Opinión

Llegó un presidente a un pueblo costeño

Diógenes Armando Pino Ávila

07/07/2017 - 06:30

 

El presidente Juan Manuel Santos en Chimichagua (Cesar)

 

Que un presidente de Colombia visite a un pueblo costeño, es por decirlo de algún modo, “un parto de mula”, por eso, cuando lo hace, es un acontecimiento digno de registrarse en los infolios historiales del pequeño municipio e incluso en los de los pueblos vecinos.

Cuando el primer mandatario de la nación llega a uno de esos poblados abandonados de la mano de Dios, generalmente lo hace por haber ocurrido una catástrofe como la de Mocoa o la de Armero, también lo hace cuando ha habido una violenta toma guerrillera y han muerto soldados y policías. Rara vez lo hace por acontecimientos normales, como fiestas o inauguración de obras.

En Chimichagua, un pueblo enclavado a orillas de la ciénaga de La Zapatosa, conocido por ser la cuna de Guillermo Cubillo, el propietario de esa inmensa canoa llamada La Piragua en la que uno de sus bogas fue ese negro descomunal y legendario llamado Pedro Albundia, ése que “en las noches a los remos le arrancaba, un melódico crujir de hermosa cumbia” descritos en la composición magistral del más prolífico compositor colombiano, José Benito Barros. A esas playas de amor, el día cinco de julio de este año 2017, llegó el presidente Juan Manuel Santos con el objeto de inaugurar el muelle turístico sobre las aguas de la ciénaga de La Zapatosa.

Este acontecimiento, por supuesto, motivó la romería y, en esa hojarasca garciamarquiana, llegó a Chimichagua curiosos de todos los pelambres, mirones, lambones, cacos, periodistas de pueblo, estudiantes, campesinos, madres solteras, bailadores de tambora y una especie especial de fauna, esta sin pelambres (los lagartos no tienen pelos), entre ellos, diputados, senadores, representantes, concejales, alcaldes y otras especies menores compuesta por exalcaldes, ex políticos, líderes en decadencia, aduladores consumados y lameculos de oficio de esta frondosa fauna criolla.

La mayoría de estos buscando vigencia de un reinado en ocaso que sobreagua a la deriva en la nostalgia y en los sueños de retoma del poder, malogrados por la historia de sus propias incapacidades y desaciertos. Estos últimos, huérfanos del poder y con la añoranza de libar de nuevo el fermento espirituoso que se añeja en los odres del presupuesto municipal. Llegan con la esperanza copiada de una juventud actual pero lejana a la suya, de si tienen suerte hacerse unas fotografías (selfies) con el presidente, con algún ministro, y si la tal suerte le es esquiva se la toman con un viceministro, senador o representante asistente, de no ser así les queda la oportunidad de posar sonriente a orillas de la ciénaga como si estuvieran haciendo turismo, para luego subirlas a las redes sociales y presumir de sus altas amistades y la deferencia de estos personajes hacia ellos.

El presidente inauguró la tercera fase del muelle turístico y anunció su compromiso de dotarles de infraestructura turística y la construcción de un colegio, supongo que los alcaldes de los diferentes municipios que llegaron al acto, fueron armados de proyectos y aprovecharon algún pequeño espacio de la agenda presidencial para hacerle solicitudes formales sobre obras de infraestructura para sus propios municipios.

Me imagino que los alcaldes de los municipios que hacen parte del complejo cenagoso de La Zapatosa plantearon la necesidad de integrarse a ese plan turístico que anunció el gobierno, que impulsará con la ayuda de la unión europea. Ya veo el movimiento de turistas extranjeros y criollos explorando nuestra ciénaga en los tures ecoturísticos, entrando en buses y otros medios por corregimiento de Zapatosa o Las Vegas para abordar las lanchas rápidas que les llevará por las aguas encrespadas de esta ciénaga hermosa e inspiradora.

Supongo que en el malecón sobre El Río Grande de la Magdalena, que Corpomagdalena hizo en La Boca de Tamalameque, la alcaldía tendrá proyectado la construcción de hermosos quioscos para atender a los turistas que vendrán a disfrutar de nuestra gastronomía y disfrutarán paseos en chalupa por el río, mientras que otros penetrarán por el caño Tagoto en busca de la ciénaga del Cristo a disfrutar del paisaje natural y por las tardes disfrutarán de las presentaciones dancísticas de los grupos de folclor local, antes de salir por el Magdalena hacia la población del Banco y pasar por el río Cesar a la localidad de Chimichagua.

