Opinión

Oro, plata y bronce

Diógenes Armando Pino Sanjur

24/08/2016 - 05:55

 

Óscar Figueroa, medalla de oro en Brasil 2016

Finalizaron los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro y nuestros deportistas desempeñaron una sobresaliente participación, alcanzando 3 medallas de oro, 3 de bronce y 2 de plata. Todos los colombianos nos llenamos de orgullo y júbilo con los logros de Mariana Pajón, Katherine Ibarguen, Oscar Figueroa, Yuri Alvear, Yuberjen Martínez, Ingri Valencia, Carlos Alberto Martínez y Luis Javier Mosquera entre otros.

Estos deportistas, con sus hazañas y sus momentos de gloria, nos hicieron olvidar por un momento la polarización que vive el país entre los que están de acuerdo con el plebiscito y los que no. Sacaron de nuestras mentes la polémica desatada por unas supuestas cartillas de identidad de género del MEN, relegaron la problemática social que se vive en Bogotá por el desalojo del Bronx, o los atropellos denunciados en la Costa Atlántica contra la empresa Electricaribe.

Estos héroes de la patria nos desconectaron de la problemática que a diario vivimos, de las necesidades insatisfechas que padecemos y la falta de oportunidades y crisis económica que nos azota, estos deportistas se convirtieron en el centro de atención de los medios de comunicación, políticos y ciudadanía en general donde a cada instante nos maravillábamos con el salto de la Ibarguèn, la decisión de Mariana o la fortaleza de Figueroa.

Los resultados en los olímpicos nos llenaron de satisfacción y orgullo, pero como ocurre en nuestro país, fácilmente olvidamos las necesidades que deben padecer los deportistas para lograr las metas propuestas, donde encontramos que estos talentosos no cuentan con verdaderos escenarios deportivos donde puedan adelantar su preparación. No existen Centros de Alto Rendimiento en las principales ciudades donde los deportistas puedan acudir para fortalecer sus aptitudes y capacidades. Y hay una falta de apoyo económico a las diferentes ligas del país.

En Colombia existe el material, somos gente con unas condiciones físico atléticas envidiables, que debemos aprovechar y fortalecer, pero para ello se hace necesario de manera urgente una ley que fortalezca el deporte, que garantice la inversión en la diversificación y mejora de escenarios deportivos, incentivar al deportista para que se dedique de tiempo completo a su preparación deportiva y no exponerlo a que tenga que dejar la práctica del deporte por tener que buscar el sosteniendo diario de él y su familia.

Mientras no se apoye el deporte en Colombia, los logros obtenidos en las diferentes competiciones seguirán siendo los del esfuerzo individual, los deseos y las ganas de salir adelante de cada atleta, más no de la planeación y ejecución de una política de estado.

El deporte colombiano nos ha brindado muchos logros, merece reconocimiento, apoyo e inversión para que los resultados sean cada vez más notorios y sostenibles en el tiempo, no podemos permitir que a una legión de gladiadores que dejaron en alto el nombre de Colombia les sea recortado el presupuesto para el año entrante.

No vanagloriemos y convirtamos en nuestros héroes a los deportistas solo cuando brillan y obtienen reconocimiento internacional por sus actuaciones, apoyémosles y brindémosles la importancia que se merecen en cada momento de sus vidas. Solo así, y nada más que así, garantizaremos muchas más medallas de Oro, Plata y Bronce para Colombia.

 

Diógenes Armando Pino Sanjur

@mafranpisa 

Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Sanjur

Diógenes Armando Pino Sanjur

Tamalamequeando

Diógenes Armando Pino Sanjur, más conocido como May Francisco, nació el 24 de junio de 1976 en un pueblo mágico lleno de historia, cultura y leyendas situado en la margen derecha del Río Magdalena llamado Tamalameque. Hijo de los docentes Diógenes Armando Pino Ávila y Petrona Sanjur De Pino, tiene 2 hijos, May Francisco y Diógenes Miguel, los cuales son su gran amor, alegría, motor y mayor orgullo. Abogado de Profesión, despertó su interés con la escritura de su padre quien es escritor e historiador, se declara un enamorado de su pueblo, de su cultura (la tambora) y apasionado por la política como arte de servir.

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