Opinión
Editorial: Si tu amigo periodista te plagia…

A lo largo de los casi 5 años de actividad de este periódico cultural, varios periodistas de la casa editorial, todos ejemplos de ética y profesionalismo, han acudido a la dirección para pedir consejo. Abiertamente alterados, acudían con evidencias fehacientes y algunos comentarios de incomprensión para explicar lo que siempre parece difícil de creer: un amigo periodista les había plagiado.
La noticia no es fácil de encajar. Y pese a la primera reacción de la dirección –que busca calmar el estado de indignación de los afectados para luego reflexionar sobre qué decisión tomar–, el periodista siempre vive ese momento como la peor de las traiciones y el peor de los descaros. Poniéndolo en otras palabras es igual de impactante que descubrir a su novia o novio en brazos de otro u otra.
El dolor causado por el plagio puede ser tan vivo como el de un atraco ya que, además de llevarse el trabajo de otro, el periodista oportuno (por usar algún eufemismo) luego no le molesta llevarse el crédito e incluso lucirse en redes y otros eventos sociales hablando sobre ética y otros temas que, en realidad, desconoce y desprecia.
En alguna ocasión, un periodista dolido repetía en medio de su denuncia: “¡Pero si era un amigo!”. El muchacho se tomaba el plagio como la peor de las provocaciones y le tuvimos que abrir los ojos: ese periodista no es ni amigo ni periodista. En otro caso, una periodista comentaba: “¿Pero el bobo no se da cuenta que vivimos en la misma ciudad y que todo se sabe?”. Y esa misma periodista añadía -luego de darse cuenta que ese mismo plagiador-atracador era un reincidente–: “Y ese tipo se ha llevado varios premios departamentales”. Así es la cruda realidad: la mayoría de los plagiadores no saben que mencionando la fuente, se ahorran muchas penas, y de paso, pueden mantener una cierta imagen.
Obviamente, plagiar no es asunto para mentes brillantes, y en una ciudad de tamaño relativamente reducido como Valledupar, o en la misma costa Caribe de Colombia, donde todos terminamos conociéndonos, es también vergonzoso.
Habitualmente, como tendemos al positivismo, lo que decimos a nuestros periodistas es que pueden sentirse orgullosos por tener un colega o incluso un amigo periodista que les plagia. Esto significa que están alimentando a otro periodista con dificultades para la redacción, o incapaz de investigar. Están haciendo una labor caritativa, les decimos. También les elogiamos diciéndoles que sus escritos son interesantes, que están demostrando que esta publicación es una referencia en temas culturales y que la información que aparece es totalmente confiable. Este es el gran valor de este periódico. Un contenido exclusivo, elaborado con el sudor de la frente y el amor por la profesión (y, evidentemente, su ética).
Por otro lado, el hecho de que un periodista se apropie del trabajo de otro es señal de que llega tarde, y eso no deja de ser otro halago a los periodistas de este medio quienes cuentan historias inéditas, redactadas con todo el sacrificio y el mérito de una tarde –o de varios días- de trabajo.
Lo que no solemos enfatizar es la poca creatividad y originalidad que demuestra el periodista que plagia. Dicho en otros términos, el periodista plagiador tiene poco amor propio, y poco amor por una profesión que debe respeto el gran público y brindarle información nueva.
Por favor, amigo plagiador: cuida esta bella profesión.
PanoramaCultural.com.co
1 Comentarios
La Razón evidencia muchas limitaciones con base en la Ética, pues el plagiario se le dificulta conocer su verdad a través de la razón. *¡Bon Sort!!** [ Jairo Tapia Tietjen, jtt.stspiritu2@outlook.com ]
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