Opinión

En una calle de Tamalameque

Diógenes Armando Pino Ávila

19/02/2016 - 05:20

 

A la margen derecha del río Grande de la Magdalena, fronterizo con Mompox, en el año 1536 Quezada avistó una pequeña ranchería indígena, de ahí en adelante cronistas e historiadores y autores varios, sitúan a esta población en diferentes sitios, río arriba, en la misma margen derecha del gran río.

Esta población cambiaba de sitio y en cada cambio aparecía un nuevo fundador. De ubicarse frente a Mompox, pasó a un sitio denominado San Judas Tadeo de Portaca, hoy El Palomar, más adelante es refundado en las sabanas de Tamalameque viejo, hoy Tamalamequeito y, más tarde, en la antigua población de Thamara, hoy El Banco Magdalena y por último en las sabanas de Sompallón donde aún permanece. Es por esta razón que no tiene un solo fundador sino varios: Quezada, Céspedes, Lorenzo Martín y por último el padre Balzera que cada vez que entraba en discordia con el corregidor trasladaba las imágenes, altares y campanas a un sitio en despoblado y el pueblo sumiso ante la religión terminaba cambiando de domicilio.

No podía ser en otro pueblo, sino en éste, en Tamalameque donde naciera esa leyenda que lo ha hecho conocido, la leyenda de «La Llorona Loca», esa que ha sido trasmitida por las generaciones mayores a las más jóvenes a través de la oralidad. Esa que cuenta la historia triste de una joven que ciega de amor le hizo entrega de su virginidad a un novio irresponsable y cobarde que cuando supo que ésta estaba embarazada huye y la abandona. Ella, ante el temor a sus padres y a la sociedad pacata, que de seguro, al conocer su estado la convertiría en la comidilla y el comadreo de la comunidad, decidió buscar una pócima que le provocara el aborto. Con la complicidad de una hechicera local, una noche, cuando sus padres y el poblado dormían, se tomó el bebedizo y cuando sintió los dolores del parto provocado, salió de su casa y se dirigió al riachuelo que bordea al poblado, y ahí tuvo el aborto. Tomó el feto y lo lanzó a las aguas de ese pequeño río. Consumado su acto abortivo se dirigió a su casa.

En altas horas de la noche, presa del delirio y bajo un enorme complejo de culpa pierde la razón y sale llorando y emitiendo gritos de dolor por las calles camino al río en busca de su hijo, ya a orillas de él y al no encontrar a su criatura se lanza a las aguas embravecidas sumergiéndose en ellas para no aparecer más. De ahí en adelante, por las noches sale del río y recorre las calles del poblado emitiendo sus alaridos infrahumanos asustando a los moradores del pueblo.

Las nuevas generaciones han sacado versiones picarescas de esta leyenda ancestral. Hay una que cuenta de la esposa infiel, que en las ausencias de su esposo, se cubría con una sábana y en altas horas de la noche salía,  y con gritos desgarradores asustaba el vecindario, dejando el camino despejado para que su amante entrara a su casa sin ser detectado.

Esta leyenda, que nos acompaña desde hace más de cuatro siglos, ha sido contada y recontada por los tamalamequeros de todas las generaciones. Los Hermanos Pantoja, un grupo de guitarristas y parranderos que tocaban la música de Buitrago y Bovea,  eran visitados frecuentemente por José Benito Barros. El juglar banqueño, escucho la leyenda, y tal vez se enamoró de la última versión de ella, y en un arrebato creador de su genio, bajo la luna plateada que adornaba la noche de parranda, serenata, guitarras y canciones, le vino la inspiración y compuso la canción que le ha dado la vuelta al mundo donde da noticias sobre La llorona, ésta canción que ha sido cantada por muchos artistas regionales, nacionales e internacionales, es y con la que nos identifican y nos ubican sin necesidad de consultar los mapas.

En una calle de Tamalameque/ dicen que sale una llorona loca/ que corre por aquí, que corre por allá/ con un tabaco metido en la boca/ a mí me salió una noche, una noche de carnaval/ a mí me salió una noche, una noche de carnaval/ me meneaba la cintura/ como iguana en matorral/ le dije pare un momento/ no mueva tanto el motor/ y al ver que ella era un gran espanto/ ay compadre que sofocón… Que te coge/ que te agarra/ que te coge la llorona por detrás.

 

Diógenes Armando Pino Ávila

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Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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1 Comentarios


Luis Oñate Gámez 06-05-2017 09:20 AM

La historia de La llorona loca en América va de Chile a México. Hay leyendas parecidas en España las cuales fueron traídas por los conquistadores y quizás se entrelazaron con los mitos similares de los nativos. Soy de Algarrobo Magdalena y recuerdo que los Viernes Santos antes de las 8 de la noche no quedaba un alma en las calles porque le temían a la Llorona, y muchos adultos atestiguaban con pelos y señales que los llantos del espanto los habían despertado a las 12 de la noche y al asomarse a la calle vieron a la mujer de cabellos largos chorreado sobre la cara, vestía túnica blanca y no se le vayan los pies...

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