Opinión

Luis Aguilera, in memoriam

Diógenes Armando Pino Ávila

08/11/2019 - 00:10

 

Luis Aguilera, in memoriam
El zurriago que le regaló Luis Aguilar a Diógenes Armando Pino Ávila

 

Hubiera preferido escribir en esta nota de viernes, cualquier otro tema (política, anécdotas de mi pueblo, costumbres, algo de sociología costeña, por mencionar algunos temas), pero la muerte, la inesperada Parca, como siempre, hace su presencia cuando menos la esperamos. Este miércoles, ésa que no atiende razones, la que inexorablemente escoge su víctima, tocó la puerta de mi entrañable amigo Luis Aguilera Díaz y sin atender los ruegos de amigos y familiares se lo llevó.

Conocía bien al Babi (así nos tratábamos), pienso que los ruegos fueron de amigos y familiares, pues conociendo como conocía de su orgullo, de su porte digno ante los avatares de la vida, no lo imagino rogando por unos días más de vida. Él murió como vivió con dignidad, sumido en sus resabios de hombre solitario y bondadoso, que ofrecía posada y alimento a sus amigos, que bridaba consejo a los jóvenes paisanos que visitaban su residencia. Jamás se quejó de situación alguna, por adversa que fuera, la enfrentaba con dignidad y con carácter, porque lo tenía este hombre claridoso que decía sus verdades sin temor y con pasión.

El Babi nació y creció siendo mi vecino, tal vez en la infancia no fuimos amigos, él estudiaba en colegio privado y yo en el público, pero siempre tuvimos un trato cordial y amable con él y su familia. Un día cualquiera decidieron cambiar de domicilio y se residenciaron en Valledupar, perdiendo su rastro y el de su familia. Años después llegó a Tamalameque encarretado con su trabajo de grado como Arquitecto de la Universidad Santo Tomás de Bucaramanga, buscaba referentes históricos de Tamalameque, en ese momento conversamos y recordamos a ese Tamalameque de nuestra infancia.

Después volvió y se radicó en nuestro pueblo en un apartamento pequeño y como siempre acogió en su vivienda a los amigos que estaban en mala situación. Me gustaba visitarlo, y convertimos su apartamento en un tertuliadero político, donde bebíamos astronómicas cantidades de café, acostados en las hamacas de su cuarto, mientras que otros contertulios se sentaban en los taburetes de cuero que servían de mobiliario. Le hicimos campaña a los dos primeros alcaldes de elección popular, contrató con el primero y con el segundo logramos que le nombraran de jefe de planeación. Yo fui el tercer alcalde popular y lo mantuve como secretario de planeación contando con su invaluable apoyo y conocimiento sobre los temas de diseño de proyectos y orientándome en lo que a contratación de obras se refería.

Su temperamento se volvió anecdótico en mi alcaldía, pues por cualquier desavenencia con sus subalternos y compañeros de trabajo, cogía sus rabietas y terminaba presentándome su carta de renuncia irrevocable. Yo que aprendí a comprenderlo y a quererlo como un hermano lo sobrellevaba, ordenándole a mi secretaria que abriera una carpeta y la rotulara “Renuncias de Luchito”. Un día o dos, después de sus renuncias lo visitaba, me acostaba en una hamaca y comenzaba a hablar con él de política y al cabo de media hora o una hora de charla me levantaba y como si no hubiera pasado nada le decía «Te espero en la oficina para que me revises unos planos», él solo me contestaba: «Luego te caigo». Así era siempre, me renunció como quince veces y siempre utilicé la misma fórmula para devolverlo a su puesto de trabajo.

Un día en que Babi había renunciado, lo visitó un amigo en común, Hugo Álvarez. Él le comentó que me acababa de renunciar, el amigo preocupado me visitó en la alcaldía y me preguntó por qué había renunciado Lucho. Me reí y Hugo extrañado me dijo que de qué me reía, como respuesta le dije a mi secretaria que trajera la carpeta, ella la trajo, Hugo Álvarez la abrió y comenzó a reírse al ver el cartapacio de renuncias archivadas. Hablamos largo rato y salió de la alcaldía camino al apartamento del Babi y le dijo: «Lucho, ve a trabajá, allá te está esperando Pino. Me mostró una carpeta donde hay como 15 renuncias tuyas». El Babi se encolerizó y respondió diciendo «Ahora si no vuelvo más», en efecto lo esperé por más de un mes, y por más que lo visité utilizando la misma fórmula no volvió.

