Opinión

El permanente abuso de las palabras

Eddie José Dániels García

10/02/2020 - 04:35

 

El permanente abuso de las palabras

 

Con el llamativo título de esta columna quiero referirme directamente a los incontables errores que se cometen a diario en muchas palabras y expresiones, y que son comunes en personas de todos los estratos y niveles culturales.

El tema, por su prolijidad, me alcanzaría para escribir varios artículos, pero me limito a hacer énfasis en aquellos vicios expresivos más comunes, que pecan contra la corrección, la propiedad y la pureza del lenguaje. A pesar de que Colombia tiene fama y reconocimiento de ser el país hispanoamericano donde mejor se habla el español, y que Bogotá ha sido considerada la Meca del Castellano en América, en los últimos tiempos la defensa y el cultivo del idioma se han venido a menos y son infinitos los errores que pescamos frecuentemente en los diarios y en los programas radiales y televisivos. A esto se agrega la barbaridad de los medios de comunicación provincianos, que es donde más se exagera y se abusa de las palabras, se vulnera la legitimidad de los términos, se peca contra la concordancia y el régimen, y se acentúa el mal uso del lenguaje.

Estos vicios se han generalizado tanto que, inclusive, en las instituciones de educación superior –que es donde mejor se debe utilizar el idioma– y en entidades de alta jerarquía, encontramos frecuentes abusos de palabras y expresiones, repeticiones fastidiosas de vocablos y serias fallas en la redacción de sus escritos. Esto refleja la pobreza en la formación idiomática y el poco interés por el manejo de la lengua.

En la actualidad, las universidades tienen de moda los términos pregrado y posgrado, que en el fondo son inexactos. Los prefijos pre y pos significan antes y después de algo, esto quiere decir, que debe existir un grado aislado que no lleve ninguno de los prefijos. Lo mismo ocurre con el vocablo prerrequisito, el cual carece de valor semántico, pues equivaldría a lo que está antes del requisito. Asimismo, en varias disciplinas del conocimiento se juega alegremente con este prefijo y por eso lo encontramos diseminado en numerosas palabras, como: preoracional, presaberes, preprogramar, precondición, preoriginal y muchas otras, que sólo sirven para afear y enrarecer el idioma.

Actualmente, son muchas las universidades que tienen facultades de medicina y expiden a las mujeres el título de médicos. Apenas, hace algunos días me encontré con una exalumna del Instituto Simón Araújo, y cuando le pregunté qué había estudiado, con mucha naturalidad me respondió: “Soy médico de la Universidad de Cartagena”. En el acto le dije: “¿Y desde cuando eres hombre? ¿cuándo cambiaste de sexo?”. Sorprendida, me respondió: “¿Por qué me dice eso, profesor?”. Entonces, le aclaré: “Me acabas de decir que eres médico, y tú no eres hombre, eres mujer, por lo tanto, eres médica”. Como vemos, en varias universidades desconocen que todas las profesiones admiten normalmente el género femenino: abogada, ingeniera, licenciada, odontóloga, cirujana, médica, contadora, etc. Sucede que, como antiguamente sólo eran los hombres quienes tenían acceso a estas profesiones, prevaleció el género masculino. Y es natural, que apenas las mujeres comenzaron a ingresar a estas facultades y a obtener los mismos títulos, éstos deben expedirse en el género femenino.

También, en el habla popular, es común oír expresiones incorrectas, en las cuales se incluye el significado de los adjetivos que acompañan al nombre, sobretodo, cuando los calificativos se forman con el prefijo negativo: Esto sucede cuando enunciamos expresiones como estas: “Tiene varios libros inéditos que no se han publicado”, “Escribe unos párrafos ilegibles que no se pueden leer”, “Es una persona inaccesible que nunca se puede hablar con ella”, “Nos brindaron una sopa insípida que no tenía ningún sabor”, “Antes, el voto se hacía con tinta indeleble que no se podía borrar”, “Los pasajeros resultaron ilesos porque no sufrieron ningún daño en el accidente”, “Es una persona insensible que no siente nada por nadie”, “Los soldados estaban inermes, y como no tenían armas, fueron abatidos”, “Las piedras son materia inerte que no tienen vida”. Como podemos apreciar, en todos estos ejemplos, expresados con naturalidad por los hablantes, sobran los complementos, puesto que ellos corresponden a la significación de los adjetivos calificativos utilizados.

