Opinión

Cayó un gato boca arriba

Diógenes Armando Pino Ávila

09/09/2016 - 11:30

 

El Procurador Ordoñez

La expresión coloquial con que encabezo este texto, se la escuché hace muchos años a un anciano de mi pueblo y la había olvidado, pero, al enterarme de la acertada decisión de la Sala Plena del Consejo de Estado, en el sentido de anular la reelección del doctor Alejandro Ordóñez como Procurador Nacional, la recordé y no pude evitar mi impulso de publicar la noticia en mi twitter con un trino donde repetía la frase coloquial del viejo Sáenz Camacho.

Es que los gatos, al igual que los demás felinos, tienen una elasticidad de atletas consumados. Siempre he admirado la capacidad que tienen de contorsionarse en el aire y de la forma rápida con que lo hacen para caer siempre de pie. Nunca les he visto caer de espaldas, de costado o en mala forma, siempre caen de pie, y al posar sus abullonadas patas en el suelo, salen caminando o corriendo con esa gracia felina con que la naturaleza les ha dotado.

El ex Procurador Ordóñez pensó tener la condición gatuna, y en efecto en su primer periodo la tuvo, supo sortear todos los obstáculos legales para imponer su “santa” voluntad; se contorsionó entre el defensor de la Ley y el político marrullero, entre el disciplinador y el perseguidor, entre la religión y el fanatismo, entre el defensor de la familia y el homofóbico y misógino furibundo. Amparado en ese manto de derecha revelada por el Supremo Hacedor se sintió el elegido vengador de los parapolíticos investigados y destituidos por la Corte, y se sintió revestido para iniciar su propia cacería de brujas, destituyendo a Piedad Córdoba, Petro y tantos otros, pero no contento con eso, quiso demostrar su arrogancia y desprecio por la justicia absolviendo a los más sonados casos de corrupción que se ventilaban en el país y sobre todo absolviendo responsables y determinadores de vergonzosos casos de masacres, falsos positivos y otras lacras más.

Con la verdad revelada por el Sagrado Corazón, patrono de Paloma Valencia, se convirtió en caja de resonancia para amplificar las consignas apocalípticas de esa ultraderecha que piensa que el estado natural de nuestro país es la guerra, y en su delirio de grandeza inició una cruzada de Sancho Panza venido a más para perseguir no a los monstruos con forma de molinos, si no, que en su insania, persiguió a esos quijotes vestidos de blanco que pregonaban una paz posible.

La Sala Plena del Consejo de Estado, le puso el cable a tierra, bajándolo del cogollo de su orgullo, con la mala suerte para él, que no pudo, a pesar de sus marrullas, tener la elasticidad para contorsionarse en el aire y caer de pie con la gracia gatuna, por el contrario, estrepitosamente cayó de espaldas golpeándose sus santas posaderas de lefebvristas sin tonsura.

El país desde hace un tiempo ha iniciado un cambio, lo que antes parecía imposible que ocurriera, está ocurriendo. Hay poderosos condenados, políticos corruptos destituidos y apresados; una izquierda deliberante en el Congreso de la República, una guerrilla que busca la paz; militares honestos y valerosos capaces de dar la mano a sus enemigos; un joven negro que argumenta con respeto, pero con razón ante un Uribe desconcertado y sin respuestas; paramilitares que hablan de paz; en fin, cosas que en el pasado era imposible siquiera imaginar que pasarían, están pasando aquí y ahora, en este país llamado Colombia.

Falta mucho por avanzar, falta mucho por superar, pero creo que vamos por el camino correcto, pienso que estamos construyendo el futuro de nuestra Patria; vislumbro un futuro donde las nuevas generaciones, nuestros hijos, nietos y demás descendencia puedan vivir en paz y armonía. Esto solo se logra recomponiendo el camino, destruyendo esos mitos monstruosos que tanto daño le han hecho a nuestro país; hay que cambiar de plano ese paradigma del terror con que nos dominaron y gobernaron por tanto tiempo. Es hora de que muchos otros gatos caigan boca arriba.

 

Diógenes Armando Pino Ávila

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Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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