Opinión

Petróleo en la Plaza Mayor

Edgardo Mendoza

16/04/2019 - 04:50

 

Petróleo en la Plaza Mayor

 

Hace pocos días asistimos a la universidad del Área Andina, sede Valledupar, donde el experto economista Jaime Bonet expuso los distintos momentos en los 50 años de la economía del Cesar como ente autónomo territorial, con sus crisis, empresas y bonanzas. Presente en el acto, el Dr. Alfredo Araujo Castro dijo que el Cesar y La Guajira en los próximos 20 años serán potencia gasífera y de energía eólica a nivel nacional. Ambos personajes son vallenatos y expertos en cifras y minería, poseen el poder del conocimiento y, por ende, del poder y del secreto al mismo tiempo.

En plena Plaza Mayor de Valledupar, y ante el dolor causado por  la partida de la querida Polla  Monsalvo, en una conversación informal con Hernán Araujo Castro, el gerente del Fondo Ganaderos del Cesar propone cambiar el nombre de la organización que encabeza por el de “Perdedero del Cesar”, el verano interno así los tiene, sin fondos, incluso no descartan una Minga ante el gobierno, aprovechando los indios locales (también inteligentes y preparados, no caucanos)  para cerrar con vacas flacas la carretera, pero alerta a que ningún abigeato se camufle entre el famélico grupo de ovinos y provoque una masacre animal.

Los tres expertos referenciados guardaron el secreto de la plaza de su ciudad, hasta que a la mañana siguiente el alcalde vallenato soltó la perla, el presidente Duque le había confirmado: ¡En la Plaza Mayor hay petróleo!

Puede ser una analogía en los tiempos de economía cultural, pero los seguidores del alcalde no lo entienden, hay petróleo. Su palabra es la ley, como en la ranchera, al final el mandatario de los vallenatos es hombre de fe y la fe mueve montañas, y descubre petróleo. El Cesar recibe regalías del crudo en algunos municipios de sur, pero ahora con su capital petrolera, ya es cosa asombrosa. Con tantos venezolanos creyentes de María Lionza aquí, puede ser un milagro, la tierra sigue a sus hijos, hay causales científicas desconocidas, y el petróleo de Venezuela puede seguir a sus nacionales donde quiera que vayan.

Mientras un grupo de personajes retocan los últimos detalles del festival vallenato 52, otro grupo de naranjeros “cranean” cómo será la entrega los primeros premios de la nueva economía nuestra, con artistas y categorías preseleccionados, pero el petróleo de la plaza será trabajo del alcalde siguiente, el actual al menos, la deja marmolizada y eso ya es bastante, al menos como protección del oro negro local.

Pero no todo anda en duda. La Semana Santa ayudará a la reflexión de cosas, mientras muchos rezan descansando e invocan a sus santos y creencias, otros saborearemos cocteles caseros o globalizados, en pueblos, fincas y ciudades, mientras la mayoría olerán a incienso que desde enero crea humaredas por las calles vallenatas, la otra minoría bajo efectos de productos con uvas y manzanas o tal vez un Orange wine para estar a la moda, entonaremos:

Este aguardiente que me estoy tomando,

Para el guayabo que me está matando

Es otra juma que me estoy poniendo

Para el guayabo que me está esperando.

Ojalá esas disquisiciones prudenciales y juiciosas concreten en un acuerdo para pensar en las regalías de petróleo. Aquí alguna sabiduría en policromía aplicamos al respecto, tuvimos oro blanco con el algodón, oro verde con la marihuana, en oro negro no tenemos experiencia, pero prepararemos un futuro con oleoductos y refinerías. ¿Una Reficar vallenata?

Ahora en tiempo de elecciones y democracias otro circo abre sus puertas para la escogencia del nuevo rector de la Universidad Popular del Cesar que, por el momento, tiene más aspirantes a rectores que estudiantes. Algunos que ya lo fueron, ahora tienen la solución para la crisis que dejaron, algo que no logramos de entender…

Que renazca el optimismo. Celebremos. Estamos en la mejor época de la humanidad, hay suficientes alimentos, mueren más personas por accidentes de tránsito que por enfermedades, hay más muertes por obesidad que por hambrunas y no hay amenaza de guerra real entre naciones. Solo algunas escaramuzas políticas del país vecino para entretención de la prensa, pero al final nadie está dispuesto a disparar misiles, primero por el costo y segundo porque destruyen lo que ellos persiguen. Ojalá no se enteren de nuestro tesoro en la Plaza Mayor.

Algo bueno debe pasar, antes de despejar la nueva idea del buen samaritano ante los tres estudiantes que pasan, ven al pordiosero y sus lástimas, pero tienen prisa por llegar a la universidad, todos tienen religiones y formas de ayuda distintas, pero nadie lo hace. Ya en la clase discuten la manera de solucionarle, pero nadie se detuvo a hacerlo.

La Ciudad Naranja, ahora con capital petrolera, es una realidad que hace 50 años nadie pensaba, como cambian los tiempos. Ayer no lleva h, hoy sí, cómo cambian las cosas de un día para otro. Algo bueno está por venir, a esto le llaman esperanza. Para entonces ya no habrá guayabo.

 

Edgardo Mendoza Guerra

Tiro de chorro

Sobre el autor

Edgardo Mendoza

Edgardo Mendoza

Tiro de chorro

Edgardo Mendoza Guerra es Guajiro-Vallenato. Locutor de radio, comunicador social y abogado. Escritor de cuentos y poesías, profesor universitario, autor del libro Crónicas Vallenatas y tiene en impresión "50 Tiros de Chorro y siguen vivos", una selección de sus columnas en distintos medios. Trata de ser buena gente. Soltero. Creador de Alejo, una caricatura que apenas nace. Optimista, sentimental, poco iglesiero. Conversador vinícola.

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