Opinión

Ahora sí, un concejo de puertas abiertas

Diógenes Armando Pino Ávila

25/03/2016 - 06:20

 

En los pueblos del Caribe colombiano es muy dado hacer chistes con los actos de los concejos municipales y con la ignorancia supina de algunos de los miembros de la corporación edilicia. Como una manera de que los lectores rescaten y resignifiquen las anécdotas de sus propios municipios, voy a contarles grosso modo algunas que se han dado en este pueblo de Dios llamado Tamalameque, donde tuve la suerte y el honor de haber nacido.

Hernando Pérez Ortúa, un vecino que se ganaba la vida haciendo declaraciones de renta a los ganaderos de mi pueblo, y que tenía un humor mordaz, acostumbraba a saludar a sus contrarios políticos exconcejales, con el sarcasmo puro de «¿Cómo amaneció el ex honorable?» «¡Buenos días mi querido ex honorable!» Algunos ni se enteraban de la puya, otros le corregían con enojo como en el caso de Celino Mejía quién le ripostó: «¡Ex concejal querrás decir, porque sigo siendo honorable, Mi querido ex ganadero!» —Haciendo clara alusión a la quiebra económica de su interlocutor.

Hace muchos años, cuando los concejos municipales podían nombrar a cualquier persona honorable en el cargo de personero, sin tener en cuenta grado de estudio, uno de los concejales, Eliecer Romero, escuchaba a los postulantes y descalificaba en voz baja a los postulados. «Postulo a Luis Ávila»—decía un concejal. «¡No sabe!» —Sostenía Eliecer. « Postulo al señor Eusebio Piscioti» Decía otro concejal. «¡No sirve! » —Argumentaba Eliecer. Así entre no sirve o no sabe descalificaba a todos los postulados, hasta que uno del partido conservador dijo: «Postulo a Eliecer Meneses» Al escuchar el nombre de su adversario político, Eliecer dio un salto en la silla y dijo en voz alta: «¡Ni sabe, ni sirve!»

Hasta el año 1989 Tamalameque se abastecía de fluido eléctrico con unas plantas de ACPM que se encendían a las seis de la tarde y se apagaban a las doce de la noche. El concejo municipal por norma no puede hacer dos sesiones el mismo día, por tanto, la picaresca política colombiana y por supuesto la de mi pueblo optaron por hacer una reunión a las 11 PM y otra a las doce y cinco, es decir a las 0:05 AM, con el fin de que las actas estuvieran calendadas en días diferentes y con esto se ganaban un día de viáticos más. Esto hacía que la primera reunión se hiciera con la iluminación eléctrica del concejo, mientras que en la segunda ponían velas encendidas en cada escritorio de los concejales.

Una noche el concejo sesionaba con las velas encendida, la reunión era caliente, los concejales discutían temas de burocracia, elegían Personero y Contralor municipal, los apetitos burocráticos de los grupos políticos con asiento en el concejo estaban exacerbados, propuestas de coalición iban y venían, discutían acaloradamente, a veces con gritos y diatribas en contra de los contrarios, las barras asomadas en la puerta del recinto rechiflaban o daban vivas a sus concejales y a sus candidatos.

Benjamín del Valle, vecino al recinto del concejo, en una borrachera descomunal, estaba a punto de tocar la puerta de su casa, pero atraído por la bulla de las barras y los gritos de los concejales, se acercó al montón enardecido, miró por encima de los demás y vio al concejo iluminado por las espermas. Dando codazos se abrió paso, penetró al recinto y cantando el “Happy Birthday To You” fue soplando y apagando una a una las velas que estaban sobre los escritorios de los ediles, dejando en la más completa oscuridad a los concejales.

El año pasado la turba azuzada por la politiquería hizo una asonada y rompió las puertas y ventanas de la alcaldía, del concejo, de la casa del Gerente del hospital y la residencia de la alcaldesa. Desde entonces el edificio del concejo municipal no tiene puertas y por las noches los muchachos y los borrachos entran al recinto, se acuestan en los escritorios de los concejales y hacen burlas a estos. Por eso se dice que «El único concejo municipal de puertas abiertas es el de Tamalameque».

 

Diógenes Armando Pino Ávila

@Tagoto  

Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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1 Comentarios


Gerlin Aguilar 25-03-2016 10:07 AM

Nunca dejo de reír cuando escucho la anécdota de Benjamín del valle, muy textual y ha quedado en nuestra historia jocosa tamalameque, pero siempre me cae curiosidad el porqué utilizan casi obligatoriamente en las cesiones del concejo, la palabra "honorable" pues según mi humilde opinión, es merecida hasta unos primeros meses de haber asumido el cargo omitiendo algunos y muy raros casos. Me hace recordar a "los pitufo" que siempre utilizan el prefijo pitufo para todo ej. Pitufiescoba, pitufilampara, pitufilocura

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