Opinión

El sambenito de Gabo contra Laureano Gómez

Eddie José Dániels García

09/10/2018 - 03:25

 

El sambenito de Gabo contra Laureano Gómez
Laureano Gómez y García Márquez

García Márquez, quien ha sido mi escritor predilecto y auténtico filósofo de cabecera, hace parte de la inmensa lista de colombianos que, impulsados por los apasionamientos febriles y los comentarios infundados, despotrican y hablan peste del doctor Laureano Gómez.  Esta es una infame costumbre que se ha generalizado en un gran sector de la opinión nacional, sobre todo en las nuevas generaciones que sufren la influencia de los viejos y gratuitos detractores que después de más de cincuenta años de fallecido sigue teniendo el ilustre jerarca conservador, gran defensor de la conciencia moral del país.

Sin embargo, hace dieciocho años, cuando con toda resonancia se celebró el final del siglo, no hubo un solo medio informativo que no hubiera escogido al doctor Laureano Gómez como un político connotado y como uno de los más preclaros estadistas del siglo XX.  Sin excepción, todos los diarios y revistas nacionales –inclusive extranjeros-, en sus galerías de selecciones sobre hechos y personajes de la centuria que expiraba, no dudaron en escoger al insigne patricio santafereño que, al contrario de las opiniones de Gabo en “Vivir para contarla”, tuvo bien merecida la Presidencia de la República en 1.950, después de cuarenta años de existencia política, transitando por la diplomacia, la administración ministerial y la vida parlamentaria.

Aunque, desde su publicación, he celebrado con mucho regocijo y un enorme beneplácito la publicación de las memorias del insuperable Premio Nobel, y he leído y releído aquellos episodios apasionantes que nos pasean por las tradicionales costumbres caribeñas y también por la historia política colombiana, no comparto las apreciaciones, ni mucho menos los adjetivos que para referirse al doctor Laureano Gómez utiliza García Márquez en sus célebres relatos.  Y me sorprende que el envejecido sectarismo partidista que hace muchísimos años enloqueció a millones de colombianos y que tanto daño le ocasionó al país, hoy sea revivido por el egregio literato macondiano en las maravillosas páginas de su trascendental creación.

La inclemente diatriba contra “El Hombre tempestad”, desplegada a lo largo de cincuenta páginas, comienza con la visita que hizo el destacado poeta Pablo Neruda a Bogotá a mediados de los años cuarenta.  A propósito dice García Márquez: “En sus tertulias bogotanas, el poeta chileno se enteró de la clase de reaccionario que era Laureano Gómez, y a modo de despedida, casi al correr de la pluma escribió en su honor tres sonetos punitivos, cuyo primer cuarteto daba el tono de toda la composición: “Adiós, Laureano nunca laureado / sátrapa triste y rey advenedizo./  Adiós, emperador de cuarto piso, / antes de tiempo y sin cesar pagado”. 

Y sobre la publicación de los mismos que hizo Eduardo Carranza en las páginas literarias de El Tiempo, continúa el escritor: “Pero el rechazo fue unánime.  Sobre todo por el contrasentido de publicarlos en el periódico de un liberal de hueso colorado, tan contrario al pensamiento retrogrado de Laureano Gómez como al revolucionario de Pablo Neruda”  (pág. 305).

Más adelante, el sambenito de Gabo contra el beligerante jefe conservador es palpable en muchos pasajes relacionados con el brusco asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en los momentos en que se celebraba la Novena Conferencia Panamericana en la Capital de la República:  “La ciudad había sido remozada a un costo descomunal bajo la estética pomposa del canciller Laureano Gómez, que en virtud de su cargo era el Presidente de la Conferencia”,  “Los políticos colombianos más eminentes fueron invitados de honor, con la única y significativa excepción de Jorge Eliécer Gaitán, eliminado sin duda por el veto muy significativo de Laureano Gómez” (pág. 334). “También Laureano Gómez se había refugiado allí desde las primeras horas y había sostenido conversaciones telefónicas con su Presidente, tratando de impedir que se negociara con los liberales una situación que él consideraba manejada por los comunistas” (pág. 346).

La injuria garciamarquiana sigue su curso con la intención de revivir el nefasto sectarismo partidista: “Tenía fama –Ospina Pérez- por su parsimonia y buena educación, en contraste con los estruendos de Laureano Gómez” (pág. 351), “Laureano Gómez, disgustado con la solución e inquieto por su seguridad personal viajó a Nueva York con su familia mientras se daban las condiciones para su anhelo eterno de ser presidente” (pág.  354). 

Con estas infamias, García Márquez descarga su vehemente odio contra Laureano Gómez, y se reafirma la disyuntiva que sobre este formidable personaje expresara, con muchísima objetividad, el poeta Guillermo Valencia: “El hombre tempestad a quien sólo se puede amar u odiar, que deslumbra y hiere como el relámpago y con el trueno de su voz hincha, colma y sacude las hordas oquedades del abismo”.

 

Eddie José Daniels García

Sobre el autor

Eddie José Dániels García

Eddie José Dániels García

Reflejos cotidianos

Eddie José Daniels García, Talaigua, Bolívar. Licenciado en Español y Literatura, UPTC, Tunja, Docente del Simón Araújo, Sincelejo y Catedrático, ensayista e Investigador universitario. Cultiva y ejerce pedagogía en la poesía clásica española, la historia de Colombia y regional, la pureza del lenguaje; es columnista, prologuista, conferencista y habitual líder en debates y charlas didácticas sobre la Literatura en la prensa, revistas y encuentros literarios y culturales en toda la Costa del caribe colombiano. Los escritos de Dániels García llaman la atención por la abundancia de hechos y apuntes históricos, políticos y literarios que plantea, sin complejidades innecesarias en su lenguaje claro y didáctico bien reconocido por la crítica estilística costeña, por su esencialidad en la acción y en la descripción de una humanidad y ambiente que destaca la propia vida regional.

1 Comentarios


luis eduardo 12-07-2019 07:42 PM

Eh, ¿no fue el Doctor Gómez el que dijo: "Nuestra raza proviene de mezcla de españoles, de indios y de negros. Los dos últimos caudales de herencia son estigmas de completa inferioridad. Es en lo que hayamos podido heredar del espíritu español donde debemos buscar las líneas directrices del carácter colombiano contemporáneo"?

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