Opinión

El boliche cultural

Alberto Muñoz Peñaloza

27/02/2019 - 04:45

 

El boliche cultural
El Boliche en Valledupar / Foto: El Heraldo

Durante el tiempo anterior al voraz incendio que amenazó su integridad, y el posterior traslado al sitio de hoy, el mercado público de Valledupar era, común y corriente, pero, el punto de encuentro productivo, y transaccional, para garantizar la esencialidad alimentaria, promover otras formas comerciales y afianzar el arraigo social comarcal.

Una manzana urbana en la que, comercios, colmenas, ventorrillos y puestos de venta, constituyeron por muchos años el centro de interacción económica más importante. Con cuatro entradas, la de la quinta con catorce, hoy séptima con dieciocho, recibía desde la madrugada, hasta poco antes de la prima noche, a vendedores, compradores, bulteros, matarifes, pesadores, comerciantes, visitantes, sin que faltaran los “especialistas” en apropiarse de lo ajeno. La de la quinta con catorce era la mejor, la más concurrida, al frente había una bomba de gasolina y la agencia de transportes Bolivar, además de ser la ubicación del “hombre del sombrero, quien expendía la mejor avena de entonces con posibilidades de pastelitos, arepuelas y una que otra yardilla de “rellena”.

Por la 6A con 14, la variedad de frutas y verduras, locales más que foráneas, alegraba el día. Más adelante, por la 6A con 14A, diagonal a residencias colón, epicentro de retozos amatorios, postpagados y hasta fiados, poca venta había, pero al frente estaba La Cabaña, donde se conseguía carbón vegetal, leña de brasi, guandolo, pomada llanera, mentolito chino, chuchuhuaza y otras chucherias para el cambio y la vanidad, sin pista de retorno. Y la de la 14A con 5ª, era como un viaducto que llevaba al pabellón de carnes, donde perros callejeros pululaban. Dentro, había de todo: plátanos serranos, criollos, filos, guineos maduros y verdes, frutas y verduras, “el almacén de los pobres”, ventas de loza como la de Ñaño Pitre, zapateros remendones, víveres y abarrotes, guarapo de postín, como el de Gilberto.

Detrás del mercado, el barrio el carmen, vividero que fue llenándose de cachacos, que arribaron a Valledupar, huyéndole a la violencia y de bares, cantinas breves, piezas para vivir de las meretrices, y de alquiler temporal para “pasar el rato”. Buenas familias se ubicaron en el lugar y sufrieron por el estigma social pero unas se quedaron y otras emigraron. Cada año, con el emprendedor Valentín Quintero, más “wichos” y líderes del sector, convirtieron la celebración, religiosa y festiva, de la Virgen del Carmen, en acontecimiento comarcal, igual que la práctica del fútbol y las tardeadas sociales en el parquecito, que poco a poco fue alargándose, uniéndose a la fortuna de tener como habitantes, o como transeúntes habituales, a servidores de Telecom: Adalberto Marulanda, el secre, el inolvidable Monra, Pilode, entre otros y el gran Agustín “Tin” Uhia, quien dilapidó alegrías, ahogó afugias, acoquinó olvidos y humilló las dolencias del desamor en la flecha roja, donde era dable escuchar la música del momento y descorrer caricias furtivas antes que arribara el “carbrón”.

De igual manera el libertinaje ganó adeptos y alrededor del mercado, bares, cantinas y residentes, resultaron insuficientes por lo que, cuando se produjo el traslado del mercado, durante años, buena parte del espacio “libre”, sirvió de alojo a marihuaneros, basuqueros, pervertidos, dementes, habitantes de calle, “parejas” que evitaban pagar la pieza, y se instalaron en distintos puntos de la zona, los llamados puteaderos, ollas para la venta y el consumo miserable de basuco y demás, venta y consumo de churro, la versión letal del chirrinchi mezclado y proliferó la actividad delictiva.

Por los mismos años, en que Valledupar iniciaba su periplo histórico, como capital del nuevo Departamento del Cesar, en 1967, Willie Colón, quien había nacido el 28 de abril de 1950 en el condado del Bronx, New York, de padres puertorriqueños, y quien “desde muy temprano aprendió a discernir entre las imágenes y adjetivaciones despectivas que se vertían sobre la comunidad latina y la cruda realidad de los inmigrantes en la “Gran manzana” y de esa manera edificó su gestión artística en “un testimonio social vestido de sonoridad, cuyas letras narraron las incidencias de la marginalidad, el prejuicio y el desamparo de los inmigrantes”, se unió con el intrépido y novel cantante puertorriqueño Héctor Lavoe, y en seis años, de 1967 a 1973, produjeron nueve discos de larga duración, convirtiéndose en la banda más impactante con lo cual se catapultó la propuesta musical salsera.

El Bronx es un Condado del Estado de Nueva York, con más de un millón quinientos mil habitantes y, uno de los cinco distritos metropolitanos de la ciudad. Algunas zonas del Bronx, sobre todo las del sureste, han alcanzado un alto nivel de deterioro. Todo lo contrario de lo que sucede en Riverdale, situado junto al río Hudson, que presenta un paisaje de viviendas unifamiliares con jardines. Las tres visitas más importantes en el Bronx, son:

Bronx Zoo: el Bronx Zoo, el mayor parque zoológico de los Estados Unidos; el Estadio de los Yanquees, construido en 1923 y renovado en 1976 y el New York Botanical Garden, el paraíso de los amantes de la jardinería y el jardín botánico más importante del Estado de New York.

