Opinión

Caídas y besos del festival de Poncho

Edgardo Mendoza

05/05/2016 - 07:40

 

Silvestre Dangond (izquierda) y Poncho Zuleta (derecha) / Foto: El Heraldo

Pasó la fiesta, la tormenta y la fama; así se define el festival para los tres sectores involucrados en el evento de Valledupar, año tras año. Los vallenatos pasaron una semana enormemente feliz, nadie que esté parrandeando al lado de amigos y amores y con la música de su gusto puede estar triste. El festival es una fiesta grande y democrática desde hace ya 49 años.

La tormenta es siempre para quienes la organizan, llámense fundación o autoridades municipales, pues la departamental este año (para bien de la FFLV) no organizó el festín aparte, que unos llaman competencia y otras oportunidades populares, o la fiesta de Lucho y Rafa.

Por la parte del municipio, la cosa parecía un homenaje al primer rey vallenato, Alejo Durán y concretamente a su canción “Mi compadre se cayó”, pues cayeron unos aguaceros que no dejaron dormir tranquilos a los funcionarios de Emdupar con sus turbiedades de siglos, pero la vaina se superó, hubo agua en el 93% del Valle.

Nuestro alcalde, Tuto Uhia, en su primer festival como ejecutivo, permitió la instalación de una carpa que alguien dejó mal puesta y se desplomó causando susto a quienes estaban cerca; no pasó mucho tiempo, cuando fue el mismo mandatario quien se desplomó de un caballo inaugurando una cabalgata y ahora usa bastón y lentes como el expresidente Gaviria, y ya comentan que es para parecerse al pereirano liberal. O al exgobernador Araujo Cotes. En cuanto a la caída del caballo, dicen sus asesores que fue un homenaje a Poncho Zuleta que hace algunos años hizo la misma gracia en una de sus fincas.

Lamentable que Marina Quintero investigadora paisa quien honrosamente nos visita desde el primer festival también sufrió una  caída en La Pedregosa; suelo, edad y tacones, no todo el tiempo pueden estar juntos. Para cerrar con las caídas, el sistema de las credenciales periodísticas también sacó la mano y dejó a más de uno por fuera, cosa que el presidente Rodolfo Molina calificó como “una mala pasada y ya”. Hace tiempo ahí funciona una mano invisible poderosa y selectiva que acredita y desacredita y tampoco pasa nada. Ni va a pasar, ni anteayer, ni hoy, ni mañana.

Como rey tenemos a Jaime Dangond Daza, joven con mezcla de Patillal y San Diego, vive en Bogotá y desde allá hace parte de las mejores fiestas costeñas, como debe ser. Un abogado de Urumita, Everardo Armenta compositor de buenos quilates ganó la canción inédita con lujo de detalles, mientras Jorgito Celedòn decidió retirarse porque sus acompañantes no llegaron a tiempo al lugar de las presentaciones y no quiso cantar con el grupo de planta que está para esos menesteres. ¿Para que sirvió el periodista que pasea por todo el mundo sin nunca haber puesto un vallenato en su vida? Al menos debía avisarle lugares y horas; fuera para enviar una foto de chisme en campaña politica o ponerse una camiseta para lambonear o un rector en búsqueda de la cuña, ahí si funciona. Cosas de lagartos en grado magister.

Mientras el festival brillaba, muchas cosas pasaron en el mundo vallenato: Un hijo de este pueblo, Hernando Quintero Maya es alcalde menor de Chapinero en Bogotá, diputados aprobaron el plan de desarrollo, Aroldo Quiròz Monsalvo entre a la Corte Suprema de Justicia y su hermanito menor, Aníbal gana la primera victoria temprana con el plan de desarrollo de avanzar fue posible. Y caerse también. Faltan dos paisanos en lista de espera que tarde o temprano deben nombrar. La transformación, ¡es ahora!

¡Claro que pasaron cosas buenas! La revista musical en la inauguración, el concierto de Carlos Vives y Manà, noche de compositores en Rio luna y Club Campestre, para solo mencionar esas. Por mejorar la movilidad y la entrada al parque lo cual en sesenta años será realidad, volver a la tarima giratoria, cambiar las cortinas rojas de circo pobre por los nuevos tiempos, baños limpios y gratis, precios justos y trato personal mejor para todos, incluso para los periodistas.

Como en todas las fiestas quedan detalles, olvidemos el video presidencial que dañaron “Ñego y Dálmata” nuevo y minoritario grupo rockero de Antioquia, pero nacidos en el Valle.

En una semana Emilianito Zuleta no sufrirá vergüenza por el beso de Poncho y Silvestre, Poncho ya no tendrá guayabo ni se acordará del beso, Silvestre seguirá en otro nivel y el nivel del Guatapurí estará estable a la espera de que lo respeten sus visitantes. ¿Y Matta? Bueno, matará su tiempo entre Barranquilla y Santa Marta, mientras “Calata” Mendoza se encaletará mientras pase el próximo aguacero. Feliz mayo y a sus queridas madre, abrazos.

 

Edgardo Mendoza Guerra

Tiro de chorro 

Sobre el autor

Edgardo Mendoza

Edgardo Mendoza

Tiro de chorro

Edgardo Mendoza Guerra es Guajiro-Vallenato. Locutor de radio, comunicador social y abogado. Escritor de cuentos y poesías, profesor universitario, autor del libro Crónicas Vallenatas y tiene en impresión "50 Tiros de Chorro y siguen vivos", una selección de sus columnas en distintos medios. Trata de ser buena gente. Soltero. Creador de Alejo, una caricatura que apenas nace. Optimista, sentimental, poco iglesiero. Conversador vinícola.

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