Opinión

Las otras fronteras imaginarias

Eber Patiño Ruiz

05/10/2015 - 06:10

 

Las fronteras que hoy ostentan los países del mundo sólo son una medida de control, un imaginario de división política que nada tiene que ver con los habitantes de éstas zonas limítrofes, pues para ellos pasar de un país a otro es algo cotidiano, porque viven de un lado y trabajan en el otro; estudian en uno, y duermen del otro lado de la frontera.

Para ellos no hay diferencia alguna entre países y gobiernos; sus actividades económicas dependen de ambos lados, comparten las mismas costumbres y culturas, son multiculturales y tienen otra visión de gobierno, no represivo sino compartido.

No es culpa de ellos que los gobiernos centrales vean las fronteras como a un dragón sin cabeza amenazando el sueño de los que están a cientos de kilómetros de distancia, con miedo de perder sus intereses políticos y no los intereses colectivos de una nación.

No es culpa de los habitantes de las fronteras que a sólo un paso de distancia, cruzando un riachuelo o un desbarrancadero, un producto en un lado cueste un peso y del otro lado cueste cinco, no son ellos los culpables del contrabando, de que la gasolina en nuestro país, un galón cueste más de ocho mil pesos y al frente cinco galones cuesten los mismos ocho mil pesos. ¿De quién es la culpa?

La lógica matemática no falla y es muy clara, con un galón se recorren aproximadamente 25 kilómetros, con cinco galones se recorren 250 kilómetros y valen lo mismo, ¿Quién no entiende esta lógica? Solo el gobierno no la entiende, porque ni el ministro de minas y energía la ha podido entender el asunto o se hace el que no es con él; ni el ministro de hacienda, ni el presidente de ECOPETROL toman cartas en el asunto. Es mejor explicar de manera técnica lo que pasó con el precio de la gasolina, que bajarse al nivel de los que viven del contrabando, porque la verdad los apabulla.

Los que están en la frontera saben y entienden perfectamente de esta operación matemática simple, y les funciona a la perfección.

La frontera con Venezuela no es un problema para los habitantes de Cúcuta, ni de la Guajira, ni de Arauca; es un fantasma silencioso y gigante que no deja dormir a quienes no han podido ejercer control y tener una visión amplia de país, porque se olvidan que Colombia no es solo Bogotá, Cali, Medellín y Barranquilla, es toda una extensa selva y una árida Guajira; es todo un litoral Pacífico y una amplia zona costera en el atlántico. Sin embargo, esta clase de geografía es desconocida por completo y como no se puede administrar lo que no se conoce, y no se puede hacer una legislación para cada territorio especial, es por eso que las fronteras existen para poder decir y señalar quienes son los buenos y quienes son los malos, y en esa errática manera de ver a un país, es que nuestros indígenas están al borde del exterminio a ojos vistos del gobierno, que se le olvidó la historia de su descendencia, que es mejor negarla que aceptarla.

Las fronteras de Colombia son lugares olvidados, sin Dios y sin ley, solo basta con ver los ríos que son las fronteras naturales de todo país, para ver la política fluvial de nuestra querida Nación, es casi que obsoleta por no decir que no existe, y desde este punto de partida, podríamos escribir un libro entero que bien podría llamarse “El naufragio de la ley” donde cabrían las preguntas: ¿Quién gobierna los ríos? ¿Quién controla la economía de nuestros grandes ríos? Las respuestas saltan a la vista, impera la ley del abandono, del silencio y la del más fuerte.

Pareciera como si sólo los puertos fueran importantes, pero al ver las condiciones de vida de los habitantes del puerto de Buenaventura, que entre otros es privado, da lástima y tristeza la desigualdad social y económica que allí impera. Para no hablar de Barranquilla, Cartagena y Santa Marta.

Unas fronteras que desdicen de la gran Colombia y que hablan muy mal de lo que realmente es un país, y que sólo por la coyuntura política con Venezuela, salió a flote lo que todo gobierno de turno no quiere ver y menos mostrar al mundo, pero era necesario mostrar el total abandono de nuestros compatriotas y las instituciones corruptas por falta de control fiscal, a merced de los bolsillos de los politiqueros.

Esta tragedia humanitaria con el vecino país de Venezuela, sirvió para dejar claro que no es la frontera un monstruo sin cabeza, sino un gobierno que no tienen cabeza y es el verdadero monstruo que tienen en el olvido a quien le sirve con los impuestos que paga.

La frontera territorial no es el problema, el verdadero problema está en las fronteras mentales, que son las más poderosas de controlar, porque al caer la noche, los fantasmas se levantan y empieza la verdadera pesadilla para quien quiere soñar con un país en paz cuando en su mundo todo está en guerra por miedo de perder lo que no controla y no le pertenece.

No sólo está en conflicto la frontera con Venezuela, bueno sería saber si las fronteras de las puertas de tu casa están en paz o en guerra.

 

Eber Patiño Ruiz 

Sobre el autor

Eber Patiño Ruiz

Eber Patiño Ruiz

Hablemos de…

Eber Alonso Patiño Ruiz es comunicador social, periodista de la Universidad Católica del Norte Sede Medellin, Antioquia. Su gran pasión es la radio y la escritura. Tiene dos novelas terminadas y una en camino, un libro de cuentos y otro de historias fantásticas; tres libros de poesía: Huellas, Tiempos y Expresión del alma.

@Eber01

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