Opinión

Provincia de Ocaña y el Catatumbo: violencia e inseguridad resurgen

Cuando los habitantes de la provincia de Ocaña y la zona del Catatumbo creíamos el año anterior que la situación mejoraría, estamos notando con mucha preocupación que el auge delincuencial está tomando ribetes alarmantes, pues la inseguridad y la violencia sistemática, se ha venido apoderando de barrios y corregimientos del sector urbano y rural de la ciudad de Ocaña, al igual que de algunos municipios circunvecinos, tales como Ábrego, La Playa, Hacarí, San Calixto, Convención, Teorama, El Carmen, Rio de Oro,  Aguachica y El Tarra.

En primer lugar hemos de hacer mención de las acciones frecuentes de los denominados grupos insurgentes ilegales, que aún copan espacios y no se han desmovilizado. Tal es el caso del Ejército de Liberación Nacional (ELN) que se muestra renuente para dar inicio a conversaciones que confluyan en una eventual desmovilización, al igual que su homólogo las FARC.

De igual modo, tras la muerte del principal cabecilla del llamado Ejército Popular de Liberación (EPL), conocido con el alias de “Megateo”, sus subalternos no han cesado de delinquir, especialmente en la región del Catatumbo, con repercusiones en Ocaña, donde se supone ha invertido grandes sumas de dinero, en el montaje de negocios, procurando con ello lavar su dinero ilícito. A todo lo anterior, debemos también sumar las llamadas Bandas Criminales (BACRIM), que en el Norte de Santander han logrado posicionarse, y son artífices del contrabando, la minería ilegal, extorsiones y secuestros. Entre los más conocidos figuran los llamados “Urabeños”, que también controlan algunos gobiernos locales, la salud y los contratos en materia de infraestructura. Todos estos grupos delincuenciales, manejan los cultivos de coca, su producción y exportación, e igualmente apoyan campañas políticas, quienes se comprometen a devolverles favores.

Los llamados “Elenos” o milicianos del ELN, están haciendo del terror su arma favorita, promoviendo paros armados, quemando vehículos, y el secuestro y la extorsión, la continúan utilizando como en el caso del abogado ocañero Ramón José Cabrales, secuestrado hace medio año, y por cuyo rescate exigen una alta suma de dinero.

El EPL no se queda atrás, y al igual que el ELN, están haciendo del Plan Pistola su arma favorita, utilizando para ellos a francotiradores, para asesinar a soldados y policías de la patria, creando zozobra y dolor en muchos hogares, generalmente provenientes de las clases populares, a las cuales ellos dicen “defender”. La voladura de oleoductos, de torres de energía, ataques a pequeñas poblaciones, tomando de sorpresa a algunas Estaciones de Policía, ha sido la forma de aterrorizar a los ciudadanos, para hacerle creer al Gobierno, que ellos tienen bastante poder, y que si se desea llegar a acuerdos, se les debe hacer concesiones especiales.

Y ni que hablar de los hurtos, robos, atracos, violencia callejera, que se están multiplicando en la ciudad y sus alrededores. El robo de motocicletas, de vehículos, de locales comerciales, los muertos y heridos producto de ello y el escaso poder de las autoridades policiales y judiciales, complementan este cuadro aterrador. Ya no es a determinadas horas nocturnas, sino durante las 24 horas del día, en cualesquier lugar, sin diferencias de estrato o condición social, incluso las Instituciones Educativas, han venido siendo objeto de saqueos, trayendo consigo que los estudiantes no puedan contar con ciertos instrumentos pedagógicos como computadores, televisores o muebles, pues estos han sido sustraídos por maleantes, muchos de ellos provenientes de otras regiones del país.

La invasión del espacio público, el índice alarmante de vehículos automotores y motos, muchos de ellos piratas, impiden que haya una buena organización para los trabajadores de la economía informal, que ante la carencia de oportunidades laborales, se ven abocados a trabajar en actividades, a veces “no muy santas”, como el trabajo en cultivos de coca.

Ocaña, ha venido durante estas dos últimas décadas, siendo invadida por un creciente número de desplazados, provenientes de muchas regiones del país y aún del exterior, que propician invasiones y asentamientos que generan caos a nivel urbano. Estos peregrinos, deambulan por diversos lugares, y al no encontrar trabajo, se han dado a la tarea de asaltar, muchas veces ocasionando muertes o lesiones graves.

Se debe señalar que Ocaña no está en capacidad de ofrecer amplias posibilidades laborales, dado que existen pocas industrias, muchas de ellas casi artesanales, pues esta ciudad ha centrado su economía en el comercio, y los que allí trabajan, reciben salarios muy malos. A esto se suma que de tiempo atrás ha llegado toda una invasión de mercaderes “lavaperros”, es decir, testaferros del narcotráfico que venden sus mercancías a precios más baratos, en competencia desleal, quebrando con ello a pequeños y medianos comerciantes locales, que se han visto forzados a emigrar, por entrar en bancarrota o por ser extorsionados.

La política se ha vuelto el vehículo favorito para que muchos vividores se lucren a expensas del erario público, y todo esto contribuye, a que en Ocaña no se puedan resolver problemas de fondo, dado que lo que se ha de invertir en obras sociales, pasa a manos de particulares, que engañan, mienten y roban.

Todo esto que me he permitido exponer resumidamente, no es más que el panorama trágico, oscuro y desolador que se vive en la tierra hacaritama. No hay que “buscar el ahogado rio abajo”; ha habido negligencia para dar solución a múltiples problemas que vienen de tiempo atrás, y no se pueden mirar solo los efectos, sin registrar las causas que vienen produciendo todo este caos y desconcierto. No es con “limpiezas sociales” como hemos de resolver esto, sino con medidas de fondo de toda clase: sociales, económicas, de cultura ciudadana, de freno a la corrupción, de autoridades de verdad, conocedoras de la situación y comprometidas con todos los sectores interesados en hacer de Ocaña, un remanso de paz, justicia y progreso.

 

Alejandro Gutiérrez De Piñeres y Grimaldi

Sobre el autor

Alejandro Gutiérrez De Piñeres y Grimaldi

Alejandro Gutiérrez De Piñeres y Grimaldi

Reflector

Gestor cultural y comunicador, Alejandro Gutierrez De Piñeres y Grimaldi expone en su columna “Reflector” anécdotas y sentimientos valiosos acerca de la Cultura Vallenata y el mundo de hoy. Un espacio idóneo para la reflexión y la memoria.

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