Opinión
Vamos a hacer una revolución cultural

Valledupar tiene un alto índice de desempleo, un transporte público desastroso, un servicio de agua con muchas falencias, un nivel educativo mediocre y unas condiciones de inseguridad que privilegian la muerte y que dan vergüenza con los visitantes. Así que considero que la solución a estos problemas es hacer una revolución cultural, implementando un plan de trabajo sistémico y realizable.
A Valledupar hay que convertirla en una ciudad que ofrezca servicios culturales durante todo el año. Para eso resulta esencial establecer una agenda cultural que no se reduzca al Festival Vallenato, ni al Evafé, ni al Festival de la Quinta, ni a los renacientes Carnavales, sino que incluya otros eventos: festival de literatura, de teatro, de cine, de danza, de artes plásticas. Es necesario fortalecer el Encuentro de Investigadores de Música Vallenata y revivir el Festival de Música Vallenata en Bandas y el Festival de Música de Acordeón (que organizaba Lolita Acosta). Se trata de crear una programación con dos o tres eventos por mes que atraigan a los colombianos, al mundo. Así Valledupar estará constantemente en movimiento, será más visitada por los turistas, permitiendo que los hoteles, los restaurantes, los cafés, los bares, las discotecas, los vendedores de artesanía y los taxistas puedan vender sus servicios.
Asimismo, hay que generar una infraestructura cultural. Valledupar requiere con urgencia un teatro, un museo contemporáneo, un museo de la música vallenata, un parque biblioteca en un lugar estratégico, un teleférico, más ciclo rutas, la recuperación del centro histórico y la culminación del Parque de la Leyenda Vallenata. También necesita murales y esculturas que llamen la atención del mundo del arte por su calidad. Mejor dicho, urgen sitios donde los turistas puedan tomarse una foto sin miedo a que los roben, donde puedan oír un cuento.
Para prevenir la drogadicción y la delincuencia debe acercarse a los jóvenes al mundo del arte a través de talleres de pintura, de danza, de literatura, de teatro, de fotografía, de cine. Igualmente, hay que impulsar, entre los artistas locales, como una forma de promover el desarrollo cultural del pueblo, las publicaciones de libros, las exposiciones de arte, los concursos, las becas para que estudien en otras partes del mundo y los intercambios con creadores de otros lugares.
Por supuesto, la clase política de Valledupar debe comprender que la cultura es un instrumento de transformación individual, social y económica. En ese sentido, la cultura debe tener un tratamiento transversal en la administración municipal, no de tercera como hace rato viene sucediendo. Para garantizar el desarrollo social de los vallenatos y la generación de más turismo, las distintas secretarias de despacho deben tener claro que la cultura es un medio, pero también es un fin. Sí, para poder mostrarle, en nuestra propia tierra, nuestras diferentes capacidades y creaciones a los visitantes de todo el mundo, toca mejorar la seguridad, el transporte público, el nivel de educación y la prestación de los servicios públicos domiciliarios.
Se trata, entonces, de articular de manera efectiva la infraestructura, los servicios y los programas culturales con todas las sectoriales de la administración municipal para conseguir la transformación estructural de Valledupar a partir de su esencia misma. Esto también exige una labor solidaria entre los entes públicos y las empresas privadas que fomentan la cultura y el conocimiento. Además, debemos aprovechar al máximo nuestras riquezas naturales, pues tenemos el potencial para afianzarnos como un foco de turismo sostenible. Vamos a convertir a Valledupar en una ciudad turística, educada, ecológica, amable, universal. Vamos a hacer una hermosa revolución cultural. Vamos Mello Castro, vamos. Este puede ser el norte que aún no le vemos a su gobierno.
Carlos César Silva
@ccsilva86
Sobre el autor
Carlos Cesar Silva
La curva
Carlos César Silva. Valledupar (Cesar) 22 de noviembre de 1986. Abogado de la Universidad Popular del Cesar, especialista y magister en Derecho Público de la Universidad del Norte. En el 2013 publicó en la web el libro de artículos Cine sin crispetas. Cuentos suyos han sido publicados en las revistas Puesto de Combate y Panorama Cultural. Miembro fundador del grupo artístico Jauría. Cocreador del bar cultural Tlön.
1 Comentarios
De acuerdo Carlos, transformar a esta ciudad indiferente en una ciudad que vuelque sus esfuerzos a generar espacios durante todo el año a los eventos culturales. de igual manera crear espacios físicos para disfrutar de la cultura, en vez de estatuas propongo que haya junto a un árbol un poema o párrafo de alguna obra literaria para detenernos y leer.
Le puede interesar
El paraco
Dos aspectos relevantes constituyen parte de la idiosincrasia vallenata, sus costumbres y comportamiento coloquial. Me refiero, sin dud...
¿Quiénes merecen homenajes?
Un colega y vecino periodístico en este medio, a quien admiro más de lo que él se imagina y con quien tenemos un almuerzo cantad...
Lo que ensombrece a la JEP
Desde su creación, este gran tribunal que surgió tras la firma de los acuerdos de paz de La Habana, entre el gobierno del entonce...
El Festival vallenato prende motores
En esta columna en varias oportunidades le he “dado madera” a los miembros de la Fundación del Festival de la Leyenda Vallen...
Las deudas del Festival
No sé si el Festival de la Leyenda Vallenata tenga deudas económicas actualmente, por eso en esta columna me voy a referir inicialm...