Vislumbro surcar las aguas de nuestra ciénaga por motos náuticas y lanchas rápidas halando los esquíes donde se deslizan los turistas. Escucho el rugir de los aviones livianos surcando nuestros cielos llevando los turistas extranjeros a contemplar desde lo alto la majestuosidad de nuestros espejos de agua. Ya veo a las alcaldías de estos municipios haciendo convenios con el SENA para preparar a nuestras gentes en aspectos culinarios, presentación de platos y atención a los turistas. Me imagino que ya hay planes y proyectos de asociación de los propietarios y conductores de chalupas para prepararlos en el trato al visitante que abordará sus embarcaciones para maravillarse con el paisaje del río y de las ciénagas.

Ya veo a los grupos folclóricos de Tamalameque y Chimichagua cantando y danzando tamboras, guachernas, berroches y chandé, lo mismo que las flautas de millo elevarán su alegre melodía acompañando una cumbia coquetona para deleite de ese turismo que acudirá a nuestros pueblos y que consumirán licor mientras aprenden la danza vernácula de nuestros pueblos antes de irse embriagados a descansar en las cabañas turísticas a orillas del río y de las ciénagas.

Hay tantas cosas por hacer, para aprovechar lo que la naturaleza y Dios nos ha dado, pero falta imaginación y creatividad de los alcaldes y sus equipos, para ponerlas a funcionar con personal nativo antes que nos invadan los foráneos. En fin, soñar no cuesta nada.

 

Diógenes Armando Pino Ávila

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Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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1 Comentarios


Luis Angel santodomingo Rico 07-07-2017 06:54 PM

CMis sueños 22 de noviembre de 2011 a la(s) 20:20 Evocando mis recuerdos de infancia, juveniles y de adolescencia y comparándolos con mis sueños que siempre han enmarcado las ilusiones de ver al pueblo que me vio crecer, como un polo de desarrollo y armonía, donde fluya el progreso, la cultura ancestral y el respeto por los derechos y bienes del pueblo; se me llenan de alegría mis pupilas saboreando la dicha soñada, pero cuando vuelvo a la realidad mis pensamientos se derrumban pues la verdad es diferente. En todos mis sueños veo una Tamalameque pujante con un crecimiento comercial envidiable, con sitios turísticos que enmarcan la cultura y sus costumbres, mitos y leyendas y estas enlazan con la belleza del majestuoso Rio Magdalena, observado desde el bello puerto Bocas y sus alrededores llenando siempre de alegría a sus pobladores y a quienes los visitan. También veo en mis sueños una carretera pavimentada donde hay una variante por la vía a el corregimiento de Antequera, que lleva a los turistas a la gran ciénaga de Zapatoza, donde sus habitantes los reciben con los brazos abiertos mostrándoles sus lugares espectaculares para el baño en sus cálidas aguas que mansas reposan en su ciénaga; así mismo donde puedan degustar deliciosos platos de los productos que posee esas aguas. Cabañas confortables donde disfruten una estadía de descanso y paz. Observo además una Administración llena de energía preocupados por mantener el orden y el respeto por los derechos y los erarios del pueblo, para invertirlos en las obras que más se necesitan. Una juventud estudiosa con sentido de pertenencia por su tierra donde puedan invertir sus conocimientos con amor y responsabilidad. También una calle real cubierta de adoquines a orillas del caño tagoto hasta llegar a la entrada de Puerto Boca, con árboles de lado a lado completamente iluminada, adornadas con bancas y kioscos donde se sienta el aire puro de la naturaleza y los pobladores y los turistas puedan caminar acariciando la brisa del Majestuoso Rio Magdalena. Un campo pujante y reverdecido por árboles frutales, Palma y demás delicias que nos regala la madre tierra, donde la gente de los pueblos adyacentes vengan a surtirse de los buenos y excelentes productos que con esmero cultivan y cuidan nuestros campesinos. Que sueños tan hermosos pero que pueden ser factibles y reales si todos pensamos en la tierra que nos vio nacer y crecer. Luchemos por ese objetivo, se puede. Escrito por Luis Ángel Santodomingo Rico Escrito el 22 de noviembre de 2011 a las 20.20 comparto su columna Amigo Diogenes con este comentario personal:

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