Opinión

¿Dónde estaban las manos limpias del personero?

Carlos Cesar Silva

14/11/2019 - 00:40

 

¿Dónde estaban las manos limpias del personero?
Alfonso Campo Martínez, personero de Valledupar / Foto: El Heraldo

Desde hace un año me comencé a preparar con el propósito de participar en el concurso de méritos para elegir al próximo personero de Valledupar. Leí mucho en la intimidad de mi habitación, desarrollé con mis amigos del Club Café Jurídico un plan de estudio y realicé varios simulacros virtuales del examen. Así que el pasado 8 de noviembre, después de haber estudiado a conciencia, fui al CASD a hacer la prueba de conocimiento, pero un presunto fraude obligó a la Universidad de la Costa (CUC) a suspender el proceso.

Después de que se presentara esta situación tan vergonzosa, salí del CASD con ganas de gritarle a Valledupar mi indignación por lo ocurrido. Sin embargo, rápidamente preferí cambiar de opción, no era razonable que le diera más importancia a la polémica que al argumento. De modo que me adentré en un estado de reflexión sobre la condición humana, la vida y el poder. Comprendí que estaba en riesgo el futuro personal y profesional de otro ser humano y que no podía seguir poniendo el dedo en la llaga.

No obstante, ahora que me encuentro más tranquilo y lucido, siento la enorme necesidad de contar lo que sucedió el pasado viernes en el CASD, pues muchas personas están tratando de construir su propia narrativa sobre los hechos, reduciendo los acontecimientos a un vídeo donde salgo haciéndole con vehemencia unos reclamos al personero Alfonso Campo Martínez.

Yo llegué a las ocho y cuarenta de la mañana al CASD. Aunque la prueba estaba programada para las nueve, los dos representantes de la CUC aparecieron a las nueve y quince. A esa hora todos los concursantes entramos al auditorio, hicimos una fila, mostramos la cédula a los delegados y pasamos a sentarnos en los pupitres. Cómo siempre he tenido la costumbre de recibir las clases y resolver los exámenes en los puestos de adelante, me ubiqué allí. El personero Alfonso Campo Martínez, con quien había tenido unos minutos antes una charla sobre su labor en materia de control disciplinario, se situó en los últimos puestos.

Desde mi posición miré hacia todos los lados y noté con cierta preocupación que no había presencia de la Procuraduría General de la Nación, a pesar de que el concursante José Jaime Padilla solicitó con anticipación dicho acompañamiento para garantizar el debido proceso y el respeto a la cadena de custodia. Además de los dos delegados (un hombre y una mujer), estaba el secretario del Concejo Armando Cuello Jiménez, quien a su vez es el supervisor del contrato con la CUC. Digámoslo así, ellos eran las únicas autoridades en el recinto.     

A continuación, los delegados nos pidieron que firmáramos y pusiéramos la huella en un listado de asistencia. Luego, el delegado de sexo masculino, quien era el que más hablaba, nos dijo que silenciáramos y pusiéramos los celulares en una mesa que estaba adelante. Algunos participantes se quejaron de esto, pero el delegado dijo que estaba siguiendo los pasos señalados en la resolución a través de la cual el Concejo convocó al concurso. Sin embargo, yo le expresé, mostrándole la mencionada normatividad, que estaba equivocado, que debíamos silenciar y guardar los celulares, pero no entregarlos al operador. Aún así, los concursantes, quizás desesperados porque estábamos atrasados más de una hora, decidimos ceder y pusimos los móviles en el lugar indicado por el representante de la CUC: creo que actuamos de buena fe.

Faltando unos quince minutos para las once de la mañana, los delegados nos entregaron los exámenes. Sin embargo, unos segundos antes de comenzar a resolverlos, el concursante Bladimir Flórez, quien estaba ubicado en la parte de atrás, se puso de pie y tomó la palabra: “Creo que es una falta de respeto con todos nosotros lo que está sucediendo —expresó con mucha tranquilidad y decencia—. Hay un concursante que tiene registradas las respuestas del examen en su mano y en su pierna”. Alarmados por semejante acusación, el resto de los participantes le pedimos a Bladimir que dijera de quien se trataba. Entonces él señaló con su dedo índice al actual personero.

Según manifestó el concursante William Herrera, quien también estaba en la parte del fondo, apenas Alfonso Campo Martínez oyó la denuncia en su contra se bajó la bota del jean y trató de limpiarse la mano. Cómo yo estaba en los puestos de adelante —repito—, no alcancé a presenciar esta acción, ni tampoco pude ver las respuestas que presuntamente el personero tenía registradas en la mano y en la pierna, pero si observé que su rostro se palideció y que su habitual firmeza se volvió nada ante la acusación de Bladimir.

