Opinión

Medio año y de aquello nada

Diógenes Armando Pino Ávila

08/07/2016 - 07:25

 

Es medio año, han pasado seis meses y 8 días desde el momento en que se posesionaron los alcaldes del país, el día de su posesión, ellos, los burgomaestres llenos de whisky, y hartos de anís sus seguidores, prometían los unos y creían los otros que les había llegado “su hora”, no se dieron cuenta (los simpatizantes) que esa diferenciación en el licor con que celebraban era el comienzo del cambio, y que nunca tomarían de lo mismo desde ese ese momento en adelante, como lo hacían en campaña, donde eran uno y lo mismo candidato y prosélitos.

No se percataron los vociferantes y triunfalistas admiradores y amigotes, que ahí se comenzaba  a establecer diferencias y dejar bien claro quién iba a ser el “nuevo rico” y quienes los copartidarios que seguirán pensando que el triunfo era del colectivo y que la prosperidad que genera el erario les tocaría. Así es la política en los pueblos, continuarán viviendo triunfos en cuerpo ajeno.

Decía que ha pasado medio año, en algunos municipios se nota una dinámica diferente, sus alcaldes y concejales demuestran un dinamismo que traducido en proyectos y gestión reflejan compromisos de inversión de los entes territoriales y nacionales, estos mandatarios locales se han sabido rodear de un equipo de trabajo eficiente, que se preocupan por mantenerse informados sobre los planes y proyectos nacionales y departamentales y se dan la pela mediante gestión y roce político con senadores, representantes y diputados para entrar y hacer que sus municipios sean partícipes de la inversión. En algunos municipios ya  comienzan obras gestionadas por esos nuevos alcaldes y se espera el comienzo de otras; sus moradores están contentos, sus partidarios exultantes de alegría por haber acertado en la elección de su alcalde, se puede decir que son pueblos afortunados, pues el electo llegó preparado a realizar la tarea que la democracia colombiana le delegó.

Hay otros pueblos donde la desesperanza comienza a aflorar y hasta los áulicos más optimistas empiezan a notar que su elegido no está cumpliendo el cometido para el cual fue elegido, comienzan las críticas, comienza el rumor, se elevan voces autorizadas para señalar la desidia y la falta de interés en la gestión. Los moradores de estos municipios empiezan a hacer comparaciones de la gestión de sus alcaldes con la de los de pueblos vecinos y empiezan a ver y a sentir la diferencia. Sus pobladores piensan que seis meses, medio año, es tiempo suficiente para comenzar a mostrar resultados, tiempo suficiente para que sus habitantes sepan que ya hay obras en ejecución o por lo menos proyectos presentados, inscritos o viabilizados en los bancos de proyectos departamentales o nacionales.

Pero, hay otros municipios donde sus mandatarios, igual que los anteriores, no han mostrado nada, no han gestionado nada, no han movido siquiera una línea para la fundamentación de proyectos. Alcaldes que permanecen toda la semana por fuera de su despacho, viajando a la capital del Departamento o a Bogotá en la supuesta tarea de gestionar proyectos, y  en efecto, lo hacen, viajan, van a la capital, visitan restaurantes finos, bajan en hoteles lujosos, consumen viandas exquisitas, liban excelentes licores en parrandas interminables con sus amigos viejos y nuevos levantados en este viaje de mandatario, pero no hay gestión, no pasan de hacer el parrandón pagado por el erario municipal.

Hay otros alcaldes, que viajan y permanecen fuera de su despacho, visitando la gobernación o en la capital del país visitando ministerios pero lamentablemente los proyectos lo llevan en la cabeza ya que en el maletín no llevan absolutamente nada, es decir, van sin proyectos, son administraciones sin ton ni son, que no han entendido que el país mueve y decide la inversión pública es a base de proyectos, bien fundamentado.

A todas estas, algunos alcaldes tienen suerte de recibir el acompañamiento de representantes, senadores y diputados que desean ayudarlo y les sirven de monaguillos para llevarlos de la mano de ministerio en ministerio en una labor piadosa, pues saben que el tipo es un paquete que no decide, que no administra y que no tiene un equipo capaz de asesorarlo y de prepararle los proyectos que el pueblo necesita.

Hay unos que han confundido su labor y andan en los pasillos de las gobernaciones en su eterna pose de manzanillos o de manzanillos recién graduados, en la búsqueda incesante de “candados y escobas”, es decir, se pelean como cosa de honor los cinco celadores y las cinco o seis aseadoras que la gobernación nombra por contrato en los colegios oficiales de sus municipios. Saben que estos contraticos son el insumo para mantener contentos a 10 de sus seguidores que hablarán por él, que le defenderán a capa y espada y que amedrantarán al que ose criticar o cuestionar su paquidérmica administración. Serán 10 chupamedias, 10 sacamicas que harán bocina pregonando a los cuatro vientos que tienen al mejor alcalde del mundo.

Esos mismos alcaldes que aprovecharán las fiestas patronales, para llevar unos conjuntos vallenatos y brindarle al pueblo pan y circo, y el pueblo borracho olvidará el desgobierno y se divertirán a mares extraviados en la ignorancia, y seguirán navegando en el piélago de la ineptitud que desde el despacho de esos alcaldes se irradia hacia todas las capas de esa sociedad que indolente ve cómo pasa el tiempo sin solución a sus problemas.

Esos alcaldes tienen la suerte de encontrar en sus admiradores, voces que pregonan reclamos al gobernador, a los diputados, a los senadores y a los representantes exigiendo inversiones en sus municipios, pero se guardan decir, o no conocen que la gestión debe iniciarse desde las alcaldías, que mientras sus alcaldes no hagan proyectos y los presenten ante los entes correspondientes, estos  representantes, senadores y diputados no pueden hacer nada, pues la labor de estos últimos es política y lo único que pueden hacer es lo dicho anteriormente: Acompañar y presionar a los entes gubernamentales para que financien los proyectos que los alcaldes presenten.

Estos alcaldes mencionados de último tienen seguidores amaestrados que lo excusan ante las críticas, con el decir que apenas comienza y que hay que darle tiempo a al tiempo para que arranque, estos seguidores no dimensionan que van seis meses, medio año y que se han gastado medio presupuesto anual que por muy pobre que sea ese pueblo, es una cifra significativa de varios miles de millones de pesos.

Hay que hacer un frente común y pedirle a los senadores, representantes, diputados y gobernadores que inicien el estudio de proyectos de infraestructura para estos municipios, que lo hagan desde la gobernación y que los ejecuten desde allá, pues muchos municipios, muchas alcaldías, no están preparadas, ni administrativa, ni financiera, ni técnicamente para administrar proyectos y contrataciones y sería un desperdicio y un riesgo que esos recursos cojan mal rumbo debido a esta falencia e incapacidad administrativa de muchos de esos alcaldes.

Señores alcaldes, por favor pellízquense, los pueblo necesitan gestión, proyectos, ejecución, no crean que cumplen su deber con una fiesta aquí el día del niño, otra allá el día de la madre, otra acá el día del padre, otra el día del maestro, y fiestas el día del Santo Patrono de cada una de las veredas, corregimientos y caseríos, no,  con eso no están cumpliendo con el sagrado deber que el pueblo les encomendó. No más pan y circo, no más parrandón, trabajen por sus pueblos, hagan proyectos, gestionen recursos y verán que si con severidad son criticados, con entusiasmo serán aplaudidos. Adelante pues, les quedan tres años y seis meses para demostrar que saben y sirven.

 

Diógenes Armando Pino Ávila

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Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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