Opinión

El país de las maravillas Vs el país real

Diógenes Armando Pino Ávila

14/02/2020 - 07:45

 

El país de las maravillas Vs el país real

 

Escuchando el tono altivo, de cabo tropero, que dio el presidente Duque diciendo “Colombia no para ante las amenazas de ningún grupo”, uno siente esa desazón de vivir en un país diferente al que vive el primer mandatario. Ver por las redes los pronunciamientos de los comandantes de policía y de las Fuerzas Armadas refiriéndose a planes de contingencia para defender la sociedad civil ajena al conflicto, lo lleva a uno a situar como indicador que defenderá la sociedad del país donde vive Duque y los comandantes de ejército y policía.

Cuando vemos los noticieros y titulares de periódicos nos enteramos de las noticias de ese país donde viven los empresarios, un país ideal, donde los médicos matan a la gente (me corregirán muchos, y acotarán “ladrones”, porque los ladrones en este país no son gentes), encontramos noticias de peleas del siglo, porque en ese país cada día se inventan una pela del siglo (Hassan vs Vicky), para entretener a las masas y evitar que se desboquen, y pasen las fronteras entre el país ideal y el país real.

En ese país del presidente y en esos medios de comunicación, no se dan paros ciudadanos, en ese país solo hay estudiantes vándalos que rayan las paredes y agreden a la policía (pero afortunadamente está el ESMAD que heroicamente los detiene en legítima defensa). En el país del mandatario y su cohorte de adulones (periodistas y medios), ningún niño duerme en la calle ni muere de hambre, aquí los niños son lo primero, asisten puntuales a colegios pagos, son llevados en coches particulares u oficiales, tienen seguros médicos, alimentación balanceada y como ñapa se les festejan los cumpleaños por lo alto incluyendo paseos en el avión presidencial para sus amigos y familiares.

En este país de maravilla, la cosa está tan buena que ya no hay que contratar empleados de tiempo completo y se hará por horas, y como si fuera poco se alargará la edad para pensión, pues es tan muelle la vida de sus ciudadanos que su salud ha mejorado substancialmente y se morirán de viejos después de los ochenta años, si es que mueren, pues el sistema de salud garantiza la inmortalidad. En este país ideal que pregonan en la prensa hay que reformar la legislación tributaria ya que los ricos pagan demasiados impuestos y los pobres quieren todo regalado, por eso se les trasladan los impuestos a esos pobres pedigüeños para que chupen.

En ese país de los Siete Enanitos, donde el mandadero le lleva saludos cortesanos a un rey de parte del Patrón, en este país donde la única muestra del presidente de manejar la cabeza la hace con un balón, donde el mandatario, funge como saltimbanquis bailando y haciendo juegos de magia con las cartas, el único problema que tienen es un tal “Maduro” que puede subvertir el orden de esa nación ideal, el que de mala leche está matando de hambre “los hermanos venezolanos” y, por lo tanto, hay que derrocarlo y a ser posible matarlo.

Ése no es el país del colombiano común, el país que vemos sentimos y sufrimos, es el de la Guajira donde los niños se mueren de hambre, es el del Chocó donde sus niños corren la misma trágica suerte de los wayuú, en este otro país, (el país real) llega el mismo saltimbanqui y reparte confites a los famélicos niños chocoanos mientras sus hijos y el de sus amiguis disfrutan de Panaca y sobrevuelan el país en avión presidencial con todos los gastos pagos por los que vivimos en este país moridero de pobres.

En el país real, el de los colombianos de a pie, la guerrilla hace paro armado y confina municipios enteros en El Cauca, Catatumbo y Chocó, por acá los maestros hacen paro para que les cumplan acuerdos pactados con un gobierno y se ven obligados a huir bajo amenaza de muerte, en este país, los pacientes mueren a las puertas de los hospitales por falta de atención médica y familias enteras arrastran sus miserias en las calles y semáforos tratando de sobrevivir de cualquier manera. En este moridero de pobres en que nos toca vivir la mayoría de los colombianos la gente se enracima en los buses y transporte público porque no hay suficientes medios para transportar a una ciudad creciente y desordenada como la mayoría de nuestras capitales.

En este país que nos toca sufrir, los jueces devuelven la tierra a los campesinos desplazados, pero los del otro país pagan a los bandidos de éste, para que los asesinen, es en este país donde caen como moscas, los civiles, soldados, policías y guerrilleros bajo el fuego demencial de una guerra sin sentido, impulsada desde ese país ideal en que vive el presidente.

Vivimos en un país de maravillas donde nos ofrecieron una economía naranja, pero la cambiaron astutamente por un ácido jugo de limón.

 

Diógenes Armando Pino Ávila

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Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

@Tagoto

1 Comentarios


Reynaldo Barrios 14-02-2020 11:09 AM

Mi querido amigo. Lo felicito por esa columna tan importante, donde está reflejando la situación realidad de este pais de mierda, como el alguna ocasión lo dijera García Marquez.

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