Opinión

El Vallenato, añejas polémicas

Jairo Tapia Tietjen

26/04/2018 - 07:50

 

 

La música colombiana, debido a la heterogeneidad de sus habitantes de estirpe ibérica, indígena y africana, acredita extraordinaria herencia musical. Nuestra música regional vallenata tiene un origen lejano y cercano que, como toda herencia folklórica legítima, se convierte en encendida pasión que nos embruja a todos, pues sentimos la necesidad de compartir su magia y razón de existencia con el resto del mundo.

El género musical vallenato continúa su paseo triunfal por espacios ecuménicos con identidad propia y con signos vitales de permanencia, pese a ciertas complacencias de revivir viejas nostalgias y piquerías conceptuales entre sus mecenas, cultivadores añejos y recién llegados a sus predios, sobre la heterodoxia evolutiva en las nuevas propuestas y exigencias de las actuales generaciones electroacústicas.

Habría que preguntarse si se trata de una actitud ante la vida, y sin asumir posturas dogmáticas ni criterios asfixiantes, brindarnos una salida aceptable al considerar que la tradición folklórica contiene, a la vez, tantos enfoques como posiciones particulares implícitas que globalizan las tendencias y posiciones menos autorizadas por el uso y las voces más reconocidas en el ámbito cotidiano del acaecer folklo-cultural.

Estos han expresado su posición, unas veces reformistas, tal cual dijeran en entrevistas, por ser abiertos a la respetuosa evolución de la música tradicional, el reconocido director de orquesta Francisco Zumaqué, el gran compositor de cumbias y boleros, José Benito Barros Palomino, el expresidente López, Rafael Escalona, y la voz autorizada del promotor radial Carlos Melo Salazar, tanto como  Alfredo Gutiérrez: "Aunque no me gusten esas nuevas canciones, no podemos detener sus éxitos con ellas". Y, en últimas, la firme posición del intérprete de la voz clara, Silvio Brito Medina: "Lo que ellos están haciendo rítmicamente, no pertenece a los aires conocidos, por eso esa música no clasifica como vallenata".

Y aunque Plinio afirma que el cambio es cosa de todos, Stephen Hawking sostenía que la inteligencia es la habilidad de adaptarse a los cambios. Mientras que los psicólogos sostienen que a los jóvenes se les debe brindar oportunidades para poder desarrollarse satisfactoriamente, el musicólogo e investigador argentino Carlos Vega nos recuerda que: "Hay quienes aspiran a dejar las cosas perfectas pero la vida se les va sin dejar nada". 

Realmente el debate sobre la pureza del folklore y las escorias que podrían afectar el género musical vallenato en su esencia y originalidad, sería interminable sino pasara por el tamiz de una perspectiva consensuada que, tal como podemos apreciar por los invasivos medios, posibilitarían la competitividad selectiva en el plano internacional de certámenes como el Grammy. el Viña del Mar chileno, o en la ambiciosa proyección del Festival de la Leyenda vallenata hacia el firmamento infinito, donde intérpretes y compositores puedan acceder y catalizar positivamente, algún exceso de emociones y propuestas válidas en el crisol que nos sirve de fondo y coro para el arte y la cultura musical que de todas partes nos invade.

Tal vez muchos no se equivoquen al aplaudir dándole bienvenida a las innovaciones bien logradas para nuestro folklore regional, a pesar de recibir ineludibles influencias de la cultura tecno y pop, tan en boga, más que alcancen junto a aquél la elaboración de una estética que armonice sus innovaciones y sean próximas con la expresión tradicional del vallenato genuino, como factor determinante en el impulso de una eficaz política pública que establezca la cátedra vallenata en colegios e instituciones superiores, estimulando con efectividad  la investigación, la creatividad, recuperación y difusión de los valores de antaño.

De pronto sean ideas rechazables por muchos que oficien como preservadores de la memoria autóctona del género musical, y viven al acecho descubriendo sobresaltados a todo aquel sospechoso de originalidades que mancillen dicho culto, pese a demostrar cierta sin razón generadora de hipótesis erróneas sobre la proyección de la música vallenata para esta época incierta del neomodernismo. Ello se manifiesta, también, entre aquellos continuadores de una música ajustada con las exigencias de los cánones tradicionales, frente a inconformidades de quienes no se sienten a gusto con tradicionalismos que puedan estancarlos, pues no hay que negar que los fenómenos de la globalidad plantean conflictos conceptuales de todo orden que vislumbran la superación de rígidos límites de la "expresión pura" en los principios compositivos.

Alejados de otros creadores inestables de reciente aparición, estos creadores devienen en disonancias que muchas veces se convierten en consonancias, tal como advierte el teórico venezolano Del Mónaco (1996), presentando cadenas rítmicas en escalas asimétricas respecto de la armonía (al igual que paralelismos de acordes que vienen a constituir en sí lo que se denominaría el "polimodalismo" que, empleado en formas sucesivas y en motivos cortos con exacta simetría y cierto "ruidismo", como elemento musical predominante en ejecuciones musicales actuales, muestran sofisticada mescolanza del pop, reggae e incursiones tecno, que imponen la preponderancia del ritmo sobre los demás parámetros de la composición musical contemporánea). Estas expresiones son manifiestos inocultables del apocalipsis musical contemporáneo.

Tal vez, deberíamos concluir, que el deber de quienes deseen ejercer el sacerdocio cultural en defensa del folklore vallenato, es abogar porque compositores e intérpretes asuman el compromiso de llegar con la verdad a su público, a través de la propia realidad, donde se inicia cualquier arte, justificación de la existencia que ilumina voluntades artísticas e intelectuales comprometidos en la vocería de su hontanar, para poder traducir sus mutuos intercambios de vivencias y riquezas folklóricas en perspectivas  plenas de valores.

 

Jairo Tapia Tietjen

Sobre el autor

Jairo Tapia Tietjen

Jairo Tapia Tietjen

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Codazzi, Cesar (1950). Bachiller Colegio Nacional A. Codazzi, 1970. Licenciado en Filología Española e Idiomas, UPTC, Tunja, 1976; Docente en Colegio Nacional Loperena, 1977-2012. Catedrático Literatura e Idiomas, UPC, Valledupar, 1977-2013. Director Revista 'Integración', Aprocoda-Codazzi, 1983-2014; columnista: Diario del Caribe, Barranquilla, El Tiempo, Bogotá, El Universal, Cartagena, El Pilón, Vanguardia Valledupar: 1968-2012. Tel: 095 5736623, Clle. 6C N° 19B 119, Los Músicos, Valledupar- Cesar.

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