Opinión

El Platanal de Bartolo

Edgardo Mendoza

23/05/2018 - 06:00

 

 

A inicios de 1956 en la Cuba musical y feliz, concretamente en Ciego de Ávila, una ciudad a 400 kilómetros de la Habana, se celebraba el carnaval convertido en icono de la isla, por su duración (45 días), y porque Bartolo, campesino del lugar, decidió adornar una larga calle con hojas de plátano e iniciar una gozadera. Nació entonces “El platanal de Bartolo”, canto que se volvió famoso en las voces de Celia Cruz, Ibrahím Ferrer, y muchas orquestas locales.

La canción apenas la recuerdan los gozones tropicales de todos los tiempos, pero en la política colombiana, con un platanal Maduro como presidente vecino, la cosa no merece gozadera, si no preocupación. Venezuela, antes país rico y moderno, hoy presenta graves problemas internos, cuya muestra representada en miles de venezolanos llegando a nuestra nación diario, en busca de alimentos y trabajo, es decir en busca de patacón, tostón, para ellos.

Antes que Maduro fuera apellido, nosotros asociábamos la palabra con plátano amarillo asado o dulce de maduro, como postre. Cuba es música ante todo, sus raíces africanas siguen latentes. Precisamente celebramos este mes la afrocolombianidad en nuestro país. En 1851 el presidente José Hilario López decretó la abolición de la esclavitud en Colombia. Dante Alighieri que también nació en mayo escribió la Divina comedia.

¿Pero qué diablos tiene que ver Cuba, los plátanos, la música, la Divina comedia, la política y la esclavitud? Ahí está el detalle, diría Cantinflas. “El platanal de Bartolo tiene algo sin igual, aquí todos pueden gozar lo mismo que gozan todos”, dice la canción en aire de charanga, pachanga, danzón, salsa o chilonga, que también es de plátanos. ¡Eso es lo de menos!

En la política actual, ad portas de unas elecciones presidenciales, los candidatos y su tribu, tienen formado todo un berenjenal de opiniones, peleas, discusiones, insultos en cada uno de sus seguidores; mejor dicho, una algarabía. En los países con alto grado de cultura política, las elecciones son una gozadera civil, aquí es un teatro, con una divina comedia como fondo. Que la canción anotada, haya nacido en Ciego de Ávila, es premonitorio a nuestro actuar democrático, somos ciegos, pero además con una cuota de torpeza y terquedad por todas partes, que es mejor reírse, coger rabia de nada sirve. Y lo peor, leer reconocidos periodistas locales publicando lo peor de la especie en el peor lenguaje. Qué pena con los lectores, mejor no los lean en Facebook. ¡Dramático!

En nuestro platanal, a Duque lo maduraron biche, sólo sirve para tajaditas fritas, pero su jefe, si conoce donde plantan cada mata de plátano, es el propio Bartolo. A Petro le gustan los verdes-aguacate. pero huele a Maduro, según dicen sus contrarios. De La Calle, huele a Cuba, no a gozadera, pero lo emparentan con Ciego de Ávila, como si fuera Santrich. Fajardo como es demasiado verde, no saben si hacer tajaditas fritas, patacón o dulce de maduro porque no se define como verdadero plátano. A Vargas Lleras, con solo verlo se piensa que puede darnos en la cabeza con el sartén cuando estén fritando sus tostones. Y ahora amaneció como fumigador de plagas como el platanal tuviera Sigatoka.

En la inmensa mayoría de electores, nadie sabe qué proponen los aspirantes, porque nuestra incultura política nos induce a votar por caritas, canitas, gafitas y sonrisitas prefabricadas. Y ahora por encuestadores que suben y bajan puntos, dependiendo el afán y quién contrate la medición. Cualquiera de los cinco que gane el país sigue parecido, cambiarían pocas cosas; si nos retrasamos, ya conocemos lo que pasó, si nos adelantamos nadie sabe lo que viene, además con nuestras instituciones jurídicas, económicas, sociales y políticas, todo seguirá igual, pero podemos mejorar, hay que ser optimistas.

No somos un Estado militarista pendiente de derrocar presidentes, ni de congresos dispuestos a utilizar conjuntamente su fuerza decisiva a nivel colectivo, pues cada congresista apoya y cuida los pavos de su corral y sabe que el gobierno, cualquiera que sea, tiene los granos para el engorde de su corte, que lo reelegirá de nuevo.

Nombres como Aristóteles, Platón, Descartes, Confucio, Rousseau, Montesquieu, Hegel, Kant, y otros, son apenas referentes de filosofía del bachillerato o alguna clase de Historias de las ideas políticas en la universidad. O lo mejor, respuestas de crucigramas.

Al final faltan pocos días para volver a conversar con los viejos amigos, entonces despacharán sus palabras de trampa si perdieron sus candidatos, los ganadores seguirán en las calles disimulando sus tragedias, o como dijeron Tola y Maruja que los Duquistas y los Petristas son la misma cosa, pero los segundos no tienen finca.

Éstos últimos son los que alborotan más la divina comedia, por no decir que el paraco local. El platanal está listo amigos, de ustedes depende si deciden fritar tajaditas, hacer patacones, esperar el sartén en la cabeza o comer dulce de Maduro. Yo me iré de gozadera a Ciego de Ávila, por cualquier De la Calle a probar una pola, y esperar a la primera que llegue, sea Claudia, Ángela, Clara, o Martha Lucia, porque yo no escogí Pinzón de compañero…

 

Edgardo Mendoza Guerra

#Tiro de chorro

Sobre el autor

Edgardo Mendoza

Edgardo Mendoza

Tiro de chorro

Edgardo Mendoza Guerra es Guajiro-Vallenato. Locutor de radio, comunicador social y abogado. Escritor de cuentos y poesías, profesor universitario, autor del libro Crónicas Vallenatas y tiene en impresión "50 Tiros de Chorro y siguen vivos", una selección de sus columnas en distintos medios. Trata de ser buena gente. Soltero. Creador de Alejo, una caricatura que apenas nace. Optimista, sentimental, poco iglesiero. Conversador vinícola.

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