvido somos nosotros, a La Guajira la hemos condenado a cincuenta años de soledad, y a Riohacha a casi cinco siglos.

Y sí, nuestros gobernantes tienen mucha culpa de ello, pero también nosotros, como ciudadanos, tenemos una gran responsabilidad, porque somos quienes los elegimos y no nos apropiamos de nuestros procesos. Sin el ánimo de ser cursi, ni de rayar en lo cliché, estoy convencida que uno de los pilares más importantes del desarrollo es creer en lo nuestro, en pocas palabras, tener sentido de pertenencia. Creo que las condiciones están dadas, tenemos mucho por incursionar, desde las artesanías hasta los paisajes, pasando por el mágico mundo cultural que nos envuelve, la posición geográfica y los recursos naturales. Ahora, pasando más al plano social, es importante promover espacios culturales y deportivos que ayuden a potenciar estos dos aspectos en nuestro Departamento, entendiéndolos como procesos claves dentro de nuestro desarrollo.

Por ello, porque tenemos el potencial, las condiciones y las ganas, como joven guajira espero de mis gobernantes que tengan la suficiente capacidad para saber que el desarrollo, entendido entre muchas otras cosas, como calidad de vida, va de la mano de la buena gestión, esa que, en nuestro caso en particular, se traduce en unos mejores servicios públicos, una mejor infraestructura, una promoción cultural y deportiva, y unos referentes educativos sólidos. Necesitamos más investigación, generar conocimiento... ¡Podemos!

De mis gobernantes, entonces, espero que tengan el suficiente amor por la tierra como para poder anteponer los intereses colectivos sobre los personales, ya va siendo hora de pensar en la colectividad, de jalonar un proyecto ciudad, Departamento, un proyecto Guajira, a sabiendas de que su Capital, como tal, es el referente por excelencia del Departamento. Dentro de cuatro años, si bien no espero que Riohacha sea el centro del mundo, sí espero que se haya avanzado enormemente en, al menos, cinco ítems fundamentales: infraestructura, servicios públicos, deporte, cultura y educación. El camino es largo, es cierto, pero empecemos por ahí.

 

María Jimena Padilla Berrio 

Sobre el autor

María Jimena Padilla Berrío

María Jimena Padilla Berrío

Palabras Rodantes

Economista de la Universidad Nacional de Colombia, cuasiabogada de la Universidad de Antioquia. Soñadora incorregible, aventurera innata, errante. Guajira de cuna, crianza y corazón, ama su cultura como al coctel de camarón. Investigadora, melómana, cinéfila y bibliófila. Su mayor placer es deslizar un lápiz sobre un papel.

@MaJiPaBe

1 Comentarios


Rafael Darío Jiménez Padilla 20-08-2015 05:46 PM

Apruebo todo lo que manifiestas en tu columna, estimada pariente Padilla. En Aracataca, en Ciénaga o Santa Marta sentimos eso que tu exquisitamente expresas.."La tierra del olvido somos nosotros"..Todos del Caribe..Los hijos primigenios de Macondo..

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