Opinión

El vendedor de ilusiones

Alberto Muñoz Peñaloza

17/07/2019 - 06:15

 

El vendedor de ilusiones

 

Grandes inventos, el indetenible avance de la ciencia, logros inestimables y conquistas amatorias, partieron siempre de ideas concebidas por la imaginación, recreándolas en la repetición mental y materializándolas a partir de la fuerza de creer, de confiar, de sembrar, esperar y concretar.

El queridísimo viejo Emiliano Zuleta Baquero tomó lo que era un problema en ese momento y a fuerza de creatividad lanzó un misil cantado, con la efectividad que los caracteriza, valiéndose del sufrimiento que les producía a los reclusos que pasaban por ella, situándolo en el famoso enfrentamiento con el también juglar, Lorenzo Morales, y derivó esto en La gota fría, extendida por el mundo “como verdolaga en playa”: “me lleva él o me lo llevo yo, pa’ que se acabe la vaina, ay Lorenzo a mí no me gana, porque no me da la gana”. Ahí mismo, en el núcleo de tan lacerante desafío, sembró las razones que esgrimíeron después para quererse tanto como buenos compadres, amigos y hermanos.

Después que Rafael Escalona popularizó ‘La casa en el aire’, el reconocido periodista varasblanquero y buen amigo, Crispin Rodriguez, presentó en la voz de Jorge Oñate, con los hermanos López, Bello castillo: “Voy hacer un pequeño esfuerzo porque un submarino voy a comprar, y me voy a explorar el mar un sitio divino me buscaré, bajos las rocas que al fondo hay, un bello castillo construiré, bonito lo voy a decorar, y a Mariaisodeli le llevaré; de celadores yo les pondré, las ballenas y los tiburones, al resto de peces encargaré, para que vigilen a los ladrones…”.

Mientras el gran Pablo Neruda pregonaba en su poemaEs en ti la ilusión de cada día, llegas como el rocío a las corolas, socavas el horizonte con tu ausencia, eternamente en fuga como la ola”, a trillones de sentimientos y milímetros, habiéndose trasladado desde su Villanueva natal a la fría capital, Rosendo Romero Ospino declaraba en versos, como ñapa del alijo recibido de su querida vieja Nuñe, que ahora enviaba como súplica de amor: “Las mejores ilusiones de mi vida son mis sueños de conquista en el campo de tu amor, para amarte ya tengo el alma de niño mis palabras de canciones y celoso el corazón, ya yo no contengo este amor en mi alma, tengo que cantarlo por consolación, serás melodía de noches calladas, porque hace unos meses te llevo en mi voz; un poema de parrandas tus cabellos, y tus ojos una luz de madrugada, tu sonrisa la gaviota que alza el vuelo, y tus labios mi pasión desenfrenada; por ti yo quiero más a Villanueva, allí naciste tú luna de abríl, allá en Chiriguaná nació la pena, que busca tus caricias conseguir; no brota más en flor, la primavera, que versos de mi alma, para ti”.

Jacinto Leonardo Vega, uno de los buenos compositores del país Vallenato, divaga sobre las dimensiones del cielo vallenato en la bellísima canción “Sobre las nubes”, en la interpretación de Poncho y Emiliano: “yo vi tus labios cantando amores, yo vi tus manos pintando flores, te vi soñar; que’ras paisaje de mar en calma, tú eres el equilibrio de un hombre, y ahora no estás; sería el hombre más contento si Dios, me permitiera volar sobre el mar, tan libre como las aves; iría silbándole al viento mi voz, cantando sobre las nubes mi amor, hasta poder alcanzarte; ay soñando vida cantando amores, me iría volando en busca de ti, sobre las nubes pintando flores, te siento cerca de mí”.

El hijo de la señora Hilda Suarez, Omar Geles con Alex Manga, van más lejos con el verso, por inspiración del sanjuanero Luis Egurrola: “mil corazones andan sin destino, almas inquietas que buscan amores, yo no he podido soñar tanto contigo, si están tan lejos de tus ilusiones; te quiero olvidar te voy a olvidar, del fondo de mi alma te voy a sacar, te recordaré yo te recordaré, como lo más bello que nunca alcancé…”.

Entonces, Joe Arroyo optó por ponerse a paz y salvo, hacer público parte del cuento ilusorio con que conquistó a su Mary de siempre: “Si yo tuviera un palacio y mil millones, a tus pies te los pondría, mi Mary; pero yo soy un cantante de ilusiones, solo canciones y amor te doy, mi Mary”.

