Opinión

Programa de gobierno, una figura ineficaz

Wladimir Pino

28/09/2015 - 05:20

 

Programa de gobierno, una figura ineficaz

Hoy en día las contiendas políticas fijan la atención de los ciudadanos de los pueblos  y regiones de Colombia, cada quien da su punto de vista y argumenta como el mejor de los expertos.

En las esquinas, en los centros de mercado, en el taxi, en la buseta, en todos estos espacios se sienta postura respecto a los pro y los contras de la elección de X o Y candidato. Paradójicamente en cada elección los electores dueños de la soberanía y autoridad que nombra al gobernante, se entusiasman a grados tales que exageran afectos defendiendo posturas y ganando enemistades, segregando quereres familiares, todo en beneficio de la defensa a ultranza del candidato de sus preferencias.

Pero he aquí el detalle: “IDEAS”. Son pocos los electores que conocen en realidad el proyecto político de su candidato, y son pocos los candidatos que esbozan con claridad las ideas con las que pretenden gobernar. La democracia exige como principio un voto programático, entendiendo este el voto a la idea, el respaldo al proyecto político, antes que al ciudadano que lo representa. 

En mi libre observar, en nuestra región poco importan las ideas y las propuestas, el programa de gobierno es un compendio de hojas de archivos que muy pocas veces conocen los ciudadanos, es tan ultra secreto que en ocasiones los desconocen los candidatos al concejo y en el peor de los casos el candidato mismo a la alcaldía, puesto que éste es un requisito para la inscripción y que generalmente es encargado a un asesor, que lo elabora de forma técnica y general, sin tener en cuenta las particularidades del pueblo a administrar.

Conozco casos en que se copia de manera burda el programa de gobierno de algún candidato de un pueblo vecino sin hacer las correcciones respecto a los puntos que particularizan cada municipio o región.

En una democracia madura deben primar dos cosas sobre las personalidades. Una de ellas son el conjunto de principios y valores éticos y morales que tenga la persona que aspira al cargo público, como garantía de honestidad y disciplina, y la otra está compuesta del programa de gobierno, donde el elector puede darse cuenta de forma simple la visión de municipio o departamento que tienen los diferentes candidatos. En este programa se encuentran las ideas de transformación del ente territorial, se encuentran los conceptos y pilares bajo los cuales el futuro administrador dirigirá los destinos de su municipio o departamento.

En las reuniones públicas se socializa este compendio de posturas y se explica al elector a la luz del presupuesto territorial, con una visión clara de las rentas, la capacidad de endeudamiento y la idoneidad fiscal del ente territorial, el cómo se realizará y cuándo, forma de financiación, proyección, tentativas de valores y los beneficios que generarían el conjunto de acciones que pondrá en marcha en su eventual elección.  

Nuestra democracia regional tiene su antecedente normativo en el acto legislativo No 01 de 1986, pero fue puesta en práctica en 1988, es decir hace 27 años. Desde entonces el concepto de voto programático ha venido haciendo mella en muchas reformas y conceptualización de la política, pero la realidad del país con reservadas excepciones democráticas que se han dado de forma aislada en diferentes zonas de la nación.

Desafortunadamente, podemos decir que la personalidad del candidato es lo que más cuenta en la puja política. Se vota por la persona indistintamente a las ideas y propuestas No se tiene en cuenta los principios y valores que este tenga, esto poco interesa. Por ello la discusión de la esquina que en un estado de cosas normales debería terciarse en la viabilidad y conveniencia de la propuesta de transporte o de la estrategia extramuros de la salud pública o el replanteamiento del modelo educativo, está centrada en el postulado egocéntrico de que “mi candidato es el mejor porque tiene más gente, porque lleva el sello de tal partido, porque tenemos garantizada la financiación de la campaña, porque en una tercería no nos gana nadie o porque está respaldado por tal cacique político”.

Bajo este concepto puede concluirse que el voto es dirigido a dar la confianza para que la persona gobierne y no para que se implante durante cuatro años un programa de gobierno. Es por ello y no por otra razón que la figura jurídica de la revocatoria del mandato no opera en Colombia de forma eficaz.

Mientras el pueblo siga a personas y no ideas estaremos condenados al fracaso democrático. Luego del primero de enero de 2016 y después que se arme el gabinete y comience a andar la maquinaria que se eligió, muchos verán distante al vecino, al compadre y amigo que eligieron y su voto se disolverá bajo el catalizador de la desilusión. Entenderemos que elegimos un hombre y no unas ideas.

 

Wladimir Pino Sanjur

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