Opinión

El día que me confundieron con Alfredo Cuello

Arnoldo Mestre Arzuaga

17/08/2017 - 08:10

 

Curumaní, plaza de la ceiba del mago

 

Corría el año 1986, para entonces apenas contaba con 36 años de edad. El país estaba gobernado por Belisario Betancourt. Las informaciones mediáticas hablaban de una paz cercana con los grupos rebeldes.

El departamento del Cesar era gobernado por Luis Rodríguez Valera (mi tío), y yo era un próspero agricultor. Nunca quise aceptar un puesto público.

En horas de la noche mi tío me llamó a través de su secretaria privada, Edelma Castilla. “Hola, Nondo el gobernador quiere hablarte urgente”. Después de su familiar saludo me dijo: “Nondin, necesito que me hagas un favor. El fondo ganadero del cesar me está vendiendo unos terneros, están cerca de Curumaní. Ponte en contacto con Hugues (hermano del gobernador) y viajan temprano mañana, los ves y si te gustan los marcan y, al regresar, hablamos”.

Pasamos por Curumaní y a pocos kilómetros nos desviamos a la derecha, no habíamos avanzado mucho cuando una turba de gente se nos atravesó en la carretera. En aquellos tiempos yo tenía una camioneta Ford Lariat Ranger último modelo que le había comprado a mi amigo Daría Romero. La muchedumbre era dirigida por un hombre delgado. De baja estatura y de ojos vivarachos recuerdo que se identificó muy alegremente: Doctor, soy Chiquillo, lo estamos esperando desde temprano todo el pueblo quiere escucharlo.

Yo no entendía nada. Pero mi tío Hugues, un campesino que goza de una inteligencia natural que hasta le adivina el pensamiento a las personas, me codeó fuertemente y me dijo: no te vayas a correr vamos a ver en que termina esta vaina.

Chiquillo se montó en la cabina del carro y otras personas lo hicieron en el vagón, cosa que me incomodó porque yo andaba mareado con mi camioneta nueva. Pero mi tío con la mirada me hablaba así que me quedé cayado.

Chiquillo no paraba de hablar: “Doctor, todo el pueblo está con usted.  Aquí el venaero del gobernador no saca más un voto. Ahora verá como lo van a recibir”.

Yo estaba muy nervioso, no sabía cómo actuar. Pero mi tío con su mirada inquisidora no me dejaba flaquear. Detrás de nosotros nos seguían otros vehículos repletos de gente que gritaban arengas alusivas al partido y al candidato Alfredo Cuello. Al entrar al pueblo unas mujeres lindas se acercaron a la camioneta, yo bajé los vidrios y la más hermosa dijo: “Ay, él es lindo (suspiró)”. Después pidió las camisetas. Yo no sabía qué hacer. Pero mi tío se adelantó a responder todo viene en los carros que llegan atrás.

La muchacha quedó conforme con la repuesta pero antes de retirarse me estampó un beso en la mejilla y me dijo a quemarropa: “En la plaza está la banda, la primera pieza la bailas conmigo”. Esto me puso más nervioso todavía, pensaba que en cualquier momento nos descubrirían”.

Chiquillo no se cansaba de hablar. Me guió hasta una construcción en cimientos allí nos bajamos y habló fuertemente para que lo escucharan: “Doctor, aquí será nuestra iglesia. Comprométase a terminarla y contará con todo nuestro respaldo”.

Saqué fuerzas no sé de dónde y hablé poco pero diciente. “Con gente como usted es que quiero llegar a la cámara para hacer cosas palpables y que perduren en el corazón de todos ustedes. No sólo terminaremos la capilla sino que está misma noche hablaré con monseñor Roig y Villalba para que designe uno de los mejores sacerdotes para este pueblo”. Los aplausos fueron copiosos al igual que los abrazos.

Chiquillo de nuevo tomó la palabra: “Ahora, Doctor Cuello, vamos dónde la comadre Hortensia que allá le tenemos un desayuno”. Mi corazón parecía querer salir de mi pecho. Pensaba que Alfredo Cuello llegaría en cualquier momento.

