Opinión

Gotas de naranja, paliativo contra la pobreza

Diógenes Armando Pino Ávila

22/03/2019 - 05:00

 

Gotas de naranja, paliativo contra la pobreza

Parece ser que los factores clásicos de producción (tierra, capital y trabajo), ya no generan el progreso ni la riqueza que los pueblos necesitan para mantener el tren de vida que la modernidad exige, por tanto, el nivel de desarrollo de nuestros pueblos pasa por un largo estancamiento que requiere reactivación de nuevos renglones y formas de producción creativas, que permitan a nuestras gentes proveerse de los ingresos necesarios para la manutención personal y familiar, así mismo, tener la posibilidad de un ahorro que les permita, tener la seguridad de enfrentar pequeñas crisis económicas tan comunes en la sociedad y la economía de Colombia.

En una sociedad cambiante como la que nos ha tocado vivir, ya es necesario ir reemplazando el modelo mental con que concebimos las relaciones de trabajo, y más aún, pienso yo, la forma de ganarnos la vida, hay que pasar a lo que Juan José Goñi llamó la “Mentefactura” y seguido a éste cambio entender que los intangibles, el arte, la música, el teatro, las letras, en fin, toda la Cultura, son una excelente opción y posiblemente un renglón económico, aunque inexplorado en nuestro medio, no por ello, menos interesante. Hay que pensar y actuar, incursionando en nuevas formas de producción con base en el valor económico del talento humano y en la riqueza del patrimonio cultural de la humanidad.

Colombia, ya lo hemos dicho, es un país pluriétnico y multicultural, y por supuesto la costa Caribe colombiana también lo es. Esa pluriétnia ha hecho que los nativos de estos lugares tengan una capacidad inventiva que se recrea a diario en muestras artesanales, cantos, bailes, costumbres, dichos y decires que hacen de nuestras gentes, un pueblo con un magín activo y dado a manifestar con entusiasmo y creatividad, una serie de productos con que sobrellevaban su devenir diario bajo la canícula infernal de éste sol de plomo derretido que día a día nos da la vida.

Esa actividad creativa de nuestras gentes, sobre todo la que nos vino por herencia de nuestros mayores, se ha venido diluyendo con el paso del tiempo y la incursión de formas culturales foráneas, que las nuevas tecnologías nos han traído, y que por no haber el estudio de estas formas identitarias, las nuevas generaciones las desprecian por ignorancia, pues en la mayoría de los casos las juventudes persiguen un gusto estético foráneo, abandonando el gusto estésico que tenían nuestros mayores de querer, de gustar y de hacer lo nuestro porque era lo propio, lo terrígena, lo que nos enseñaron nuestros mayores.

Nuestros abuelos, aun siendo iletrados, sabían que lo propio, lo nuestro, tenía y tiene un valor intrínseco, porque era parte de sus vidas, de su historia y que estaba y está imbuido por el espíritu de sus ancestros. Hay que retomar ese gusto estésico por lo propio, incentivar a las nuevas generaciones por comprenderlo, por estudiarlo, por perpetuarlo y difundirlo. Para que se de esa apropiación de lo vernáculo, de lo terrígena, de las formas tradicionales de realización de artesanías, del canto, del baile y demás formas culturales vernáculas, identitarias de nuestros pueblos, se hace necesaria la inversión estatal de recursos que propicien la tarea de acercar a nuestras gentes hacia ellas y, sobre todo, que entiendan y palpen que estas prácticas abandonadas y a punto de borrarse del imaginario colectivo se pueden convertir en una fuente de recursos económicos que permita ingresos a las familias para mejorar su forma de vida.

Se requiere abrir los ojos a lo que el británico Jhon Hawkins, en el año 2001, llamó economía creativa que según él “es la aplicación específica de la economía que mediante el análisis económico explica las dinámicas de las artes, el patrimonio y las industrias culturales”, o sea, que el insumo primario es la creatividad. Y sabiendo que de este concepto se deriva el de economía naranja, el cual como tal se generalizó a partir del 2013, con la publicación del libro “Economía Naranja. Una oportunidad infinita” escrito por Felipe Buitrago Restrepo e Iván Duque Márquez, actual presidente de Colombia.

Es necesaria la creación, organización, documentación y legalización de empresas creativas en nuestros pueblos, para ello es necesario que los alcaldes, gobernadores y sectoriales específicas pongan en marcha planes y recursos necesarios para impulsar dichas empresas. Así se podrá potenciar la creatividad productiva a través de proyectos y recursos y mediante la asesoría debida a nuestras gentes se podrá acceder a los recursos estatales que la nación brinda para éste sector, si es que de alguna manera lo dicho en el libro “Economía Naranja. Una oportunidad infinita” Iván Duque Márquez lo hace realidad en su gobierno.

 

Diógenes Armando Pino Ávila

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Sobre el autor

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Caletreando

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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