Opinión

Telesur, el canal de la dictadura

Brayan Buelvas Cervantes

04/12/2018 - 21:45

 

Telesur, el canal de la dictadura
Fachada del edificio de Telesur en Caracas / Foto: Ciudad CCS

Telesur es un canal multiestatal venezolano con sede en Caracas, posee una variedad de producciones que giran en relación a la política del país, sin embargo, todas estas poseen un sesgo ideológico fuertemente marcado, no se puede descartar la enorme calidad y capacidad investigativa de programas como The Empire Files, el cual es transmitido por este medio, a cargo de la periodista estadounidense Abby Martin.

Sin embargo, todo lo anterior es un círculo vicioso fútil, pues en una democracia los ciudadanos pueden quejarse o manifestarse ante escenarios que no sean de su agrado por diversas situaciones sociales, políticas o económicas, en ese orden, la Venezuela de hoy no necesita presentación, basta recordar las imágenes de millones de personas huyendo del país vecino a través de la frontera con Colombia, Ecuador, Perú o Brasil, muchos han “sobrevivido” gracias a la informalidad, la prostitución y el abuso al que se someten en trabajos varios para “subsistir” y poder mandar dinero a sus familiares que se quedan en el destrozado país.

Las personas que huyen son consideradas “traidores de la patria”, y este canal se ha encargado de forrar esas historias con documentales y producciones bien elaboradas, que no obedecen propiamente a la situación social y económica del país, el plato fuerte de este medio son las proyecciones en vivo de Nicolás Maduro donde sus aliados, ministros y demás funcionarios posan alrededor del mandatario a la mejor manera de Hugo Chávez que en otrora procuraba órdenes y saludos a los funcionarios estatales frente a la cámara.

Del resto, su parilla programática varia con programas sobre documentales históricos y de personajes notorios de la izquierda latinoamericana, transmisiones de noticias sobre avances médicos y alimenticios y demás programas de análisis político, es decir, actúan como una especie de panóptico global que mira a todos los ejes de noticias del mundo pero no se miran a sí mismos, como si no pasara nada…

Los migrantes, la hiperinflación, la alta violencia en la que se encuentra sumergida caracas y la miseria alimentaria del país rebosa, al igual que los problemas políticos pasan desapercibidos, desde la era del chavismo se estima que han cerrado más de 60 canales, asegura el periódico La Republica;[1] véanse el caso de NTN24 en 2014, posteriormente CNN en Español, luego TV Azteca, además de RCN y Caracol Televisión, de esta manera desde la época de Chávez, el presidente paternal de la Venezuela que muchos añoran y otros odian, se venía dando una censura progresiva que al día de hoy confirman las sospechas de que se avecinaba una dictadura.

Una sociedad que no acepta la crítica está encaminada hacia una visión férrea donde lo diferente merece ser eliminado, de modo que los gobiernos que tienen esta concepción usan la fuerza y la mordaza como instrumento de defensa y abuso, es decir, son antidemocráticos.     

Recientemente, la ONG Casla denunció 106 casos de tortura ante la OEA, se destaca que este año las víctimas fueron militares. De 65 personas, el 61.3% son militares; mientras que 41 (38.7%) son civiles.[2] En algún momento esto se veía venir, no sería positivo que se sepan más casos, pues es bien sabido que grupos paramilitares aliados al gobierno “merodean civilmente” ante cualquier “amenaza golpista” o cualquier expresión de inconformidad civil.

A pesar de las abusivas filas del CLAP y de la falta de medicamentos y desabastecimiento de suministros médicos; el “canal de la patria” no mira sus problemas internos que fluyen con facilidad en la agenda diaria de otros medios internacionales. Las protestas, los migrantes, la hiperinflación, la mendicidad en las ciudades venezolanas no son vistas ni siquiera por invitados de la talla de Enrique Dussel en este canal. Vale la pena decir que la dictadura venezolana acabó con las esperanzas de una izquierda latinoamericana democrática y éticamente visible, añadámosle el caso de Lula da Silva y los escándalos de Rafael Correa, entonces el paisaje es desalentador, pues la derecha más reaccionaria a la cabeza de Donald Trump, Uribe Vélez en Colombia y Jair Bolsonaro en Brasil aprovechan esta situación para generar miedos políticos a proyectos no excluyentes como el de AMLO en México que ya tiene sus primeros desacuerdos.

Telesur usa el silencio como un arma de doble filo, pues los medios son armas políticas, y en este caso tan peculiar, Telesur mira los problemas de la “nación” venezolana desde el exterior; el “imperialismo”, las mafias colombianas de contrabandistas y cambistas, los “ataques y conspiraciones” de la derecha colombiana en apoyo con la exiliada oposición venezolana, entre otros tópicos de la programada agenda de la dictadura junto a su mayor aliado, Telesur.  

En ese sentido, el silencio es mejor que los asomos. Este medio se limita a analizar los problemas internos para luego mirar el contexto internacional. Telesur hace lo contrario, mira desde afuera hacia adentro, victimizándose, buscando discordias ante una crisis que ya toca fondo en sus fuerzas militares, que son ni más ni menos que la base del poder y los límites entre el orden o la anarquía. En todo caso, los desacuerdos de las fuerzas militares de Venezuela se alejarán de los intereses políticos y girarán en torno a lo económico y la subsistencia ante esta crisis social y humanitaria que afecta al país hermano en todas sus capas sociales, el invento de los ataques imperialistas en alianza con naciones latinoamericanas cercanas, como lo quiere presentar Telesur y el gobierno, está perdiendo validez y Telesur no tendrá más estrategias para “informar” a un pueblo desilusionado. ¿Cuál será la próxima estrategia de Telesur para desinformar y mantener atado a una fórmula de gobierno que se resiste a caer? ¿Invitados especiales y analistas? O acaso ¿debe informar más sobre sus propios problemas sociales que son los que más le importan al país, en vez de victimizarse desde las falsas amenazas exteriores?

En suma, el miedo a unas elecciones soberanas y una idea utópica de desarrollo que nunca funcionó son los miedos a los que se ata la dictadura en cabeza de Nicolás Maduro, Diosdado Cabello y todos aquellos que. de alguna manera, tripulan un barco sin timón ni rumbo fijo.

El apoyo chino y ruso no es el mismo de la guerra fría, cuando por entonces, el comunismo soviético apoyaba económica, política, ideológica y militarmente a las naciones que se entregaban con devoción, ya que los bloques que fueron comunistas o del “segundo mundo” funcionan con suspicaces relaciones comerciales y no se limitan a los discursos políticos.

La dictadura que sobrevive en Venezuela subsiste gracias a aquellos que se beneficiaron de subsidios estales, por lo tanto, sus primeros simpatizantes y votantes se dejaron llevar por las pasiones políticas y se perdieron en el egoísmo producido por la supervivencia de un solo producto, el petróleo. Y hoy, aquella nostalgia disfrazada de rebeldía y antiimperialismo -que sobrevive en las obscenidades violentas y tiranas de un régimen que va en caída libre- se sostiene gracias a los medios, es decir mediante Telesur, el canal de la dictadura.  

 

Brayan David Buelvas Cervantes

 

Sobre el autor

Brayan Buelvas Cervantes

Brayan Buelvas Cervantes

Antagonismos

Estudiante de Historia de la Universidad del Atlántico. Cinefilo, antagonista, sigiloso, lobo y oveja; sensible amante de las artes en general, escribo sobre temas que van desde la politica hasta el arte, aprovecho las nimiedades coyunturales para opinar sobre lo ordinario y lo selecto. Facebook: Bryan Cervantes. 

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