Estos errores también ocurren con otros adjetivos simples. Por ejemplo, en enunciados como: “Diomedes fue un cantante prolífico que tuvo muchos hijos”, “Es un terreno fértil que produce muchos frutos”, “Tuve un sueño reparador que me fortaleció bastante”, “Es un profesor ecuánime que no se altera nunca”, “Los invitados llegaron puntuales a la hora precisa”, “Consumen agua potable que se puede beber sin problemas”. En todos los ejemplos, los complementos cumplen un papel innecesario, pues repiten el significado de los adjetivos. Lo mismo sucede cuando escribimos Señor don, en los encabezamientos de las cartas, porque don es la forma apocopada del vocablo dominus, que en latín significa señor. Entonces, Señor don equivale a decir Señor señor. En la expresión “Ojalá, Dios quiera”, sobra el complemento y debemos decir simplemente Ojalá, porque ésta es una expresión de origen árabe que significa “quiera Dios”.  Asimismo, es incorrecto decir: “Fulano tiene mala ortografía”. Porque, si “ortografía” significa “escritura correcta de las palabras”, entonces equivale a decir: “Fulano tiene mala correcta escritura de las palabras”. Lo normal es “Fulano no tiene ortografía”, en caso negativo, y “Fulano tiene excelente ortografía”, en caso positivo.

Otro vicio que se ha puesto de moda en los últimos años, especialmente en épocas de elecciones, es el participio irregular del verbo elegir: electo(a). La norma gramatical, propuesta por la Real Academia Española de la Lengua establece que esta forma funciona exclusivamente como adjetivo, y sólo debe utilizarse en el período que media entre la elección del personaje y la fecha de la posesión. Entonces, en estos momentos, cuando ya todos los alcaldes y gobernadores están posesionados, no podemos enunciar: “El alcalde de Valledupar fue electo el 26 de octubre del año pasado”, “El presidente Duque resultó electo con diez millones de votos”, porque son expresiones incorrectas.  En todas las formas donde se utilice el verbo elegir, en cualquier tiempo, debe emplearse el participio regular elegido(a): “El año pasado fueron elegidos todos los alcaldes del país”, “Hoy será elegido el Fiscal General de la Nación”, “En noviembre será elegida la Reina Nacional de Belleza”, Los alcaldes elegidos el año pasado, ya están posesionados”.

Hasta el mismo Gabito, quien era un maestro del lenguaje, se dejó absorber por esta forma incorrecta y la utilizó con mucha tranquilidad en “El general en su laberinto”, una de sus novelas estelares, publicada en 1989. En la página 36, primera edición de la Editorial Oveja Negra, narra: “Don Joaquín Mosquera, primogénito de una casa ilustre de Popayán, había sido electo presidente de la república por decisión unánime”. Aquí, el insigne novelista debió escribir: “…había sido elegido presidente de la república”. Desde que leí la novela, apenas salió al mercado, percibí el error y me asaltó la curiosidad de saber por qué el maestro lo había cometido. A comienzos de siglo, cuando compró la Revista Cambio, y era el presidente del consejo editorial, abrió una columna que se titulaba “Gabo responde”, para satisfacer las preguntas que le formulaban los lectores, especialmente, quienes estaban suscritos a Cambio. Recuerdo que le envié una carta, anotándole éste y otros errores, que había pescado en sus obras, pero nunca respondió. Como recuerdo, hoy conservo, “Vivir para contarla” y “Memoria de mis putas tristes”, que fueron regaladas a los suscriptores de la Revista, autografiadas por el maestro.