En Bogotá, desde esos años, en forma lenta pero segura fue deteriorándose una zona residencial que, en principio, era tranquila y convivencial, pero después del desmonte de la calle de El Cartucho, una calle del antiguo barrio Santa Inés, derivó en uno de los peores sitios con ausencia total de legalidad. Las cuadras del Bronx se ubican al sur occidente de la plaza de Los Mártires, en el tradicional barrio del Voto Nacional, en el sector histórico. Fue convertido en “olla gigante” para el expendio y consumo de estupefacientes, abuso de menores, prostitución y oleaje delincuencial en todas las modalidades, aberraciones, homicidios y lavado de activos. El 28 de mayo de 2016, recién posesionado el Alcalde Enrique Peñaloza y con la vallenata Maria Consuelo Araújo Castro, como secretaria distrital de integración social, el Bronx fue intervenido por más de 2500 hombres de la policía nacional y el ejército, con la participación de organismos de asistencia social. Tras el operativo se anunció el inicio de un proceso de renovación urbana del sector, que incluye demoliciones y otras iniciativas. Recientemente, el Alcalde Peñaloza, conjuntamente con el Presidente, Iván Duque Márquez, anunció una inversión de $225.863 millones para la renovación urbana de la antigua calle del Bronx y el antiguo Batallón de Reclutamiento, que abarca un área de 3,92 hectáreas. Se fortalecerá en la zona las actividades culturas y creativas así como la oferta educativa enfocada hacia la Economía Naranja y la generación de nuevos espacios para el encuentro de los jóvenes bogotanos.”

En nuestra ciudad, él área del “Boliche” contiene todavía algunas cantinas, prácticas de expendio y consumo de alucinógenos, “ollas” y otros inconvenientes regados por el Carmen, pese a los esfuerzos de habitantes de bien y líderes comunitarios, al apoyo de la policia nacional y de la alcaldía municipal, por sobre todo la estigmatizacion de una zona amplia, cercana a la galeria popular y barrios residenciales, pero también al sector de la margen derecha del río guatapuri. Redimirla es vital para la ciudad. Poco a poco se ha progresado.

En 2014, desde la Oficina de Cultura Municipal, realizamos un gran evento cultural, en el corazón del Boliche, para apoyar el trabajo social de la Alcaldia, el esfuerzo sostenido del Alcalde, Fredys Socarras Reales, la Oficina de Gestión Social, y otras sectoriales. En 2015, se organizaron jornadas exitosas de pintura infantil, presentaciones musicales y artísticas, sumándose al proceso materializado en el barrio El Carmen y los corcunvecinos.

En gracia del interés del Alcalde, Augusto Daniel Ramírez Uhia, plasmado en su plan de naranjizar la municipalidad y convertir a Valledupar en la ciudad Naranja de Colombia, un buen inicio para su materializacion sería pensar en áreas, como la del Boliche, para renovarlo, remozarlo y convertirlo, desde la acción masiva, en laboratorio social, cultural y deportivo,  que posibilite su transformación en mini distrito naranja orientado al arte y la cultura, lo cual lo dinamizará como atractivo turístico, con atractiva oferta gastronómica, ubicación de puntos de emprendimiento y trabajo productivo en materia creativa: música, teatro, danza, recitales, biblioteca, moda, fabricación de acordeones y otros instrumento musicales, lutheria, comercialización y truque de libros, artistas plasticos, escritores y poetas, interactividad, para la exhibición y la comercialización de obras, en lo cual el SENA, la Academia a través de las universidades: Upc, Udes, UNAD, Ándina, Nacional y más, Uparsistem y otras instituciones técnicas, Idecesar, grupos e instituciones de apoyo social y el matrimonio institucional Gobernacion/Alcaldia, la empresa privada, fundaciones, creadores y gestores culturales. Los buenos resultados se extenderán a la “olla hirviente”, por la margen derecha del Guatapuri, que bulle silenciosa y cuyas consecuencias horadan la tranquilidad social, inestabilizan el soporte familiar y crean riesgos, previsibles pero desatendidos, para niños, niñas, jóvenes y adultos.

No obstante, el daño a las generaciones noveles es letal, como que incuba la violencia intrafamiliar que “nutre” los niveles delincuenciales, formas delictivas y obstruye el desarrollo de la ciudad. Es tiempo de pasar a soluciones contundentes y materializar anuncios que alientan pero que después de un tiempo, sin obras, desalientan y lastiman, porque el tiempo para jugar a “la lleva” ¡ya pasó!

 

Alberto Muñoz Peñaloza

Sobre el autor

Alberto Muñoz Peñaloza

Alberto Muñoz Peñaloza

Cosas del Valle

Alberto Muñoz Peñaloza (Valledupar). Es periodista y abogado. Desempeñó el cargo de director de la Casa de la Cultura de Valledupar y su columna “Cosas del Valle” nos abre una ventana sobre todas esas anécdotas que hacen de Valledupar una ciudad única.

@albertomunozpen

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