Opinión

¿Alardear o convencer?

Diógenes Armando Pino Ávila

04/09/2015 - 05:20

 

En esta contienda electoral donde se elegirá a las personas que regirán por cuatro años los destinos de nuestros municipios, se encuentra una serie de posturas y actitudes, por parte de los aspirantes, que en otras circunstancias serían repudiables y ridículas. Sí, ridículas pues llegan al absurdo, y todo con el fin de congraciarse con un electorado que a fuerza de golpes de engaño se ha cansado de votar por los mismos con las mismas.

Hay campañas Tutti Frutti, es decir, de una mixtura de grupos y grupúsculos que se debaten en un maremágnum de colores y logos diversos y dispersos y que se coaligan para participar en la feria electoral en que han convertido estas justas democráticas y participan sin norte, es decir, sin un ideario que les permita enrumbar su camino por una senda seria que busque o persiga el bien común del pueblo o municipio al cual quieren gobernar.

En dicho salpicón se encuentra que cada candidato a alcaldía y al concejo han pedido dinero a varios candidatos a Asamblea diferentes y no sólo eso, hay campañas donde los líderes, no aspirantes, también negocian en dinero con diversas asambleas, poniendo en venta el voto del elector primario en una subasta vergonzosa que muestra las oscuras intenciones de éstos mercaderes de la voluntad del pueblo, en tanto el ciudadano que simpatiza con ellos, ignorando esta circunstancia camina derecho a la báscula donde le pesarán y venderán en forma electoral.

No comprendo, no entiendo  el que algunos candidatos a la alcaldía se trencen en una competencia pueril tratando de impresionar al electorado y a sus rivales con actividades insulsas de ciclo vías, paseos en motos y otras actividades en que se distraen los muchachos del bachillerato, muchos sin cédula, y uno que otro adulto simpatizantes de sus campañas, sin mostrar a la comunidad ninguna idea o propuesta en que sustentar sus aspiraciones, y en ese querer aparentar multitudes para alardear de mayorías, uno encuentra que han instaurado como moda, el que para reunir treinta o cuarenta personas tengan que matar una novilla y brindar comida como si estuvieran aspirando a un cargo público en cualquier país africano afectado por la hambruna. Otros, a más de la novilla llevan conjuntos vallenatos y hacen rumbas con licor incluido contribuyendo con esto a aumentar la corrupción y la ingesta de alcohol, como si de eso no hubiera en nuestros pueblos.

Sería injusto no anotar que hay candidatos independientes que hacen un trabajo sereno, mesurado, razonado y con mucho respeto por su comunidad, es decir tratan de convencer y no de alardear, visitan las comunidades y le exponen sus planes y programas, hablan de proyectos y analizan con las comunidades los problemas que le aquejan y plantean soluciones a futuro en busca del favor de sus electores, creo que ese trabajo de los sectores independientes es muy bueno, pues mientras los otros derrochan el dinero recogido con el platillo del tutti frutti con que engatusaron a los candidatos a asamblea y gobernación, estos, los independientes trabajan con pocos recursos. Mientras los primeros reciben dineros de inversionistas que aportan con miras a obtener la contratación municipal a futuro, los independientes trabajan con recursos propios y lo poco o mucho que su candidato a gobernación aportó y con ello no tienen por qué hipotecar el presupuesto municipal.

En esta campaña se ha dado el abuso de la propaganda y desde tempranas horas de la mañana pasean las calles del poblado los vehículos de cada candidato y con equipos de sonido de enormes parlantes contaminan el ambiente con discursos pregrabados y jingles que en general son canciones vallenatas que exaltan desproporcionadamente las cualidades, a veces inexistentes, de los candidatos, peor aún, en sus comandos tienen equipos sonoros donde también contaminan auditivamente. Imagínense un pueblo como el nuestro que tiene ocho candidatos a la alcaldía y ciento diez candidatos al concejo municipal donde todos salen con parlantes en carros viejos, mototaxis y ciclotaxis emitiendo a alto volumen sus consignas en otra competencia de “todos hacemos mucha bulla” con la esperanza de que el elector se fije en ellos por la contaminación auditiva y no por las ideas.

Aunque odiaba la forma de hacer política del pasado, sinceramente debo decir, que ante la falta de ideas y de discurso de algunos candidatos actuales siento una rara melancolía por los politiqueros de antaño y sus discursos veintejulieros. “Siquiera se murieron los abuelos sin ver como afemina la molicie”.

 

Diógenes Armando Pino Ávila 

 

Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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