Opinión

Líneas para reflexionar: una mirada al proceso de paz

José Luis Sierra Mendoza

28/04/2016 - 06:10

 

Marcha por la Paz y la Vida en Colombia / Foto: Europapress

Desde el 4 de septiembre de 2012 que se inició el proceso de negociación entre el gobierno de Colombia en cabeza del presidente Juan Manuel Santos, en representación del Estado y la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), en la Habana Cuba, no ha habido un solo día en la vida del país, en que este tema no esté en primera plana, y es así como hemos sido testigos de la polarización que respecto de este tema han protagonizado los compatriotas a lo largo y ancho de la geografía nacional, pulsos y contra-pulsos entre los defensores y detractores del proceso en  mención.

Muchos en sus pretensiones de desdibujar dicho proceso, señalan que ahí se está entregando la patria, y que no es justo que lo que las Farc no ha podido lograr en más de 50 años de lucha fallida, lo estén logrando en esas negociaciones. Frente a eso, quienes de una u otra manera y en la medida de lo posible le hemos venido haciendo el respectivo seguimiento a las negociaciones, sabemos que ahí no se ha estado entregando nada, y que lo que realmente se está negociando es la dejación de las armas por parte de la guerrilla de las Farc. Es decir, que las Farc cuya principal línea en la agenda que inspiró su lucha  fue la de una verdadera reforma agraria, en esta negociación que se adelanta no se ve que hayan logrado algo significativo en ese sentido, de haberlo hecho ya lo hubieran cacareado. Nada que la gran burguesía nacional pueda lamentar ha sido concedido por este gobierno y no cambiará en nada el represivo sistema económico que tenemos, ni el resto de cosas en Colombia,  

Ciertamente, estamos de acuerdo que la salida al conflicto en el que hemos vivido, en mi caso toda la vida, que hoy registra en su haber 7’999.663 connacionales afectados, según Registro Único de Victimas (RUV), por la barbarie de un enfrentamiento que ha llevado luto a los hogares de muchas familias sin distinción socio-económica, racial, y de ninguna otra índole, es y será siempre mediante la negociación política y no a través de las armas.

No somos ingenuos para pretender que con la sola firma del acuerdo en La Habana, de facto aparecerá como la luz del sol, la tan anhelada paz para los colombianos, debe quedar completamente claro que se está negociando solo con uno de los agentes generadores de violencia con presencia en el territorio, por lo tanto, hablar de postconflicto a nuestro juicio es totalmente equivocado, habría que hablar del post acuerdo, ya que se desactiva solamente una de las partes que generan tal conflicto.

En qué queda el ELN que aterrorizó al país en el marco de la conmemoración de sus 50 años, atacando puestos de policías, flotillas de helicópteros de la Fuerza Aérea Colombiana, dinamito oleoductos, entre otros, que pasará con las distintas bandas de crimen organizado, en fin, esto para señalar que hay mucha más tela por cortar de lo que el ciudadano de a pie realmente cree.

Naturalmente que había que iniciar el proceso de  desactivación del conflicto, y aplaudimos la indeclinable voluntad de este gobierno en avanzar y llevar a buen puerto esta negociación, pero insistimos, ese es el inicio de la terminación del conflicto y no la terminación como tal como nos lo han querido vender.

Por ultimo quiero insistir en lo que he manifestado en distintos escenarios donde se me ha auscultado al respecto, y es que finalmente la paz tendrá que construirse desde los territorios, entiéndase,  los caseríos, las veredas, las ciudades, generando todo un proceso de reconocimiento y reparación del victimario a su víctima, que permita una verdadera reconciliación donde este último pueda mirar atrás y recordar sin odios, es decir, que pueda realmente perdonar.

Cabe anotar que  en la construcción del escenario de paz al que le apuesta el gobierno nacional y en cuya apuesta también hemos casado nuestra fe y esperanzas, todos absolutamente tenemos un rol que jugar; desde los  gobernantes municipales y departamentales, con la inversión de presupuestos en los sectores pertinentes, apuntándole a la generación de oportunidades y mejoramiento de calidad de vida de los ciudadanos, que permita una significativa reducción de la tan pronunciada brecha de desigualdad social notoria en cada uno de los 32 departamentos del país en los cuales no es difícil observar ciudadanos de primera, segunda, tercera y hasta quinta categoría.

La escuela tiene el reto de seducir, enamorar  y permitir que nuestros niños y jóvenes conciban e identifiquen la educación como el verdadero y más seguro camino al éxito. La garantía de justicia es fundamental en la construcción de escenarios no violentos, y en ese sentido, es necesario que la rama judicial se sacuda de la corrupción que ha venido cegando su sano e imparcial juicio. Las  fuerzas policivas y de seguridad, en la restauración de la confianza y la desarticulación de las redes de micro tráfico, fleteo, sicariato y demás modalidades de delito. La familia en la transferencia de buenos principios y valores que propicien un niño y/o joven que se proyecte a la adultez como una persona de bien y comprometida con aportar en la construcción de una sociedad civil en paz.

 

José Luis Sierra Mendoza

Sobre el autor

José Luis Sierra Mendoza

José Luis Sierra Mendoza

Visión colectiva

Administrador de Empresas / Doctorando en Administración / Magister en Gerencia de Proyectos / Especialista en Administración Pública, en Gestión Ambiental y en Gestión de Proyectos / Docente universitario.

@JoseLui79192088

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