Opinión

La noche del pesimismo

Carlos Cesar Silva

04/09/2017 - 07:10

 

 

Es el último domingo de agosto. El reloj de pared marca las 9:35 p.m. Un sol de rayos blancos engendra sombras y espejismos en la habitación. Estoy acostado en la cama, mis ojos deambulan suavemente por el firmamento de concreto. Acabo de hacer un recorrido por varios medios nacionales. Encontré todo tipo de noticias, pero los titulares sobre la violencia y la corrupción prevalecen: la familia del anciano que fue maltratado por un policía lo busca hace catorce años, los daños ambientales que dejó la Ruta del Sol, estos son los líderes sociales asesinados en el Cauca…

Siento que la decepción ensombrece mis sueños, mis energías. Colombia (o quizás el mundo) es un laberinto de hienas. Me produce vergüenza la manera como se maneja el Estado y la vida en sociedad, pero me resulta más irritante la dejadez humana: aunque poco nos esforzamos para lograr cambios, siempre nos andamos quejando de aquello que permanece mal. El sistema de las trampas y los egoísmos está incrustado en nuestras entrañas: vivimos maniatados al todo vale, a las ansías de triunfo y a las sonrisas hipócritas. Claro, a veces hasta creemos que merecemos seguir sin rumbo fijo, sin derechos.  

Es triste cuando expresamos o escuchamos las sentencias: “esto no lo va a cambiar nadie”, “ojo con lo que andas hablando” y “mejor quédate quieto”. Hay una resignación que me resulta menos instintiva que descarada, estamos condenados a perder contra la historia: esa que se repite sin piedad. Por supuesto, nos da mucha angustia sentir cerca la aniquilación de las ideas o más bien de los individuos, pero tenemos otros temores que son superiores: el miedo a reconocernos como iguales, a comprender que juntos somos imbatibles y a manifestarle a quienes siempre han manejado el poder que es el momento de hacer los verdaderos cambios.

Ahora rastreo la imperfección de mis actos. Pienso que un mejor porvenir se construye sin obsesiones, sin narcisismos. Respiro una Colombia que es apuñalada por mis pequeñas corrupciones: no hacer una fila, volarme un semáforo, traicionar a una novia, mentirle a mi madre, no llegar puntual, desperdiciar el agua, tirar basura en la calle, no dar las gracias, defender lo indefendible y votar siempre por el menos malo. Cada paso que damos en la vida tiene un valor particular, aquello que parece insignificante puede generar las más grandes transformaciones. 

Cierro los ojos, la oscuridad es el infinito o quizás el universo. Mi mente vuela en medio del pesimismo, veo que nadie quiere que esto cambie de verdad, no, aquí no interesa el lado, el color, el lugar o el apellido que se representa, ya que la forma siempre es la misma: el engaño. A veces nos dejamos llevar de quienes pensamos que pueden cambiar la realidad que nos carcome, pero la esperanza es vencida por el fiasco. Ojalá que mi desanimo solamente dure una noche, no quiero dejar de ser un idealista, un iluso. Sí, aprieto los dientes, suspiro profundo y noto una luz amarilla en el fondo: una puerta abierta. Ahí voy, quizás puedo escapar de la pesadilla.

 

Carlos César Silva

@CCSilva86

 

Sobre el autor

Carlos Cesar Silva

Carlos Cesar Silva

La curva

Carlos César Silva. Valledupar (Cesar) 22 de noviembre de 1986. Abogado de la Universidad Popular del Cesar, especialista y magister en Derecho Público de la Universidad del Norte. En el 2013 publicó en la web el libro de artículos Cine sin crispetas. Cuentos suyos han sido publicados en las revistas Puesto de Combate y Panorama Cultural. Miembro fundador del grupo artístico Jauría. Cocreador del bar cultural Tlön.

@ccsilva86

0 Comentarios


Escriba aquí su comentario Autorizo el tratamiento de mis datos según el siguiente Aviso de Privacidad.

Le puede interesar

Y hablando de mujeres

Y hablando de mujeres

“Cualquier mujer que entienda los problemas de llevar una casa está muy cerca de entender los de llevar un país”. M. Thatcher. ...

La renuncia del personero

La renuncia del personero

En el Caribe colombiano existe un pueblo de más de cuatro siglos y medio de vida, estancado en el tiempo, sitio que escogió Dios para...

Editorial: La inevitable relación entre academia y música vallenata

Editorial: La inevitable relación entre academia y música vallenata

El pasado fin de semana fue de gran relevancia para el folclor y la música vallenata. En el II Encuentro Nacional de Investigadores or...

Desalineados con el entorno

Desalineados con el entorno

  Creo que todos, en algún momento de nuestras vidas, sentimos esa desazón interior que nos indica que no estamos sintonizados co...

La plata también se muda

La plata también se muda

  Los pueblos de la costa se caracterizan por ser poblaciones tranquilas que viven bajo el sopor que produce el sofoco de un sol in...

Lo más leído

¿Cómo y cuándo nació el reggaetón?

Redacción | Música y folclor

Pesadillas de Gorgona

María Ruth Mosquera | Ocio y sociedad

El paraíso terrenal queda en el Magdalena

Arnoldo Mestre Arzuaga | Otras expresiones

La guerra y la paz, la poesía y el amor

Antonio Acevedo Linares | Pensamiento

Los herederos de Benkos

Carolina Mila | Otras expresiones

El Churiador, un periódico samario curioso del siglo XIX

Annabell Manjarrés Freyle | Periodismo

Vallenato: de palabra despectiva a denominación de origen

Joaquín Viloria De la Hoz | Música y folclor

Síguenos

facebook twitter youtube

Enlaces recomendados