Opinión

El negocio de la publicidad política

Eber Patiño Ruiz

14/10/2015 - 06:00

 

A la hora de hacer un balance del costo de las campañas y los topes permitidos por el gobierno, hay una gran diferencia en los números que puede asustar a cualquier ciudadano de a pie, porque no se explica cómo es que unas campañas son tan costosas y otras más austeras dentro de un mismo partido político; no se explica cómo es que llegan los recursos o cuáles son los criterios para que, en unas zonas del país, el dinero para financiar la campaña llegue a montones, mientras que en otras regiones, ni llegan los recursos, o si llega el apoyo, es a cuenta gotas.

Toda campaña política, aún hoy, con la tecnología que existe, no tiene ningún control, ni lo tendrá, dados los intereses que se mueven bajo la mesa, porque no es extraño, ni es un secreto, que las campañas son favorecidas con recursos de terceros, que le apuestan a los jugosos contratos de infraestructura y donde los señores capitalistas, de cualquier partido político, le apuestan a dos bandas como si la democracia fuera un juego de billar, si pierde con un candidato, gana con el otro y para colmo de males, quien gane las elecciones debe por derecha pagar el favor recibo y nada puede hacer más que cumplir. Como se dice en el argot popular (tiene burro amarrado).

Esa es una realidad y una práctica no de ahora:

Sino de hace muchas décadas atrás, sólo que hoy es más evidente, por las denuncias de los medios de comunicación, que ni denunciando, el gobierno o los entes de control, se inmutan, porque ellos también tienen la misma cuota y fueron favorecidos para llegar donde están, y eso lo sabe muy bien el señor Fiscal Montealegre y el Procurador Ordoñez, ni hablar del Registrador Nacional que nada puede hacer, más que tratar de quitarle leña al fuego para que no se quemen todos en la olla de la corrupción, que ni en dos vidas seguidas pagarían la deuda moral con el pueblo Colombiano.

Cuando se está en campaña política:

La imagen es lo más importante, por eso hoy las grandes agencias de publicidad están haciendo su agosto; no hay calle en los más de mil municipios que tienen el país que no tenga una docena de pasacalles de un solo candidato a gobernaciones, alcaldías y concejos; no hay un solo centímetro libre de volantes pegados en los postes y en paredes, no se libran las casas que cuelgan en los balcones el afiche de su candidato preferido; cualquier lugar es bueno para ubicar la valla, ni hablar de las redes sociales, la revolución tecnológica al servicio de la politiquería.

Cualquier medio u objeto es bueno para recordar la imagen del candidato:

En la calle se encuentra cuanta novedad publicitaria impacte a la gente, hay desde: las libretas de apuntes, hasta las botellas de agua, pasando por los dulces y los famosos llaveros y lapiceros, los jingles con las canciones de moda y los saludos de artista y demás personalidades de la farándula hablando en favor de quien ya cobro por adelantado la mención.

Cualquier estrategia es válida en elecciones, unas son gratuitas, no es sino hablar mal del otro en una campaña de desprestigio y si tiene seguidores ese discurso, se le augura buen resultado en las urnas, porque es muy fácil hablar desde la otra orilla cuando la balsa esta de nuestro lado, otra cosa es cuando pase el cuatrienio de su mandato y se dé cuenta del callo de Troya en el que se metió y ahora le toca aguantar las mismas críticas mordaces y utilizar las mismas herramientas de defensa que su contrincante, porque en política la memoria falla y los hechos hablan por sí solos.

Habrá que esperar quienes son los que ganan:

Porque no los más publicitados son en efecto los favorecidos con el voto del pueblo, las sorpresas siempre salen a relucir pasadas unas cuantas horas de escrutinio, y no quien hable mejor o grite más fuerte en la tarima son los que llegan, son muchas las sorpresas en un día de votaciones, los triunfalistas pierden y los que parecían derrotados ganan, para sorpresa personal y dolor para los perdedores.

En campaña política no hay nada definido hasta el día de las elecciones:

Por eso la publicidad en muchos casos, logra el efecto contrario al que se quiere llegar; un candidato no es ganador por el solo hecho de empapelar las calles con su nombre y su foto mirando al cielo, la contaminación visual es tanta, que la gente termina cansada y hastiada de ver el mismo todos los días, todo el día y de paso si gana, tendrá que aguantar cuatros años más la imagen angelical, con sonrisa socarrona.

Porque está claro que la imagen no hace ganador a un candidato:

Pero si es importante la recordación del nombre como si fuera la marca de un producto, y en esos excesos, de vender a un hombre y una mujer como si fueran lo último en guaracha, es donde muchas agencias de publicidad con sus creativos pierden el rumbo, porque solo les interesa es el dinero que paguen por la campaña completa, que puede incluir: miles de camisetas, gorras, chaquetas, mochilas, cientos de vallas, miles de volantes, videos, jingles, pauta en radio, televisión y prensa, revistas, entrevistas y demás formas de mostrar al candidato como la mejor opción frente a los demás.

El negocio de la publicidad política:

Está en su mejor momento, sería muy bueno que estas mismas empresas se encargaran de difundir con el mimo fervor los actos de corrupción que se comentan cuando su cliente haga mal el trabajo y se adueñe del cargo que le fue dado, gracias a la primera democracia que es el pueblo, que todas las promesas en campaña, así como las expresaron que harían, no se conviertan en solo palabras bonitas de una oratoria mueca donde se puede hacer de todo, pero al tomar posesión del cargo, se dan cuenta que lo que dijeron, no se puede cumplir ni el uno por ciento y se van los cuatro años de su mandato, tapando los huecos fiscales de su antecesor y después el pueblo le recriminará que tampoco hizo nada, y que en la vida real ser un funcionario público es una verdadera pesadilla, donde no quiere saber de nada ni de nadie, y menos salir en vallas y en afiches, menos en volantes y en entrevistas, porque todo se cae por su propio peso.

Da pena reconocerlo, pero en nuestro país, todavía se vota por la foto bonita, por la mejor canción pegajosa de campaña y no por los hombres que realmente necesita la democracia.

El negocio de la publicidad política está en su punto máximo, solo falta que lleguen las elecciones para ver las caras tristes y el lamento de los bien llamados quemados politiqueros, los nuevos desempleados de la política.

 

Eber Patiño Ruiz

Sobre el autor

Eber Patiño Ruiz

Eber Patiño Ruiz

Hablemos de…

Eber Alonso Patiño Ruiz es comunicador social, periodista de la Universidad Católica del Norte Sede Medellin, Antioquia. Su gran pasión es la radio y la escritura. Tiene dos novelas terminadas y una en camino, un libro de cuentos y otro de historias fantásticas; tres libros de poesía: Huellas, Tiempos y Expresión del alma.

@Eber01

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