Opinión
El fan de la franqueza

Estoy muy contento porque Enrique Meza fue designado como nuevo rector de la UPC. Sí, sí, más contento que Petro masturbándose mientras observa en RCN los resultados de la última encuesta presidencial, más contento que Uribe saludando al Papa en la 26, más contento que Jaime Arce llegando a la clínica Laura Daniela en su Ferrari, su Porsche o su Mustang. En fin, las palabras sinceras de Enrique me tienen brincando en un solo pie: “La casa Gnecco… son el Partido de la U…no me avergüenza… buscar el apoyo político”.
Parece que llegó a la rectoría de la UPC un hombre franco, muy franco. Estoy maravillado con su desparpajo: me ha llenado de mucha esperanza la manera como admitió haber buscado la bendición de santos para alcanzar el cielo. En serio, eso merece un aplauso apoteósico, aquí, en donde impera la hipocresía y el engaño, no cualquiera tiene la gallardía de llamarle al pan, pan y al vino, vino. De modo que me le quito el sombrero a Enrique. Claro, a ese Enrique valeroso como Forrest Gump y Sancho Panza, a ése que no le da vergüenza reconocer que los Monsalvo Gnecco, ahora extenderán sus ladridos de poder hasta la UPC, la entidad pública que tiene más recursos y cargos en el Departamento, después de la Gobernación y la alcaldía de Valledupar, en donde ellos tienen voz de mando hace rato.
Al fin apareció un político, sí, un político que habla sin pelos en la lengua. No me cabe duda que Enrique administrará de frente. Ahí vienen, ya empiezo a ver sus contratos diáfanos, sin reuniones a puerta cerrada y sin cadenas de favores. Él, que posee el don de la veracidad, se siente legitimado para actuar: “Mi designación fue con tres votos de los estamentos universitarios y tres institucionales, ese equilibrio me dará gobernabilidad”. Enhorabuena, Jesús Ferro Bayona y Fernando Hinestrosa Forero, le quedarán chiquitos a Enrique, chiquiticos.
Por supuesto, ahora vislumbro a los aliados políticos de Enrique, ayudándolo en su difícil tarea. Alcanzo a ver en sus caras que no persiguen un interés particular, que están muy preocupados por los problemas de la UPC: malos servicios médicos, cafeterías internas vendiendo productos a precios exagerados, muchas demandas por despido injustificado, bibliotecas sin los libros suficientes, falta de una residencia estudiantil subsidiada, egresados sin un programa de educación continuada, pocos recursos para inversión, matriculas cada vez más costosas, pobre nivel académico y nombramientos de profesores bajo el manto de la complacencia política.
Sé que no es justo dudar de Enrique y de sus socios, pero con el objetivo de conseguir que la franqueza que anda en el ambiente sea todavía más pura, quiero hacerle varias pregunticas al nuevo rector: ¿Qué va darle a sus aliados por haberlo ayudado a cumplir su viejo sueño de asumir las riendas de la UPC?, ¿Va dejar que la universidad se termine de consolidar como un trofeo político?, ¿Está dispuesto a convertirse en un títere?, ¿Quién es usted, Aquiles o la tortuga?, ¿Ha visto las pelis de Mr. Been? Por favor, Enrique, no deje a un lado la espontaneidad, respóndale a este fan suyo.
Carlos César Silva
@ccsilva86
Sobre el autor
Carlos Cesar Silva
La curva
Carlos César Silva. Valledupar (Cesar) 22 de noviembre de 1986. Abogado de la Universidad Popular del Cesar, especialista y magister en Derecho Público de la Universidad del Norte. En el 2013 publicó en la web el libro de artículos Cine sin crispetas. Cuentos suyos han sido publicados en las revistas Puesto de Combate y Panorama Cultural. Miembro fundador del grupo artístico Jauría. Cocreador del bar cultural Tlön.
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