Opinión

La manipulación política

Diógenes Armando Pino Ávila

25/05/2018 - 05:30

 

 

La campaña política para las presidenciales del periodo 2018-2022 ha estado plagada de una cantidad de hechos curiosos que van desde la revoltura peligrosa de religión y política hasta las amenazas de un asesino como Popeye que trata de malditos a los petristas.

Como de costumbre se comienzan las movidas con las consultas en las que el partido Centro Democrático y los Progresistas escogerían sus candidatos. Cuando se arreció la campaña sobre éstas, los medios en forma hábil y velada comenzaron a hacer una manipulación maquiavélica sobre el sentido de dicha actividad, dando a entender que éstas no eran consultas internas de cada partido, sino que obedecían a una competencia entre la derecha y la izquierda. La gente “comió del cuento” y se debatió en las redes arrastrados por esa creencia y en efecto la derecha y sus partidos lograron unir sus huestes para votar por su candidato y como reacción la izquierda hizo lo propio. Al final los resultados fueron que Iván Duque le ganó a Ordóñez y a Marta Lucía y por el otro lado Petro le ganó a Caicedo. Pero la prensa arreció en su campaña dando a entender que Duque le ganó a Petro, escondiendo la realidad de que Duque le ganó a sus contrincantes (Marta Lucía y Ordóñez) y que Petro le ganó a Caicedo que fue lo que realmente pasó.

El otro escenario donde se ha dado la manipulación es el de las encuestas, las cuales han dado unos resultados contradictorios donde comienza ganando Fajardo y después de la consulta recibe tremendo bajón. Con el boom de las consultas (las consultas no la consulta, fueron dos) comienza a subir en el espectro de preferencias Iván Duque. Gustavo Petro, contra todo pronóstico, comienza un ascenso que aún no para. El caso curioso es el de Duque que de la noche a la mañana se dispara a cifras exorbitantes. La experiencia de los entendidos rechaza este escenario pues la opinión pública raras veces da virajes tan pronunciados.

Lo de las encuestas contrasta con la otra actividad (la verdaderamente democrática): las manifestaciones en plazas públicas en las cuales hay una clara demostración de favoritismo por los candidatos de acuerdo al gusto y el sabor del elector. En esta actividad queda claro que quién motiva al pueblo con asistencias masivas y sin maquinarias es Gustavo Petro quien se ha dado el lujo de visitar ochenta y tantas plazas regadas en la geografía del país con llenos hasta los topes, reduciendo la actividad de sus contrincantes a reuniones en polideportivos y clubes privados, universidades y sedes cristianas. Petro ha demostrado con creces ser el favorito del pueblo-pueblo.

Esta campaña política ha estado plagada de una “debatitis aguda” ya que semanalmente las grandes cadenas de televisión y radio realizan unos debates con un montaje publicitario impresionante, todo ello para despertar expectativas en los ciudadanos y subir el rating de sintonía. En los primeros debates se guardaban apariencias de imparcialidad por parte de los medios que dejaban que los candidatos debatieran entre ellos en un intercambio de ideas y propuestas políticas, sociales y económicas donde se sentaban posiciones siempre marcadas por la tendencia del candidato que las proponía, pero que en el fondo eran propuestas conservadoras y progresistas.

En el caso de los debates y las propuestas debo decir que las del candidato de la Colombia Humana eran propuestas modernas, innovadoras de energías limpias, no a la economía extractiva, Universidad gratuita y otras ideas que para el rígido tímpano de la derecha colombiana sonaban atrevidas, incoherentes y las catalogaban como una locura. Pareciera que los candidatos de derecha y sus asesores hubieran estado de espaldas a este mundo cambiante que se vive y que exige y fuerza cambios estructurales en la economía y en la sociedad. El pueblo copiaba esas ideas innovadoras y mostraba simpatía por ellas, lo que a la postre hizo que todos los candidatos sin excepción tomaran las propuestas de Petro y las asumieran como propia. La Colombia Humana puso a pensar en Medio Ambiente y educación a la derecha colombiana.

El caso de la religión es un capítulo aparte, pues se acentúa la tendencia de revolver en una mazamorra tóxica la política con las creencias religiosas y las iglesias cristianas (algunas) desfilan como en pasarelas de comando en comando buscando pactar, como políticos mañosos, dádivas y prerrogativas. Pero el colmo de colmo lo da un pastor cristiano en la cancha de Cevillar en Barranquilla, donde se presenta con un grupo de ovejas de su grey y en un acto al mejor estilo chamánico comienza a exorcizar los demonios para que Petro no haga ritos satánicos. Me pareció patético, ignorante y retardatario. Dios nos libre del fundamentalismo que se avizora en estas iglesias, donde sus líderes toman a Dios como excusa para enriquecerse y posesionarse políticamente.

Dios y el pueblo escojan al mejor para ocupar la presidencia de nuestro país.

 

Diógenes Armando Pino Ávila

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Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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