Otro escollo gramatical, que tortura a los hablantes, es el uso correcto de los verbos irregulares, cuando son utilizados en la primera, segunda y tercera personas del singular.  Inflexiones como: “Yo no forzo a nadie para hacer tal cosa”, “Ese mecánico solda bien los trabajos”, “Tú forzas mucho a los estudiantes”, “Estos zapatos me apretan demasiado”, “Él arrenda un apartamento”, son incorrectas, porque las formas verbales están mal conjugadas. Estos verbos son irregulares, y, como tal, deben diptongar la vocal de la raíz, en este caso la “o” en “ue”, y la “e” en “ie”.  En Consecuencia, debemos decir: “Yo no fuerzo…”, “Ese mecánico suelda…”, “Tú fuerzas…”, “Estos zapatos me aprietan…”, “Él arrienda…” Y junto a estos verbos, hay otros que siguen el mismo modelo de conjugación. Los ejemplos más comunes son: amoblar, colgar, concertar, volcar, temblar, enterrar, etc. En todos debe hacerse la diptongación de la vocal. Un caso especial es el verbo templar, que no presenta la irregularidad, y decimos: “Yo templo la cuerda”.

Asimismo, las expresiones pleonásticas son muy frecuentes en el lenguaje periodístico y coloquial, y ellas obedecen a la escasa ilustración idiomática. Formas reiteradas como: prensa escrita, experiencia pasada, monopolio exclusivo, accidente fortuito, testigo presencial, erario público, concejo municipal, desenlace final, otra alternativa, divisa extranjera, eje central, cardumen de peces, alcalde municipal, etc. son incorrectos. En todas ellas sobra el adjetivo o el complemento, ya que éstos se encuentran inmersos en el significado del nombre. En las reuniones y asambleas, se hacen fastidiosas las expresiones: redondear la idea, ente acusador, a nivel de, por decir algo, por lo menos, y, por ende, abrir un espacio, casar la propuesta, en el marco de, en base a, poner de relieve, más sin embargo, resulta y acontece, etc. Estas expresiones malsonantes, son huecas e inconsistentes, y su única función es atentar contra la elegancia y la armonía del lenguaje.

De la misma manera, son visibles las impropiedades de muchas palabras, las cuales, por ignorancia, se emplean con un significado distinto del que tienen. Generalmente, se utilizan desapercibido por inadvertido, asequible por accesible, espaldarazo por traición, detentar por regentar, adolecer por carecer, mortandad por mortalidad, enervar por enfurecer, etc. En el lenguaje jurídico y en la expresión normal se emplean verbos inexistentes, corno judicializar, subvalorar, precluir, priorizar, aperturar, optimizar, direccionar, adiar, etc.  Y, comúnmente se abusa de muchos términos como: jerarquizar, avalar, datar, jalonar, implementar, atomizar, dilatar, liderar, auscultar, desfasar, soslayar, vocablos que, antes de enriquecer la expresión, no hacen más que acentuar la monotonía y pobreza del lenguaje. En conclusión, el abuso y el mal uso del lenguaje, debe exhortarnos a cultivar más el idioma y a buscar las mejores formas de expresión. Y esto sólo se alcanza con la dedicación y la lectura constante.

 

Eddie José Daniels García

Sobre el autor

Eddie José Dániels García

Eddie José Dániels García

Reflejos cotidianos

Eddie José Daniels García, Talaigua, Bolívar. Licenciado en Español y Literatura, UPTC, Tunja, Docente del Simón Araújo, Sincelejo y Catedrático, ensayista e Investigador universitario. Cultiva y ejerce pedagogía en la poesía clásica española, la historia de Colombia y regional, la pureza del lenguaje; es columnista, prologuista, conferencista y habitual líder en debates y charlas didácticas sobre la Literatura en la prensa, revistas y encuentros literarios y culturales en toda la Costa del caribe colombiano. Los escritos de Dániels García llaman la atención por la abundancia de hechos y apuntes históricos, políticos y literarios que plantea, sin complejidades innecesarias en su lenguaje claro y didáctico bien reconocido por la crítica estilística costeña, por su esencialidad en la acción y en la descripción de una humanidad y ambiente que destaca la propia vida regional.

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