Opinión

En la tierra del tuerto

Diógenes Armando Pino Ávila

05/07/2019 - 05:00

 

En la tierra del tuerto

 

Colombia es un país de tuertos. Sí, diez millones de ciudadanos ven y lloran por un solo ojo; pedían a gritos castigo y muerte para los guerrilleros con el argumento de que así y, solo así, se conseguía la paz, miraban por un solo ojo, mientras la guerrilla asesinaba, atentaba y desplazaba, fuerzas oscuras, también asesinaba, atentaba, desplazaba, expoliaba, masacraba y torturaba, sin que nunca, en ningún momento se dijeran nada sobre el particular.

Los medios de comunicación alentaban ese morbo, sembrando el odio con tesis tales como el «castrochavismo», el mamertismo, el izquierdismo, mientras que los agentes del Estado llegaban al culmen de la eficiencia en lo que la inteligencia militar se refiere, pues aún sonaba un tote, el mofle de algún vehículo estallaba, había un asesinato, una masacre, un atentado, automáticamente y al instante, ya tenían resuelto el caso aseverando que el culpable era la guerrilla de la FARC y en rueda de prensa, ministro de defensa, cúpula de las fuerzas militares y de policía, con suficiencia y orgullo mal disimulado, sostenían la tesis de culpabilidad de dicha guerrilla, la prensa hacía de caja de resonancia y diez millones de tuertos aplaudían.

En el momento en que la FARC firma la paz con el gobierno en La Habana los de un solo ojo comienzan una campaña llena de mentiras (lo dice el propio jefe de esa campaña), mezclaron el odio con la homofobia y de nuevo esgrimieron argumentos, ahora con grupos religiosos, donde prevenían que el país se iba a convertir en Sodoma o en Gomorra y sería gobernado por una legión de gais y del cielo vendría el castigo divino convirtiendo a nuestra patria en una pira humeante donde se asaría el pecado y los pecadores y, aquellos que eran indiferentes se convertirían en estatua de sal por su indiferencia. Ganó el NO.

El “Nido de ratas” fue a otro precio. Se refrendaron los acuerdos y la Corte le dio la bendición, desde entonces, los que ven por un solo ojo, enfilan baterías contra La JEP tratando de tumbarla o socavarle el piso de credibilidad ante la opinión pública. El punto álgido fue cuando esta Corte niega la extradición de Santrich porque la Fiscalía no entregó las pruebas, los tuertos lanzas truenos, rayos y centellas contra esa corte y desde el “Nido de ratas”, Procuraduría, Fiscalía y Gobierno emprenden una cruzada agresiva contra La JEP. Ese mismo día, el doctor NHMN dimite de su cargo como Fiscal por -según él- no soportar ese profundo dolor de patria.

Ese mismo día los colombianos asistimos a la pantomima más ridícula de la justicia colombiana, liberan al ciego (perdón lo sacan a la calle en una silla de ruedas), lo muestran al público, televisión presente e inmediatamente lo apresan de nuevo. Ese sainete craneado por NHMN obedecía a que, ahora sí, habían aparecidos las pruebas y mostraban un video sin voz donde, según ellos, el ciego negociaba, nada más y nada menos que la bobadita de diez toneladas de coca, con unos gringos de la DEA, en una casa custodiada por la policía colombiana y con cinco cámaras de video vigilancia.

Se levantaron las voces de siempre, los tuertos pedían extradición ya, las pruebas eran, según ellos, incontrovertibles. La JEP le pasa el balón a la Corte y ésta se toma su tiempo, no se deja impresionar por la premura y el afán sospechoso del gobierno, ni de los agitadores de odios que comandan a los tuertos, fija fecha de audiencia, en tanto el Consejo de Estado le mantiene la investidura al ciego y este entra desafiante a “Nido de ratas” y en un gesto tal vez impensado hace la V de la victoria y es interpretado por los congresistas y políticos de los tuertos como una burla a las víctimas y ahí van insultos y diatribas, boicot y retiros de sesiones como repudio en contra el ciego, este soporta estoicamente toda esa andanada y permanece inalterable.

A todas éstas, desde 2016 a la fecha, la cifra de más 710 líderes sociales asesinados es aterradora, y demás de 140 ex combatientes desmovilizados de la asesinados, indica un exterminio sistemático de quienes piensan diferente. Ante este sombrío panorama el ciego le echa tierra en los ojos a los tuertos y pone pies en polvorosa. Yo me pregunto: ¿El ciego Santrich debía esperar que lo mataran? ¿Debía poner tierra de por medio para salvaguardar su vida? Yo, personalmente, creo que la opción era ésta última, sin embargo, guardo la esperanza de que en cualquier momento aparezca en cualquier lugar del país y nos de la sorpresa de comparecer ante la Corte. No oculto mi deseo, solo por ver la cara de los tuertos llorando de piedra por un solo ojo.

 

Diógenes Armando Pino Ávila

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Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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