Opinión

Infame decision

Jairo Tapia Tietjen

16/03/2018 - 05:10

 

El mural Tierra de Dioses antes de ser destruido

 

¿Podrá la autoridad eclesiástica vaticana –como ocurrió en Codazzi con la venerada imagen de su templo central-. ordenar el blanqueamiento o brochazo infame de la Capilla Sixtina decorada por Miguel Ángel Buonarrotti, por orden de los Papas Julio II y Pablo III en pleno renacimiento italiano del siglo XVI, para realizar una reparación de la misma?

Asimismo, ¿Podría un funcionario desquiciado en el Congreso ordenar borrar el fresco de Alejandro Obregón por cualesquiera reparaciones estructurales sin ordenar primero un estudio para la preservación de tan valiosos recursos artísticos del patrimonio nacional o regional?

Dirían los psicólogos que actitudes perjudiciales en tal sentido son ‘el fiel espejo de la amargura humana’, no muy lejanas del pesimismo existencial, o síntoma de complejas e inefables condiciones religiosas, morales o de la vana intimidad de sus actores que configurarían ese moderno Prometeo al que Unamuno cita como retador de Dios: “Soy el hombre… el hacedor de la belleza –y la fealdad-, y creador de Dios”.

Oh mores del poeta que Gaitán Durán describía como apasionado nihilista con actitud arrogante y escéptica: “Hoy y mañana / la garganta mortal clama en el viento / ilusión, vanidad, nada, ¡nada!

Tal funcionario, finalmente, entre placer, mesianismo, fatalidad, humor o desgracia, escoge entre perder el cielo o dejar escapar una pitanza, lo cual demuestra total responsabilidad en su destino, aunque admita o no su voluntad por patética que parezca, cobijado en las palabras de León De Greiff: “¿Qué vale perder el mundo entero si se pierde la luz?

El mural ha sido una técnica pictórica muy apreciada en el siglo XX que las neogeneraciones lights no han aprendido o querido apreciar. Muchos espectadores veteranos desprevenidos han sido testigos como la pica y el bulldózer han echado al suelo lo que para algunos eran hechos y acontecimientos culturales motivo de orgullo para sus padres y para ellos.

Desde joven pude apreciar que en muchas  residencias, templos y edificios públicos regionales, se exhibían con despliegue cívicocultural diversas manifestaciones artísticas, murales, bustos, figuras ecuestres, museos incipientes, etc., artistas regionales que, -como ejemplo y sin pormenorizar-, menciono al ecuatoriano Játiva, Chicho Ruiz, Kajuma, Arlant, Maestre, Zedán, Germán Piedrahita -quizá el que más influyó, por su cercanía pedagógica sobre nuestros jóvenes artistas-, fueron desapareciendo sistemáticamente de la vista de transeúntes y visitantes habituados a recrearse conmovidos en lo más íntimo de su sensibilidad ante el espectáculo estético gratuito de obras pictóricas diversas u otras manifestaciones del arte que magnánimas se les ofrecía.

Rumores de viejas voces

La administración vallenata acaba de dar una explicación insuficiente para la desaparición de la expresión pictórica más icónica de la capital vallenatal ante el poder de la 'brocha asesina', como lo fue el mural hecho en 1990 por el profesor Germán Piedrahita (q.d.p.), situado en la plaza Alfonso López. Tampoco, ladinamente, anuncia cuándo van a derribar el monumento del maestro Arenas Betancour, ubicado cerca del mural suprimido, o de la pesada mole metálica que está encima de la tarima del Festival de música vallenata, -en el mismo sitio, o mediante alcaldada atroz decida eliminar el folklore vallenato por alguna supuesta influencia negativa hacia la juventud e agraz-, tal  como ha  ocurrido, sin apelar a la comprensión y asimilación de tan infausto golpe a la ciudadanía, en tantas  localidades de la región que, ven con crecientes molestias el camino de la destrucción de valores superiores al del simple utilitarismo, tan recurrente en  sus electos gobernantes, quizá por insensibilidad artística, ignorancia por conservar su patrimonio cultural, o quizá por razones más mezquinas o presupuestales. Olvidaron que el mundo debe asociarse al hombre en su condición natural y lo hermana con la naturaleza como ser distinto pero en armonía con ella y en la necesidad de su preservación sostenible.

Es la descomposición de los valores estéticos absolutos del acervo social. Son, indudablemente, cambios para mal y retrocesos hacia la barbarie. Esta crisis se podría evitar, como se hace en otras latitudes, con el establecimiento de los comités de curadurías que, por ley, existen en todos los lugares civilizados. Nadie percibe la lógica absurda de estos procedimientos que despilfarra lo que es común, lo que pertenece a todos y que exige medidas para su conservación sostenible. Tal anormalidad queda ahora en manos de artistas y defensores de las artes tradicionales para que la brocha asesina o la pica ciega, no continúen aumentando el desprecio hacia el arte del pasado en detrimento del solaz y pedagogía indispensable en el campo artístico de las generaciones futuras.

Jamás debemos dudar que la vida tiene un sentido más profundo que el de la ganancia monetaria, y cuando pensamos que toda su creación artística es sagrada, a menos que los elementos naturales la destruyan por hechos irreversibles, debemos persistir en continuar en nuestro viaje infinito de la Creación por un Ser al que muchos temen pero desconocen al intentar renovar un Universo que no sea aquel que todos contribuimos con proyectar en el tiempo hacia las nuevas generaciones ávidas de la luz del saber y experiencias que contribuyan con alcanzar la majestad de ser humanos.

 

Jairo Tapia Tietjen

tapiatietjenjairo@gmail.com

Sobre el autor

Jairo Tapia Tietjen

Jairo Tapia Tietjen

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Codazzi, Cesar (1950). Bachiller Colegio Nacional A. Codazzi, 1970. Licenciado en Filología Española e Idiomas, UPTC, Tunja, 1976; Docente en Colegio Nacional Loperena, 1977-2012. Catedrático Literatura e Idiomas, UPC, Valledupar, 1977-2013. Director Revista 'Integración', Aprocoda-Codazzi, 1983-2014; columnista: Diario del Caribe, Barranquilla, El Tiempo, Bogotá, El Universal, Cartagena, El Pilón, Vanguardia Valledupar: 1968-2012. Tel: 095 5736623, Clle. 6C N° 19B 119, Los Músicos, Valledupar- Cesar.

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