Opinión

Mientras se aclara el agua revuelta

Diógenes Armando Pino Ávila

01/11/2019 - 01:50

 

Mientras se aclara el agua revuelta

 

Recién pasó la contienda electoral, y como se dice coloquialmente, candidatos y líderes políticos dejaron hechos girones sus camisas. El ardor de la campaña enfrentó partidos, candidatos, lideres, familias y poblaciones enteras, en un ejercicio de ésta, aunque imperfecta democracia, democracia, al fin y al cabo, como la hemos conocido hasta ahora, con limitaciones, exclusiones y demás factores que imposibilitan el verdadero ejercicio de libertad ciudadana que permita al pueblo escoger libremente sus gobernantes.

Factores como la maquinaria de alcaldías, dineros oficiales, utilización de programas del Estado en favor de determinados candidatos, contratación de última hora, contratistas, apostadores de toda laya, que apuestan grandes sumas en ese juego de riesgo donde el apostador pierde si el candidato financiado pierde y si gana, el mismo apostador con su equipo jalona recursos y proyectos que se canalizan en su favor para retribuir el capital invertido. Otros apostadores no juegan al riesgo, sino sobre seguros financian a través de préstamos exigiendo como garantía escrituras y compraventas de bienes inmuebles que respalden su inversión, la que exigen de vuelta con altos intereses.

Otros financiadores son los contratistas que invierten sumas del porcentaje del CVY (Cómo voy yo) correspondiente al alcalde para perpetuar en continuidad su mandato tras su prohijado. En otros casos se inventan historias increíbles como la generación de empleos a montones y recogen listas de aspirantes con el compromiso de votar por el candidato para poder disfrutar de esos ingresos, en otros casos se ofrecieron casas por voto familiar y muchos incautos cayeron en ese juego maquiavélico de timadores profesionales.

En algunas localidades funcionó la maquinaria y la mentira y ganaron los candidatos que utilizaron dichas artimañas. El pueblo abrirá sus ojos a la realidad dentro de cuatro años y volverá a votar en las mismas circunstancias pues, la memoria colectiva se niega a recordar engaños y goza sufriendo la aventura de “esta vez no nos equivocamos”, y esperan pacientemente que se dé el milagro de haber acertado con el mejor, con el que cumplirá sus aspiraciones y sueños de un mejor vivir.

Hubo otros candidatos que se granjearon la confianza de un sector de su pueblo con un discurso de transparencia y no corrupción, en algunos casos triunfaron, mientras que en otros fueron derrotados estruendosamente por la maquinaria. También hubo otros que se granjearon la simpatía del pueblo por su humildad y sinceridad y la gente cansada del engaño y la prepotencia del candidato contrario y sus mentores, decidieron premiar con su voto al humilde que mostraba deseos e intenciones de servir a su pueblo. Sea lo que fuere, toda elección es un albur donde el electo puede cumplir o no lo prometido, de todas maneras, hay que dar un tiempo de espera para ver los resultados de su mandato y su gestión.

Mientras se daba la contienda entre candidatos, la caldera de las redes sociales hervía, los simpatizantes de ambos bandos se enfrentaban en una contienda caliente de agresiones, ofensas, acusaciones y amenazas que iban desde la simple bravuconada de gamín de barrio hasta la acusación irresponsable sobre supuestos actos de criminalidad, amenazas y rumores de atentados. En algunos seguidores surgió la negrura de sentimientos, soltaron sus demonios y trataron de hacer el mayor daño moral a sus supuestos enemigos, sin entender que el otro tenía el derecho a escoger al candidato que le diera la gana, y que, no necesariamente debía coincidir con el de él.

Hoy, cuatro días después de las justas electorales, comienza a decantarse el agua revuelta, algunos que ofendieron sienten en su interior el odio que ostentaron durante toda la campaña, otros han aceptado la derrota y han entendido que en el juego democrático hay vencedores y vencidos y comienzan a recomponer las relaciones rotas con sus vecinos y amigos. En algunos casos se toman los enfrentamientos como casos anecdóticos y son festejado con el gracejo costeño y la mamadera de gallo, que afortunadamente gozamos en el Caribe Colombiano, caso contrario esta corraleja, en que los políticos convierten a los pueblos, explotaría en actos de violencia y de barbarie.

Ya pasó todo, hay que aceptar la derrota con dignidad y la victoria con magnanimidad, hay que mostrar grandeza y equilibrio en la derrota y en la victoria, y, sobre todo, entender que lo que se avecina es un reto enorme para electo, tratar sacar adelanta a su pueblo. Debemos tomar conciencia que, si al electo le va mal, le va mal al pueblo como tal. Hay que rodear al ungido sea del grupo que sea y estar vigilantes como ciudadanos para que las cosas se hagan bien.

 

Diógenes Armando Pino Ávila

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Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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