Opinión

Pequeñas figuras de papel

Carolina Vásquez Araya

19/12/2018 - 06:30

 

Pequeñas figuras de papel

Me preguntan a veces por qué insisto en el tema de la niñez, habiendo otros tanto o más importantes en la agenda pública. Insisto, porque dudo de la existencia de una tarea más importante que poner en evidencia la situación dramática –y muchas veces trágica- vivida por millones de niñas, niños y adolescentes, aunque a algunas personas les parezca tediosa mi tozudez. Creo, con firme convicción, en la necesidad de seguir machacando sobre ese clavo herrumbroso, torcido e ineficaz a medio insertar en la agenda política y social. He reflexionado sobre ello para dar una respuesta, llegando a la conclusión de que, aunque las niñeces felices parecen ser ya un fenómeno en vías de extinción y tanta convención, tratado y predicamento sobre sus derechos no acaban de prender en la conciencia ni en las decisiones de las sociedades, nuestra obligación prioritaria es defenderlos y hacerlos valer.

Para demostrar cuánto abandono pesa sobre las nuevas generaciones basta dar un paseo por los medios de comunicación locales e internacionales, en donde las violaciones cometidas contra ese sector de la población se han convertido más en un relleno noticioso que en un tema toral de gran impacto. Su grotesca abundancia nos dice cuán poco hemos avanzado en el establecimiento de protocolos y procesos jurídicos y administrativos capaces de garantizar la seguridad y el goce de derechos para una de las franjas sociales más importantes en una nación. Niñas, niños y adolescentes forman, en nuestros países subdesarrollados, un enorme contingente de seres abandonados cuya vulnerabilidad natural los coloca en la mira de quien quiera explotarlos. De ese modo van cayendo en redes de trata, en pandillas, en prostitución, en matrimonios forzados y en abuso laboral con una facilidad pasmosa por no tener la voz, el conocimiento ni la autoridad para defenderse por sí solos.

Entonces, volvemos la mirada hacia las estructuras familiares e institucionales y comprobamos cuán débil es la red de protección de la niñez. Aquellos estamentos creados con el propósito de salvaguardar sus derechos han sido cooptados por sus propios enemigos: seres corruptos con poder suficiente para convertirlos en víctimas de un sistema de abusos legitimados a fuerza de privilegios, justicia manipulada para convertir la violación sexual o laboral en un delito menor, actos de intimidación contra cualquier intento de exigir castigo por esta clase de crímenes.

Los abusos contra la niñez comienzan cuando los adultos –padres, maestros, líderes espirituales- se creen con derecho de propiedad. De esa convicción y de un sistema patriarcal cuyo pilar fundamental es el abuso de poder, se desprende todo un abanico de oportunidades para hacer de niños y niñas víctimas propiciatorias para toda clase de vejámenes, convirtiéndolos en pequeñas figuras de papel clavadas sobre un muro de indiferencia colectiva. De ahí viene el afán de mantenerlos en la ignorancia negándoles el acceso al conocimiento y a la información, de ese modo viven amordazados desde temprano y sometidos a una autoridad ilegítima, sin posibilidad de escapatoria.

Nuestras sociedades han abandonado su misión fundamental debido, en parte, a esa cadena histórica de abuso contra los seres más vulnerables de las comunidades humanas. El sistema ilegítimo y perverso de cadenas de autoridad creadas para someter a grandes sectores de la población a las decisiones de un pequeño círculo de poder, debe ser destruido. De otro modo, el concepto mismo de sociedad continúa siendo una vil mentira.

Rompetexto: Se les mantiene en la ignorancia, así es más fácil explotarlos. 

 

Carolina Vásquez Araya

0 Comentarios


Escriba aquí su comentario

Le puede interesar

Mi amado país: ¡Aibmoloc!

Mi amado país: ¡Aibmoloc!

  Qué alegría, qué gozo sublime, qué sosiego me inunda cada mañana al despertar en este grandioso país. País en el que sobre...

Los que salieron del pueblo

Los que salieron del pueblo

Hace muchos años tomé la decisión de vivir en el pueblo donde nací, es decir, decidí no mudarme a la ciudad, a pesar de las múl...

Dos anécdotas políticas y una jaculatoria

Dos anécdotas políticas y una jaculatoria

Cuando todavía los ganadores en el proceso electoral celebran sus triunfos y empiezan a pensar en la conformación de sus gabine...

El negocio de la publicidad política

El negocio de la publicidad política

A la hora de hacer un balance del costo de las campañas y los topes permitidos por el gobierno, hay una gran diferencia en los núme...

Lo mejor del año que pasó

Lo mejor del año que pasó

Luego de un breve receso y unas merecidísimas pero muy cortas vacaciones, regreso con pilas recargadas y con más y mejores bríos a b...

Lo más leído

El origen de la palabra Macondo

Katherine Ríos | Literatura

Los mil y un ojos de Leandro

Henry Vergara Sagbini | Música y folclor

Dentistas y sacamuelas

Diógenes Armando Pino Ávila | Ocio y sociedad

La dinosaúrica costilla del Che

Alberto Muñoz Peñaloza | Opinión

Presente y futuro de Valledupar

Camilo Pinto Morón | Opinión

Síguenos

facebook twitter youtube