Opinión

El lenguaje de la polarización

Carlos Cesar Silva

30/10/2017 - 02:50

 

 

Amigos, Colombia se ahoga en el mar turbulento de la polarización. El miedo, el radicalismo y la estigmatización son las armas principales en el duelo político. Sí, las emociones imperan sobre la sensatez. Una ceguera -quizás como la que dibujó José Saramago- nubla nuestra prudencia y generosidad. Los temas fundamentales del país permanecen a un lado y la desinformación, que es un retoño de la trampa, forja un ambiente de desconcierto, de caos.

El país vive una división extravagante y perniciosa. El acuerdo de paz con las FARC distancia rabiosamente al pueblo, mientras que la derecha y la izquierda son panteras que se devoran en una jaula sin salida. Miren, ahí vienen unas elecciones presidenciales repletas de rencores, ofensas y mentiras. El fundamentalismo vence al pragmatismo, la cordura se convierte en un defecto y los gritos silencian el diálogo razonable. Nos estamos dejando conducir del enojo en este momento histórico, hay que recapacitar: la corrupción y el despotismo no tienen color político, pueden salir de cualquier parte.

Un lenguaje vulgar, irracional y mezquino invade las redes sociales. El debate político no se funda en los argumentos, sino en las calumnias, el matoneo y el ánimo de destruir al contrincante. Los de derecha le dicen guerrilleros a los de izquierda y los de izquierda le dicen paracos a los de derecha. Igual sucede con los del Sí y los del No. Las consignas substituyen a las propuestas y a los conceptos. No estamos pensando en el futuro del país, no estamos buscando acuerdos. Nuestras lenguas solo disparan furia, humillaciones.  

Los estigmas causan rechazo, aislamiento e incluso la muerte. Es tiempo de mirarnos de frente, de intentar reconocernos. Hay que comprender que nadie tiene la obligación de pensar como nosotros. Ya basta de ponerle una marca con malicia a la gente: izquierdista o derechista, paraco o guerrillero. Veámonos como personas que tenemos derechos y deberes, que tenemos un corazón y una historia particular: Colombia necesita renacer, necesita superar la violencia, la pobreza, la injusticia, la exclusión y la rabia.

Resulta necesario desactivar el lenguaje del rencor, del menoscabo. Hay que pensar más antes de hablar, el otro merece ser entendido. Las palabras no pueden seguir generando división, enfados y violencia. Producir temor es sencillo, reunificar un país quebrado por el resentimiento puede volverse algo utópico. Así como están las cosas, las próximas elecciones serán caóticas: aquí el triunfo político se empeña en ser más importante que el consenso, que es lo que permite de verdad reconstruir un país. Amigos, más allá de las diferencias y las inclinaciones partidistas, podemos pactar algo: no agredirnos, ni desinformar, ni desenfocar el debate de ideas. Vamos a darnos la mano y a contribuir al desarrollo de Colombia, aunque estemos en orillas distintas.

 

Carlos César Silva

@CCSilva86

Sobre el autor

Carlos Cesar Silva

Carlos Cesar Silva

La curva

Carlos César Silva. Valledupar (Cesar) 22 de noviembre de 1986. Abogado de la Universidad Popular del Cesar, especialista y magister en Derecho Público de la Universidad del Norte. En el 2013 publicó en la web el libro de artículos Cine sin crispetas. Cuentos suyos han sido publicados en las revistas Puesto de Combate y Panorama Cultural. Miembro fundador del grupo artístico Jauría. Cocreador del bar cultural Tlön.

@ccsilva86

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