Opinión

No más polarización, no más guerra

Diógenes Armando Pino Ávila

17/11/2017 - 07:45

 

 

En un mundo como el que vivimos, en una época como la que nos toca en suerte vivir, en un país polarizado como Colombia, se nota a leguas la falta que nos hace la educación. Somos un país polarizado, empujado hacia los límites de la estupidez humana, donde los intereses políticos de los que históricamente han usufructuado el poder económico y político marcan la agenda de la discusión y el “pueblo pueblo”, es decir, los demás mortales seguimos como borregos la ruta marcada por los de arriba.

Desde siempre se ha jugado de esta manera, siempre hay una clase dominante que defiende sus privilegios y se hace dueña del statu quo, se apega del sistema y forma en que funciona el Estado y la sociedad en ese momento; como contraparte hay una clase emergente que busca espacios para sus propios intereses. Al entrar en contradicción, chocan y miden fuerzas moviendo la opinión del pueblo. El ciudadano del común repite el pensamiento de los de arriba, se apropia de estos y cree que piensa repitiendo un pensamiento que a la postre es ajeno a sus propios intereses.

Ese pensamiento contaminado de política y de mezquinos intereses económicos que trazan caminos de explotación y dominación son digeridos sin masticar por el hombre del común y a partir de ahí comienza su propio periplo de división, de polarización que termina aflorando en el individuo las más bajas pasiones (guerra, muerte, destrucción, desplazamiento, secuestro, etc) o en caso contrario aflora altruismo (heroísmo, amor de patria, solidaridad, hermandad, etc)

A nivel nacional hemos sido testigos de esos avatares, de cómo la agenda marcada por Uribe, los ganaderos, terratenientes y empresarios con alto compromiso en la guerra que se plantea terminar, se oponen rotundamente primero al proceso y negociación en La Habana, luego pasan a una fase de desprestigio de lo acordado e inician la campaña del NO, atrapando en esta a los homofóbicos, los sectores más recalcitrantes de las religiones cristianas, a los proparacos, a los que tienen dinero y a los que creen tenerlos por ser pariente o amigo del que lo tiene. Por el otro lado, también con intereses políticos y económicos, un sector político con ideas avanzadas, algunos empresarios, industriales, ganaderos, terratenientes, no comprometidos con los actos de guerra ni con los actores del conflicto, estos logran convencer a un alto número de ciudadanos que cansados de la guerra desean la paz. En esta puja ganan los del NO.

Luego trasladan la lucha hacia otras facetas del mismo proceso si el Congreso lo aprueba o no, en una serie inacabable de obstáculos, dimes y diretes donde lo más visible es la marrulla con que le ponen el palo a la rueda de la paz. En tanto el pueblo se debate en discusiones interminables entre los dos conceptos antagónicos en que se juega la suerte de todo un país.

Las redes sociales se mueven con esos conceptos y llueven los razonamientos, algunos ingeniosos que demuestran el pensamiento del emisor, en tanto otros cargados de veneno, odio e incomprensión que señala la ignorancia de quienes lo emiten, aquí prima siempre la necrofilia, es decir el amor por lo muerto, por lo podrido, por lo que hace daño, pues se pierden amistades, se ofende al amigo, al vecino, al paisano y se divide la población ya no por el pensamiento de los de arriba, sino por el odio personal, la inquina y la sinrazón.

Es hora de plantearnos un pare en el camino, es el momento de levantar la vista y analizar el momento histórico que vivimos, es el momento de abandonar los odios ajenos que impulsan los de arriba, es el momento de trazar nuestra propia agenda como pueblo, es la hora de pensar por sí mismo, es época de filtrar los pensamientos de los de arriba y con una criba especial, dotada de la razón, apartar la cizaña toxica que nos envenena y desechar la basura ideológica que nos empuja hacia causas ajenas a los intereses del pueblo.

Llegó el momento de valorar el gran esfuerzo de este gobierno al apostarle a la paz, llegó la hora de darle un espacio de confianza a estos ex guerrilleros que abandonan las armas y que quieren reintegrarse a la vida civil. No votes por ellos si no te nace o hazlo si lo deseas. Nunca pierdas el norte en el sentido de que lo que ocurra en estos momentos marcará los destinos de paz y reconciliación de los colombianos y, por último, recuerda esta frase pescada en Internet: “Es la marca de una mente educada ser capaz de entender un pensamiento sin aceptarlo”.

 

Diógenes Armando Pino Ávila

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Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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