Opinión

En época de balances, perder es ganar

Alfonso Suárez Arias

11/01/2018 - 09:15

 

 

Solo existen dos días del año en que no se puede hacer nada. Uno se llama ayer y otro mañana”.

Una vez superada esa época de los consabidos recuentos, autoevaluaciones, promesas y enunciación de intenciones, apuntando a que el nuevo año será para redimir las tensiones y desatinos, resultantes de un 2017 rebosado de: emboscadas jurídicas, efectos inesperados y otras ilaciones metódicas y discutidas, en relación con las normas democráticas de acatamiento a la “separación de poderes”, principios rectores del Estado democrático y la imposición ciudadana de hacerlos respetar.

La perversa intencionalidad de imponerse vulnerando la independencia del legislativo y de la justicia -por el órgano administrativo- obedece exclusivamente a la “politización” que de estas ramas impuso el Gobierno desde la desigual elección de los magistrados, al punto que ellos lo satisfacen en sus decisiones, arrogándose de atributos políticos ungidos en mermelada, y la condicionalidad de haber sido funcionarios, o contratistas del mismo presidente, en especial, la mayoría de la actual magistratura constitucional.

Esta preclara intencionalidad fue urdida para producir cambios en el derecho, la sociedad y la política, desde la óptica solo favorable al interés de esa minoría gobernante, y de los que anhelan arrebatar el poder, para subyugar al pueblo -en su fantasioso y perverso proyecto comunista o socialista, indistintamente, sin más orientación que el del beneficio enriquecimiento personal y del lavadero de sus fechorías.

Lo que se ha tildado como derrota del gobierno en el senado, no es otra distinta de la legitimación de la voluntad de la mayoría en pleno ejercicio legislativo -con la negación de las 16 curules para “congresistas víctimas”- ahora pretendida a ser desconocida, “apelando al poder judicial” para que políticamente voltee una decisión de exclusiva competencia parlamentaria. Es quizá uno de los más radicales y descomedidos ataques a la democracia misma desde la condición demócrata, respaldando la implantación de leguleyadas como nuevos estándares, incidentes en la complejidad del Estado de derecho y de respeto al poder soberano.

Previa a la votación, aparecía establecido en las pantallas electrónicas que registran los votos de los senadores, la condicionalidad necesaria de 52 votos para superar tal aprobación -nadie objetó-, se verificó con rigor el rito establecido y se dio el hecho. El proyecto es archivado porque no se plasmó lo exigido, para declarar que había mayoría. No es el poder judicial quien tiene esa competencia de cuestionar, ordenar y atropellar al poder legislativo, azuzado por el administrador elegido temporalmente por el pueblo.

Con ésta situación, el país entero queda ad-portas de una peligrosa intervención del Ejecutivo, que traslucirá en afectación del ordenamiento institucional y jurídico, con detrimento generalizado y pérdida de credibilidad en el sistema, por un modelo impuesto como “proceso de paz”; edificado en impunidad, connivencia con el crimen, cinismo, mentiras y el más alto grado de corrupción.

La política, ha sido quizá de las más damnificadas en éste proceso de reestructuración conceptual de la acción democrática y gobernabilidad. Hoy, el ejercicio electoral contiene el máximo desprestigio, como condición básica para que el ciudadano pueda desarrollar su proyecto de vida, y participación pluralista. Tendrán los próximos candidatos a parlamentarios que sobreponerse, a esa cultura impuesta de atacar las medidas desfavorables producidas por la mayoría, solo porque se está con el poder temporal, y no corresponden a la retribución de beneficios, concebidos a título personal.

Perder en democracia no es salir derrotado, es ganar en la legalidad y hacer honor a la justicia. Ir en contra con acciones de hecho -es revelar claramente el retorcido propósito de codiciar cambiar el régimen democrático, por el malnacido y fracasado modelo- solo venerado por unos cuantos desnaturalizados, ahora mimados por el perdón, tolerados y reconciliados -para que se dé el proceso de su reinserción social y política-.

 

Alfonso Suárez

@SUAREZALFONSO

Sobre el autor

Alfonso Suárez Arias

Alfonso Suárez Arias

Aguijón social

Alfonso Suárez Arias (Charalá, 1956). Abogado en formación (Fundación Universitaria del Área Andina en Valledupar). Suscrito a la investigación y análisis de problemas sociológicos y jurídicos. Sus escritos pretenden generar crítica y análisis en el lector sobre temas muy habituales relacionados con la dinámica social, el entendimiento del Derecho y la participación del individuo en la Política como condicionamiento para el desarrollo integral.

@SUAREZALFONSO

0 Comentarios


Escriba aquí su comentario

Le puede interesar

Segundo tiempo. Final, final, no va más…

Segundo tiempo. Final, final, no va más…

Llega el día en que, inexorablemente, el ciudadano colombiano, con el convencimiento que está participando en un juego político popu...

¿En qué país nacimos?

¿En qué país nacimos?

La historia de Colombia y la universal registrarán por años y siglos lo que ocurrió el domingo pasado en el país de Macondo, cuan...

Una temporada en el paraíso

Una temporada en el paraíso

  A propósito de mi corta permanencia en la dirección de la Oficina de Cultura de Valledupar, llega a la memoria el poema del fra...

Yo soy Imelda Daza

Yo soy Imelda Daza

“Ven y charlemos de cosas que nos traerán recuerdos  coplas de viejos caminos que enmarcan a mi pueblo,  pueblo de mis cuitas...

Los homenajeados del Festival

Los homenajeados del Festival

El año pasado la gran dinastía de nuestra música, conocida en un principio como los Hermanos López, nos dio una lección de humilda...

Lo más leído

Una breve historia del desnudo artístico

José Luis Hernández | Artes plásticas

López Michelsen: un cachaco con corazón costeño

Fabio Fernando Meza | Ocio y sociedad

El insólito duelo del pintor Édouard Manet

Javier García Blanco | Artes plásticas

La luz de Leo Matiz

Natalia Fernández | Fotografía

El vendedor de ilusiones

Alberto Muñoz Peñaloza | Opinión

Síguenos

facebook twitter youtube