El Babi o Babillo como nos llamábamos amistosamente, tenía unas aficiones raras, coleccionaba toallas de hoteles y moteles caros, las que sustraía subrepticiamente, solo por la aventura de sentir correr la adrenalina por su cuerpo, coleccionaba mezcladores de whisky de diferentes marcas, zurriagos ganaderos, películas de cartel, lapiceros de diferentes marcas, ropa abundante. Se acicalaba con su infaltable loción Johann María Farina y preparaba un café de sabor y aroma exquisito que preparaba el solo en la cocina de su casa en un ceremonial íntimo y religioso, con que nos atendía cuando íbamos de visita.

Lo perdí de vista por un tiempo y después supe de él, estaba de Secretario de Planeación en San Martín Cesar, más tarde fue diputado del Cesar y por último alcalde de mi pueblo. Con el Babi no había término medio, se era amigo o no se era, yo tuve la gran fortuna de ser su amigo, y a pesar de estar ideológicamente en orillas diametralmente opuestas, supimos poner a salvo esta amistad sincera que cultivamos por muchos años.

En esta última justa electoral, estuvimos apoyando al mismo candidato y como siempre apostamos fuerte, con ardor y pasión, por creer que nuestro prohijado era el que mejor garantía presentaba para nuestro pueblo. Él a su manera y yo desde la mía, aunamos esfuerzos e ideas para sacar adelante a nuestro candidato. La noche del sábado antes de elecciones me visitó en casa, hablamos largo rato sobre política, sobre proyectos, sobre el futuro de nuestro pueblo. Aproveché para agradecerle por el regalo que me había hecho una semana antes, un perrero de guayacán labrado artísticamente por los artesanos de Sampués Sucre, el cual colgué en uno de los estantes de mi biblioteca personal y donde permanecerá como homenaje a su persona, recordándome con su presencia que la política no debe tocar para nada la amistad y que si la toca debe ser para consolidarla.

Babillo, Dios te acoja en su santo reino.

 

Diógenes Armando Pino Ávila

@Tagoto

Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

@Tagoto

5 Comentarios


Carmen lozano 08-11-2019 11:44 AM

Excelente narracion.

Carlos Enrique Guerra surmay 08-11-2019 03:40 PM

Pocas personas saben y logran manejar lo que es amistad y política. También logre conocerlo y todo lo que narra es cierto. De eso gozo el en vida.. "Ademas de brindar siempre un cafecito o jugo, sin azúcar o bajo de azúcar mijo, porque yo no puedo con el dulce"

Elbert Araujo Daza 08-11-2019 08:29 PM

Excelente persona mi compadre Lucho.Cuando estuve encargando de alcalde de Tamalameque en 1987,recibí el afecto suyo y de su señora madre.Vivi los dos meses del encargo en su casa y era un excelente anfitrión. Después tuve el honor de ser su amigo por largos años y fue quién me diseñó la carátula de mi primer LP, en 1991, cuando grabara con Adalberto Ariño, una canción de amor y paz... La última vez que le vi, fue en la inauguración del festivallenato-2019,al lado de Ricardo Chagin. En 2004 me invitó a Cartagena, con gastos pagos, para que le amenizara el cumpleaños de su mamá y fue una inolvidable parranda, donde se desbordó en atenciones para sus amigos, porque era un ser muy especial. Que noticia tan triste recibí ayer cuando al mediodía alguien me comentó su partida y lo más confuso fue no tener noticias de donde era su velorio, porque nadie me daba razón y no pude despedirme de mi compadre...era el padrino de alfredito, mi hijo de Tamalameque...

MARTHA PATRICIA PEÑALOZA LOPEZ 08-11-2019 10:37 PM

Tal cual, de una sóla pieza. El buen trato su mayor virtud. Dios lo tenga en la gloria.

Nataly Stefany Aguilera Aponte 10-11-2019 11:55 AM

Que narración tan precisa de quien fue mi papá, siempre hubo amor y bondad para los que estaban en su vida. Padre amado vuela alto, siempre en nuestros corazones.

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