La búsqueda del amor se compagina con el deseo de prosperar, habida cuenta que sin progreso no hay felicidad. Se busca crear una realidad exterior abundante en comodidades, éxito y conquistas que deriven en la obtención de amor y placer. Se lucha contra las circunstancias, pero se desatiende la realidad interior. Quieres verlo fuera, créalo dentro. Aspiras a fortalezas exteriores, crea primero y, fortalece, tu imperio interior. Sueña en grande, despercude la mente de pensamientos insanos, cómo estás llamado a limpiar siempre el jardín, apartar de este la hierba mala, regarlo con afecto y agua, enriquecerlo con el mejor abono: ¡la gratitud!

Soñar no cuesta nada se dijo siempre, es una manera idónea de encontrarse, consultarse y divisar lo que se quiere, supone trasegar caminos de realización y se queda en mera ilusión cuando se supone que al soñar ya se hizo. Gracias a soñadores inició el alcance de lo que hoy agrada, no obstante, es también por ellos, aunque en minoría, que el cambio climático se acentúa y lo peor se hace inminente.

Valledupar ha sido espacio vital para soñar, para hallar la forma de encontrar lo que se quiere. Unos promueven el trabajo duro, otros acuden a lo indebido y no pocos confían en la suerte como medio expedito para alcanzar lo que anhelan. Ahí es donde aparece él, ese ciclista empedernido que va por la calle con el maletín de la prosperidad en una mano mientras la otra ‘manubria’ con destreza.

Su papá, topógrafo de espléndido y utilísimo desempeño para el crecimiento ordenado de la ciudad en aquellos tiempos en los que fungió también con dedicación como geógrafo, agrimensor, cuando más se necesitó, hizo mucho por valledupar e instaló el ‘bohio’ familiar en la manigua urbana que entonces era el barrio Gaitan en proximidades del incipiente estadio de fútbol “Armando Maestre Pavajeau”. El muchacho trabajó en distintas entidades, entre otras Coldeportes, cuando la dirigió con acierto el hijo eponimo de Villanueva, José Manuel Aponte Martínez y luego el galán del Cerezo, Beltran “Tan” Rodriguez. Por puro afán de progreso, decidió cortarse la ‘coleta’ al mejor estilo taurino, en lo que lo acompañamos con entusiasmo y gratitud, algunos de sus amigos: don Hernando Morón Canales, el ‘mondongólogo’, y neurólogo reputadísimo después, Lubin Fredy Barranco Quiroz, entre los más.

No lo pensó dos veces, en procura de continuar sirviéndole a la humanidad, encontró en la venta de lotería la mejor manera de ayudar en la generación de recursos para la salud. Bien rápido armonizó tan noble propósito con su vocación argumentativa e incorporó a su discurso de venta la guianza certera del posible comprador por el sendero mental y emocional, ‘ganándose’ el premio mayor, ‘adentrándose’ de una buena vez en inversiones posibles, protección ante los avivatos que aparecerán planteándole negocios y, más, con recomendaciones de sano disfrute,  de paso, ofertándole sistemas inviolables de seguridad para la casa, el carro y el amor, si opta por recreos amatorios, no recomendables si se quiere preservar la nueva fortuna.

Clemente Carabali Serrat, la cuarta maravilla, ha contribuido a la plenitud de muchas y muchos que, gracias a su tesón, asesoría y conocimiento experiencial, consiguieron fortuna por la vía legal. Él, como Garcia Márquez, también se alquila para soñar. Hay que cuidar lo que se gana, plantea con convicción, de lo contrario todo se vuelve nada. “Mi primo Romualdo Brito, lo enseña en otro de los éxitos que le grabaron Poncho y Emiliano, La lotería: “yo tanto billete compré, que me gané el premio mayor, pero por cosas del amor, no nos pudimos entender, y así mi más grande ilusión, se volvió tristeza otra vez; que suerte la mía, que suerte tan mala, me saqué la lotería, y no he podío’ gozala….

Si no la protege bien, remata Clemente, otra opción será dársela a Poncho Zuleta, ¡pa’ que se la administre!

 

Alberto Muñoz Peñaloza

@albertomunozpen

 

Sobre el autor

Alberto Muñoz Peñaloza

Alberto Muñoz Peñaloza

Cosas del Valle

Alberto Muñoz Peñaloza (Valledupar). Es periodista y abogado. Desempeñó el cargo de director de la Casa de la Cultura de Valledupar y su columna “Cosas del Valle” nos abre una ventana sobre todas esas anécdotas que hacen de Valledupar una ciudad única.

@albertomunozpen

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