Opinión
Ojo a la Coca-Cola

Era 1974, estudiábamos en el internado del San Carlos en Cartagena. Vine a Valledupar con motivo de la Semana Santa y “Rio Crecido” ya en la calle. Estaba la droguería Salud, en la esquina de la 16B con carrera 8, a punto de caramelo, con la atención esmerada de Toño Gámez y los joacos en movimiento.
Fuimos con Clemente Carabali a saludar, encontrándonos con el tropelin. Joaquito no podía hablar de la emoción, ‘mucho saludazo me echaron en ‘Carmen Diaz’. Por pura coincidencia sonó en Ondas de Macondo, por el radio de Pablo. Fontanilla, preguntó, con voz recia, -¿Y en Aguas Negras quién manda? Zuleta contestó: el mayor, Atilio Alvarez Valencia. Otra vez Fontanilla, - ¿Y en los corazones, Poncho? Joaquito se adelantaba y gritaba: ¡Mi compadre Joaquín Ramírez! Se le dijo, dice es ¡mi compadre Joaquín Rodríguez! Todo el tiempo decía que no, ese saludo me lo manda Jorge Oñate porque él cada vez que pasa por aquí saluda y se lleva la mano al corazón, nuestros corazones, entienden…Pero el disco es de los Zuleta. “Si, pero el saludo me lo echa es Oñate”.
Dos años después, en el mismo lugar, vimos, en Joaquito a un muchacho bueno, tragándose una paleta de brea, con sabor a melaza salada como diría mi amigo Rodrigo Zalabata, cuando escuchó el nuevo saludo de Poncho, en “Fortuna y Desdicha, del maestro Sergio Moya Molina: compadre Joaquín Rodríguez, ¡ojo a la Coca-Cola! –“Ahora si me convencí, no es a mí al que saludan, porque Oñate sabe que a mí no me gustan las cocacolas, a mí me gusta es la mujer de fundamento”. Como dádiva reivindicatoria nos dio a Clemente y a mí un sobre de penetro, mientras entreabrió su compuerta ocular izquierda, y descorrió una lágrima de petróleo, desafiante de la ley de gravedad, cual plomada curricanada.
Desde entonces conocimos a un campesino, legítimo hermano de la comadre Rosa Jacoba, hijo del corregimiento “Los Corazones”, ligado al alma del zuletismo, al corazón de Poncho Zuleta, a la causa del Vallenato tradicional. Un hombre raizal, vital. Trabajador, emprendedor y luchador por los cuidados de la tierra, su productividad y el auge ganadero.
Hombres como él no nacen con frecuencia. Labriego por excelencia. Joaquín Rodríguez, partió a la eternidad. Se fue invicto, ganándole siempre a la adversidad. Se cumple ahora lo que planteó, en aquellos tiempos, el también ausente Armando Zabaleta: Joaquin Rodriguez a mí me acompaña, y por eso es que yo quiero invitarlo, que vaya conmigo donde Emiliano, y después pasamo’nde Toño Salas…
Alberto Muñoz Peñaloza
@albertomuñozpen
Sobre el autor
Alberto Muñoz Peñaloza
Cosas del Valle
Alberto Muñoz Peñaloza (Valledupar). Es periodista y abogado. Desempeñó el cargo de director de la Casa de la Cultura de Valledupar y su columna “Cosas del Valle” nos abre una ventana sobre todas esas anécdotas que hacen de Valledupar una ciudad única.
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