Ante esta situación tan engorrosa y compleja, casi todos los concursantes nos limitamos a pedirle al personero que mostrara su mano y su pierna, pero él se rehusó invocando el principio de la buena fe y el respeto a la dignidad humana. Nadie se atrevió a tocarlo, ni a requisarlo. Queríamos resolver la situación, pero no había una autoridad en el auditorio que nos ayudara: no estaba la procuraduría, ni la policía. En ese momento se nos ocurrió rescatar nuestros celulares y grabar las primeras imágenes, pero las escenas claves de la historia ya habían transcurrido.

Al paso de unos minutos los representantes de la CUC decidieron suspender la prueba, permitiendo que en el ambiente quedara reinando la duda. Así las cosas, se fueron los delegados, la prensa fue llegando a tomar algunos testimonios y la mayoría de los concursantes comenzamos a abandonar el auditorio. En la salida del CASD el personero se encontró con varios colegas que estábamos hablando sobre lo sucedido. Cabizbajo y con un tono de voz suave, manifestó: “Presuman la buena fe”. A lo que respondí con vehemencia: “Necesitamos que nos garantices tú la buena fe… tú eres el personero, el defensor de los derechos humanos… Muéstranos, muéstranos”. He ahí el vídeo que se ha vuelto viral en las redes sociales.

Esas palabras que dije el viernes con enojo, hoy, que estoy más sereno, las corroboro. El mismo Alfonso Campo Martínez violó su derecho a la buena fe y a la presunción de inocencia al negarse a demostrar que sus manos estaban limpias y que no tenía nada que ocultar en su pierna. Él tuvo la oportunidad de comprobar en el acto que la acusación que le estaban haciendo era falsa. No, no tenía que desnudarse como muchos dicen, sólo debía mostrar la palma de su mano y subirse un poco la bota de su jean. Además, era su responsabilidad como personero actual, pues su obligación es garantizar el normal desarrollo de este concurso.

Campo Martínez pensó en su dignidad como concursante, pero no en su obligación como actual personero. Su deber era salvaguardar este proceso, más cuando era la única autoridad municipal en el auditorio y la duda recaía sobre él mismo. Debió demostrar de inmediato su honestidad para no sólo proteger a su persona, sino también para defender el derecho que tenemos los demás de acceder con transparencia a los cargos del Estado. Campo Martínez es una víctima de si mismo porque prefirió dejar que cayera un manto de duda sobre su honorabilidad y la transparencia del concurso antes que mostrar en el acto sus manos limpias.

Ahora bien, lo sucedido el viernes pasado sólo es un episodio lamentable que confirma las múltiples irregularidades que ha tenido este proceso: 

-Un concurso convocado por unos concejales inhabilitados.

-Hace cuatro años el concurso costó veinte millones de pesos. Ahora sólo costó dos millones de pesos.

-La CUC fue el cotizante, el único proponente y finalmente se quedó con el contrato.  

-La invitación para acceder a este contrato debía durar abierta veinticuatro horas y fue cerrada faltando una hora y media.

-El personero contrató el primero de noviembre a María Eugenia Suarez Cuello sobrina de Armando Cuello Jiménez, secretario del Concejo y supervisor del contrato con la CUC.

-En el cuadernillo de la prueba que entregó la CUC hay respuestas que vienen marcadas con una X.

-Aunque la resolución del Concejo dice que la prueba de conocimiento debe tener preguntas con respuestas múltiples, el examen entregado por la CUC no las tenía.

Bajo estas condiciones, resulta obvio que no existen las garantías suficientes para seguir participando en el concurso. Por lo tanto, he decidido no continuar metido en este embrollo que me genera un enorme desgaste emocional e intelectual. Le doy gracias infinitas a los amigos y a las amigas que de manera generosa me han expresado su apoyo. Mis convicciones siguen firmes, a Valledupar hay que mostrarle que nuestras manos están limpias. 

 

Carlos Cesar Silva

@ccsilva86

Sobre el autor

Carlos Cesar Silva

Carlos Cesar Silva

La curva

Carlos César Silva. Valledupar (Cesar) 22 de noviembre de 1986. Abogado de la Universidad Popular del Cesar, especialista y magister en Derecho Público de la Universidad del Norte. En el 2013 publicó en la web el libro de artículos Cine sin crispetas. Cuentos suyos han sido publicados en las revistas Puesto de Combate y Panorama Cultural. Miembro fundador del grupo artístico Jauría. Cocreador del bar cultural Tlön.

@ccsilva86

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