Opinión

Pobreza vs deporte

Diógenes Armando Pino Ávila

04/07/2016 - 07:05

 

Todas las tardes voy al Parque Estadio que la gobernación anterior edificó en mi pueblo. En términos generales, una obra bonita que la comunidad necesitaba y que el departamento estaba en mora de realizar. Igual que muchos paisanos adultos, jóvenes y niños llegamos al Parque Estadio a practicar algún deporte; los adultos como yo, llegamos esperanzados en que las caminatas y ejercicios retarden un poco los efectos de los desmanes de juventud que ya comienzan a pasarnos factura de cobro por lo que hicimos en acceso o por lo que nunca quisimos hacer a su debido tiempo.

Ahí encuentro adultos, jóvenes, que chorreando sudor quieren espantar la cercana presencia del ingreso a la vejez, aferrándose con dientes y uñas a una juventud que ya se despide socarrona, abandonando sus cuerpos, pero que sus mentes se niegan a aceptar. También hay jóvenes y niños deseosos de quemar esa vitalidad desbordante que su edad produce en forma exuberante, son incansables, corren, saltan, juegan, montan bicicletas, charlan, gritan y un montón de cosas más en una explosión de vida asombrosa que denota su buen estado físico y mental, son jóvenes sanos, ajenos al consumo de sustancias psicoactivas que sacan tiempo para divertirse sanamente.

Hay otro grupo, igual al anterior, de jóvenes y niños, alegres y bullangueros como los anteriores, llenos de igual vitalidad y alegría, sanos, ajenos y alejados del consumo de sustancias psicoactivas. Estos ordenados y con disciplina asisten al Parque Estadio, todas las tardes y bajo la orientación del profesor Alejandro Lemus le apuestan al deporte de atletismo, jabalina, bala y martillo como la actividad para aplacar su desbordada vitalidad.

Son jóvenes de los sectores más deprimidos de Tamalameque que quieren hacer carrera en el deporte para romper el círculo de pobreza que atenaza sus hogares y su entorno.  Llena de alegría y esperanza ver a esta veintena de jóvenes niños asistir todas las tardes en forma puntual y ordenada con la esperanza de ser grandes en la disciplina que practican. Sí, me da inmensa alegría y me llena de orgullo verlos con la tenacidad que emprenden sus tareas, sin desmayar, sin rendirse. Verlos chorrear sudor, en esa terquedad que solo los convencidos de que sus sueños se pueden hacer realidad con esfuerzo, lo hacen. Pienso que hay gente buena como el profesor Lemus, que sacrifica sus tiempo libre, sus vacaciones, impulsando a estos jóvenes y niños, inculcándoles que solo con disciplina y sacrificio pueden llegar lejos, viajar, triunfar, tener reconocimiento, fama y poder ayudar a sus familias a salir de la pobreza.

Pero, como siempre, la felicidad no es completa. Siento infinita tristeza, impotencia y rabia, al ver a los varones practicar con sus pantalones y camisas de diario y a las niñas correr y hacer los ejercicios que la disciplina le impone, vistiendo sus faldas y blusas de diario también. Sin embargo no se arredran, ni sienten complejos, corren, saltan, hacen los ejercicios que su entrenador les dice con la mirada centrada en triunfar algún día con su deporte.

Duele el alma, verlos a niños y niñas, correr descalzos sobre el rústico asfalto de la pequeña pista atlética y al final verlos curarse con saliva sus ampollados pies, pues no tienen unas zapatillas apropiadas para la práctica del deporte. Me siento impotente y lleno de rabia al ver que los entes gubernamentales, nacionales, departamentales y el municipal ignoran o se hacen los de la vista gorda con esta situación. Creo que entretenidos como están haciendo negocios con el erario no les interesa, no les importa los sueños de estos jóvenes y niños, solo les interesa el metálico, el vulgar y vil dinero y nos les inmuta hacer patria, no les interesa fundamentar la paz.

Sinceramente creo que en esta etapa de posconflicto hay que replantear las cosas y que los dineros de cultura y deportes deben llegar a eso, a cultura y deporte, y sobre todo, que los recursos departamentales deben llegar a los pueblos, a estos jóvenes y niños compatriotas nuestros que quieren una Colombia en paz y tratan con sus medios y con sus cualidades de físico y disciplina romper la garra monstruosa de la pobreza. Por favor no se roben ni dilapiden los recursos de la cultura y el deporte, eso es doble crimen: Robar y acabar con las ilusiones de estos jóvenes y niños que creen en Colombia en paz y apuestan por salir de la pobreza con esfuerzo y dignidad.

 

Diógenes Armando Pino Ávila

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Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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