Opinión

50 años del Cesar (VII): El país vallenato, un mito que hay que desmontar

Diógenes Armando Pino Ávila

16/02/2018 - 04:45

 

 

Desde hace algún tiempo, se viene impulsando la idea “traída de los cabellos” de la existencia de un tal “País vallenato”, para englobar a todos los pueblos que conforman al departamento del Cesar, todo sin un fundamento o estudio serio sobre las connotaciones culturales de cada localidad. Sin tener en cuenta que: analizar la cultura de un municipio, un sitio, un territorio, es tarea compleja, y más cuando se trata de referenciar la identidad, pues la identidad se refiere a las coincidencias de códigos culturales dentro de una comunidad en particular que, sin ser homogéneos, sí identifican como huella digital a ese pueblo o comunidad, haciendo posible la pertinencia a ese núcleo de población.

La complejidad del estudio radica en la extensión de la población de estudio, pues de ella depende que se hable de Identidad latinoamericana, colombiana, cesarense, tamalamequera, o de una pequeña comunidad particular, sea un corregimiento, una iglesia, un partido, un colegio o que se yo, cualquier otra comunidad específica, pues con ella identificamos los códigos culturales que hacen de dicha comunidad algo único, que lo diferencia de las otras. De todas maneras, sea cual fuere la comunidad en referencia, no se podría estudiar sin tener en cuenta los rasgos culturales que, como códigos singulares, la caracterizan.

En nuestro departamento no se ha realizado un estudio serio sobre el particular, por el contrario, siguiendo la moda de los tiempos iniciales del nuevo departamento, desde hace algunos años se viene hablando por parte de algunos investigadores, y folcloristas del Cesar, de algo que le han dado por llamar “El país vallenato” en un intento de empaquetar al hombre cesarense en una funda cultural que homogeneice, dando a entender que tenemos una sola cultura, las mismas costumbres y las mismas tradiciones. Nada más lejano a la realidad del Cesar. A mi juicio, es un intento descabellado de invisibilizar las diferencias que acabo de señalar en el artículo anterior, en cuanto a etnias y culturas, es una tentativa que debemos atajar para bien de la cultura vernácula de cada pueblo cesarense y para bien del mismo departamento, pues una de las riquezas del Cesar es precisamente la multiculturalidad.

No se puede seguir insistiendo en invisibilizar o subsumir las identidades de los municipios claramente identificados como “del río y de la ciénaga, santandereanos, indígenas y vallenatos propiamente dichos”, no nos pueden enfundar en esa camisa de fuerza. El departamento, sus historiadores, sus cultores, sus sociólogos, sus antropólogos, sus folclorólogos, no pueden caer en el error ya conocido en que incurrieron los grandes estados imperiales, que trataron de homogeneizar por la fuerza a los pueblos invadidos, desconociendo la fuerza de la cultura local que a la postre rechazó todo el proceso deculturador del invasor.

Aquí se nos ha querido imponer, un himno, lo mismo que el escudo y la bandera, que a todas luces identifican al pueblo vallenato propiamente dicho, y en un intento, por demás vallenatocéntrico, de hacer legal la dominación cultural impulsaron la aprobación de la Ley 739 de 2002, más conocida como Ley Consuelo que en el literal c) reza: El Ministerio de Educación Nacional creará la cátedra Valores y Talentos Vallenatos "Consuelo Araujonoquera", de obligatorio cumplimiento en los colegios públicos y privados del departamento del Cesar, a nivel de la Educación Básica Primaria. Afortunadamente tres jóvenes estudiantes de derecho en ese entonces (Diógenes Armando Pino Sanjur de Tamalameque, Eguis Palma de Pelaya y Edelmira Martínez de Barboza) demandaron por inconstitucional dicho artículo.

Por todo lo anterior es perentorio un estudio sociológico, histórico, antropológico y cultural, que sin desconocer las culturas vernáculas, encuentre y estudie las similitudes que pueden identificarnos como departamento y que en cada uno de nuestros pueblos, sus cultores, sus líderes políticos y sociales, sus gobernantes, llámense alcaldes o concejales, deben propender por impulsar la cultura vernácula teniendo claro que es precisamente esa cultura la que identifica y hace a cada pueblo especial y diferente, es precisamente esas expresiones culturales la impronta, la huella digital de cada uno de nuestros pueblo la que nos hace perdurar en el tiempo y nos da rasgos característicos singulares dentro de la amalgama del ente territorial departamental.

Esta reflexión sobre cultura e identidad nos lleva a concluir que hay que desmontar el mito falaz, deculturador y negacionista llamado “país vallenato”, es necesario el estudio juicioso y científico por parte de un equipo interdisciplinario compuesto por profesionales de las ciencias sociales que identifiquen, inventaríen, describan los rasgos que nos hacen únicos como comunidades y también busquen las coincidencias que nos unan como departamento, sin que lo uno excluya lo otro.

 

Diógenes Armando Pino Ávila

Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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