Desayunamos copiosamente, recuerdo que en esa casa vendían vestimentos, así que mi tío Hugues echaba al vagón de la camioneta gajos de plátanos y racimos de guineos, yuca y cuanto estaba a su alcance.

Una mujer me miraba y me miraba y alcancé a escuchar cuando preguntó: ¿Es él? Cuando le afirmaron positivamente se acercó sonriente me abrazó y me dijo: compadre recuerde que se comprometió conmigo por teléfono a bautizar a Martica. Le respondí sin vacilar, será en la primera misa que celebremos en nuestra parroquia.

Mi tío Hugues se me acercó muy sutilmente y me dijo: “Pilas, hora de retirada”. Miró al público y les dijo tímidamente: “Les voy a robar al doctor por un ratico. Aprovechamos la venida aquí, señor Chiquillo, para comprar unos terneros de levante, nos dicen que son muy buenos en esta región”. Chiquillo quiso pegarse. Pero mi tío Hugues, muy hábilmente cerró la puerta de la camioneta y yo arranqué enseguida.

De regreso  le dije a mi tío Hugues; y ahora por dónde pasamos. Él me respondió: “Dale duro, no le pares a nadie”.
Como pude evadí las calles concurridas del pueblo y ya en carretera respiré más tranquilo, pero de frente avanzaba una caravana de vehículos encabezados por un campero Toyota dónde iba el candidato Cuello. Con sus guarda espalda y toda su comitiva

Al día siguiente muy temprano fui a la gobernación a informarle a mi tío sobre los animales comprados. Él quedó muy agradecido. me abrazó y me dijo: “Ajá y, ¿cuándo te decides a ser parte de mi gobierno?”.

Reí un poco y le dije: tío, tengo que contarle algo. El me quito su brazo del hombro y asombrado me interpeló. ¿Qué te pasa? ¿Nondin tienes algún problema? No, tío, no es nada, pero sí estoy asustado. Y empecé a contarle lo que les acabo de contar. Al terminar se puso de pie, pensé que me iba a regañar. Soltó una carcajada tan fuerte que Edelma Castilla su secretaria privada abrió la puerta y preguntó: ¿qué celebran? Jajaja. Ven acá Ede y escucha esto de Nondo. Jajaja. Bien hecho, Nondín. Ese Chiquillo me robó una plata en unas elecciones.

Nota: Estoy enfermo no dormí en toda la noche y decidí contarles algo real que me sucedió. Nunca conté esto antes, tenía miedo de que Alfredo cuello tomara represalias contra mí. Hace una semana me lo encontré en el lanzamiento del libro de Jaime Calderón B. Me saludó cordialmente y reí por dentro. También sentí tristeza, recordé a mi tío Lucho. Dios se lo llevó en un absurdo accidente. Tres años después, cuando venía de Pueblo Bello. No solamente era mi tío, era mi amigo, mi hermano mayor. Mi tío Huges está ya viejo, camina  el  paso cortico apoyado en un bastón y cada vez que lo veo me cuenta de las mujeres que tuvo y como nunca les creía sus mentiras…



Arnoldo Mestre Arzuaga 

 

Sobre el autor

Arnoldo Mestre Arzuaga

Arnoldo Mestre Arzuaga

La narrativa de Nondo

Arnoldo Mestre Arzuaga (Valledupar) es un abogado apasionado por la agricultura y la ganadería, pero también y sobre todo, un contador de historias que reflejan las costumbres, las tradiciones y los sucesos que muchos han olvidado y que otros ni siquiera conocieron. Ha publicado varias obras entre las que destacamos “Cuentos y Leyendas de mi valle”, “El hombre de las cachacas”, “El sastre innovador” y “Gracias a Cupertino”.

1 Comentarios


Carlos MTrujillo 17-08-2018 10:22 AM

Excelente escrito

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