Opinión

Mi niña del cabello rizado

Arnoldo Mestre Arzuaga

26/09/2018 - 22:20

 

Mi niña del cabello rizado

 

Como son las cosas de la vida, por un defecto visual fui a parar en Santa Marta, para ese tiempo yo era un jovencito de apenas 16 años, recuerdo que quedé maravillado cuando vi al mar por primera vez, estuve mirándolo por muchas horas, no sé si sentí miedo o admiración de esa obra divina, miraba y miraba buscando la otra orilla pero no podía alcanzarla con mi vista.

Así fueron pasando las horas hasta que empezó a oscurecer, recuerdo que era un mes de diciembre, el cielo estaba despejado y se podían ver las estrellas y una enorme luna llena- Esta fue bajando y bajando hasta meterse en el inmenso mar, entonces surgieron más preguntas y repuestas contestadas por mí mismo, ya sé la luna está cerca, solo hay que nadar un poco para tocarla, se mete en el mar para bañarse y refrescarse después del calor del sol. Definitivamente, mi mentalidad de niño adulto por mi ignorancia me hacía ver y creer cosas que después más tarde entendí.

Recuerdo que mi papá tenía una familia amiga en Gaira, allí fui a vivir, era una familia constituida más que todo por mujeres, tenían un jeep verde hoja modelo 54, una de las mujeres lo conducían, eran unas damas ya bastante mayores, su edad de casaderas había pasado, ellas me llevaban todas las tardes a Santa Marta dónde el oftalmólogo Pedro Guido Baena.

Pero también en Gaira mi llegada causó curiosidad. La familia tenía una tienda y una panadería, Mingo el panadero hacia un pan exquisito que se vendía rápidamente en la tienda y todos los que llegaban a comprar se fueron familiarizando conmigo, me decían por cariño 'El Vallenatico', algunas señoras trataban de remedarme hablándome cantadito como los antiguos Vallenatos. No me gustaba, pero no respondía nada. 

Recuerdo que una tarde llegó una señora con su hija, con sólo recordarlo me da alegría y tristeza. Era una niña linda parecía un angelito, lucía un vestido de fondo azul adornado con bolitas blancas y estaba ajustado a su cinturita con una cinta blanca anudada en su parte posterior con un lazo grande en forma de 8 .Desde que la vi me perturbó, empecé a sentir cosas que nunca antes había sentido, entonces mi estadía en la tienda era más frecuente, estoy seguro que ella también quedó impresionada conmigo porque sus idas a la tienda ahora eran más frecuentes y seguidas, yo sólo la miraba en silencio y sentía que mi corazón latía más rápido y más fuerte.

Elisabeth, la más despierta de las amigas de mi papá, me la tiró de frente y sin rodeos: Vallenatico, ya veo que te gusta 'ricitos'. Esto fue delante de élla, no respondí nada pero sentí mis cachetes calientes y mi corazón se aceleró más.

Una noche fui al parque, ya me sentía con más conocimiento y confianza en el pueblo, estaba sentado en una silla de concreto, añoraba a mi Valle y me hacía falta mi gente. De repente, se acercó una muchacha de la edad de “Ricitos”, se paró frente a mí y me dijo mirando hacía el fondo del parque: “Hola, Vallenatico. Mi amiga quiere hablarte pero le da pena”. Miré dónde ella tenía fija su mirada y pude verla. Era 'Ricitos'. Estaba con el vestido con el que la vi por primera vez, yo no sabía qué hacer, pero saqué fuerzas y caminé hasta donde ella se encontraba, cuando estaba frente a ella me habló sonriente, Vallenatico, te dejaron salir. Esa noche la vi más linda, sus rizos brillaban con la luz de las lámparas eléctricas del parque, vi por primera vez sus grandes ojos negros, resplandecían con su movimiento, cuando reía dejaba al descubierto su blanca dentadura y a cada lado de sus mejillas se le dibujaban unos hermosos hoyuelos que la hacían más linda.

Empezamos a caminar los tres por la orilla del parque. De repente, la amiga se retiró, pero antes dijo: “Bueno, los dejo, ya ustedes son novios y yo estorbo”; Esto me dejó desconcertado, pero mi sorpresa fue mayor cuando 'ricitos' me agarró de la mano, unas fuerzas me impulsó y le di un beso en la mejilla, ella reaccionó y ansiosa buscó mi boca, nos besamos como si antes lo hubiéramos hecho, fue mi primer beso de amor.

El tiempo fue pasando y ahora nos encontrábamos todos los días en el parque. Hablábamos y nos besábamos. Era un amor limpio, un amor de adolescentes.

Llegó el mes de febrero, empezaba la época escolar y Gaira me quedaba muy lejos. Así que mi papa me matriculó interno en el liceo del caribe en Santa Marta. Desde entonces no volví a ver más a 'Ricitos', la hermosa gairera que me enseñó a amar por primera vez.

 

Arnoldo Mestre Arzuaga

Sobre el autor

Arnoldo Mestre Arzuaga

Arnoldo Mestre Arzuaga

La narrativa de Nondo

Arnoldo Mestre Arzuaga (Valledupar) es un abogado apasionado por la agricultura y la ganadería, pero también y sobre todo, un contador de historias que reflejan las costumbres, las tradiciones y los sucesos que muchos han olvidado y que otros ni siquiera conocieron. Ha publicado varias obras entre las que destacamos “Cuentos y Leyendas de mi valle”, “El hombre de las cachacas”, “El sastre innovador” y “Gracias a Cupertino”.

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